JuanRa Maldonado
Si Eduardo Galeano viviera no sé si cambiaría el nombre a su obra “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” ante la forma de en que el ser humano sobrevive en este mundo posmoderno.
En esta última semana he visto muchas publicaciones en redes sociales y me medios informativos nacionales e internacionales sobre el fenómeno “therian” (personas que se identifican, de forma parcial, psicológica o espiritual, con un animal no humano. Conste, no es algo nuevo, pero sí se ha vuelto tendencia en estos últimos días. Hasta he visto publicaciones de personas que se creen plantas.
Soy categórico en creer que no es solo una excentricidad digital, sino un síntoma cultural, esto valorado desde el punto que cuando una generación decide “involucionar” simbólicamente hacia lo animal, no está escapando de la realidad; está expresando el fracaso del modelo humano que vive y heredó.
Entre las noticias que he visto en medios nacionales destaca la del primer joven en El Salvador, Juan José, que asegura ser el primer therian en el país. Y así otros muchos casos parecidos a este. No creo que se trate de un teatro callejero ni una simple moda. Es una expresión de identidad apoyados por el algoritmo de TikTok que lo amplifica.
Me recuerdo que, en bachillerato, al hablar de la Teoría Evolucionista de Darwin, se plantea decía que el ser humano ha evolucionado de manera progresiva y lineal, es decir del mono al sapiens. Pareciera ser que en nuestros días hay una involución simbólica en la que algunos jóvenes renuncian al antropocéntrico moderno (centralidad en la persona) para reapropiarse del instinto primitivo. No creo que busque sobrevivencia; buscan pertenencia ante un sistema del cual se sienten excluidos y utilizados.
Por tanto, creo que en El Salvador esta moda no sea solo un capricho de adolescentes con wifi que han visto este tipo de videos en las redes sociales. Es un eco de un entorno de violencia vivido por el fenómeno de las pandillas y la educación y convivencia establecida en sus entornos.
¿Estamos ante una involución humana? No lo creo. Más bien es una crítica muda a lo que se vive en la sociedad del siglo XXI. Quizá no sea más que otro síntoma de este tiempo en donde ser humano duele tanto que muchos prefieren adoptar otra identidad antes que seguir cargando con la que les dieron. O quizá sea lo contrario: un intento desesperado de acordarse de algo antiguo, de cuando todavía no habíamos aprendido a avergonzarnos de tener instintos.



