Por Alonso Rosales.
Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha dado un giro sorprendente e inédito en su discurso en torno a la violencia de colonos israelíes en Cisjordania. El 19 de julio de 2025, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, calificó de “acto de terrorismo” un ataque perpetrado por colonos contra la iglesia cristiana de Taybeh, pidiendo que se persigan y condenen penalmente a los responsables. Esta crítica no es solo dura —es extraordinaria—, dado que proviene de un diplomático notablemente cercano al movimiento de los asentamientos.
Pocos días antes, Huckabee había descrito como “criminal y terrorista” la paliza que costó la vida al palestino-estadounidense Saif Musallet, quien fue agredido y muerto por colonos en Sinjil. La contundencia de sus palabras —en defensa de ciudadanos que él mismo dijo “sirvo” sin distinción religiosa o étnica— representa un claro señalamiento a Israel, algo tan inusual que trasciende el simple reproche diplomático
Este gesto se torna aún más llamativo considerando que, en enero, Trump revocó sanciones impuestas por la administración de Biden a grupos y personas vinculadas a la violencia de colonos. Es decir, el mismo gobierno que eliminó penalizaciones ahora exige con firmeza imputar por “terrorismo” a los perpetradores.
¿Por qué este cambio?
- Presión internacional y moralidad pública
La comunidad internacional, incluso dentro de círculos vinculados a la fe, ha elevado el tono de sus exigencias. El Papa León XIV, aunque no presionó directamente al gobierno de Trump por este caso específico, ha sido categórico en condenar formas de “nacionalismo excluyente” y ha demandado “romper muros” y poner fin a la humillación de los migrantes, Israel y Palestina incluidos Democracy Now. La dinámica global creciente de llamar a la justicia y a la rendición de cuentas, especialmente ante hechos violentos en lugares sagrados, ha generado un clima en el que Washington ya no puede mirar para otro lado. - Impacto político doméstico y derechos nacionales
La muerte de Saif Musallet, quien tenía doble nacionalidad, impulsó un clamor doméstico por justicia. Su familia, diputados y la comunidad musulmana-estadounidense han exigido acción en tribunales de EE.UU., argumentando que se debe proteger a todo ciudadano, sin importar su origen
¿Debería Trump detener la ofensiva en Gaza para aspirar al Nobel de la Paz?
Si Donald Trump desea legitimarse como ganador potencial del Premio Nobel de la Paz, tendría que tomar acciones mucho más audaces en Gaza: ordenar un alto el fuego inmediato, detener las operaciones militares y presionar al primer ministro Netanyahu para acabar con la ofensiva. De otro modo, cualquier gesto diplomático queda eclipsado por la magnitud de la crisis humanitaria, donde se estima que mas de 58000 palestinos han muerto y millones han quedado desarraigados
Lo que hace insólita esta condena estadounidense es el contexto: un diplomático aliado de Netanyahu definiendo como terrorismo la violencia de colonos que, hasta hace poco, se consideraba parte del conflicto “sui géneris” en Cisjordania. Trump, para aspirar a un reconocimiento como la paz, tendría que alinear su política con lo que exigen ahora voces globales (como el Vaticano), detener la ofensiva en Gaza y asumir una posición coherente: proteger todos los derechos civiles, incluidos los de los palestinos e israelíes por igual.
FUENTES; REUTERS, DW, THE GUARDIAN, FT.COM, VANITY FAIR.


