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viernes, 30 de julio del 2021

Hubo una vez un profesor-presidente

“Los profesores buscan argumentos para no trabajar”. Esta desafortunada frase del ministro de Economía chileno, Lucas Palacios, generó hace pocos días una gran polémica. En el contexto de la pandemia del Covid-19, el secretario de Estado expuso que los docentes buscan excusas para no volver a trabajar, escenario que promociona el gobierno desde el año pasado. A su vez, el colegio de Profesores solicita garantías tanto para ellos como para sus estudiantes, aduciendo además que el ingreso podría ser en un par de meses, ya que el número de contagios sigue siendo alto. Luego de la polvareda que levantó la declaración, fue el mismo ministro Palacios quien salió posteriormente a aclarar sus dichos, aseverando que, “no eran todos los docentes”. La explicación del titular de Economía fue a destiempo, pues el gremio de pedagogos ya había montado en cólera pidiendo su renuncia.

Si bien, este controvertido dicho se inscribe en uno más en la generosa lista de “errores no forzados” de ministros de Estado, dentro del gremio de profesores –quizá apelando a la memoria emotiva- se acordaron de una frase que marcó el devenir de los docentes en Chile a comienzos del siglo pasado: “Gobernar es educar”.  

En efecto, los docentes se acordaron que hace más de 80 años hubo un presidente de la República que fue profesor de Castellano y además abogado. Se trató del radical Pedro Aguirre Cerda (gobernó entre 1939 y 1941), quien hizo suya la frase “Gobernar es educar”, y estableció bajo el amparo de la coalición del Frente Popular chileno las bases para la educación en Chile. Como diputado y ministro de Justicia e Instrucción Pública, Aguirre Cerda impulsó la Ley de Educación Primaria Obligatoria que se promulgó en 1920.

Lo que llevó Aguirre Cerda a ejecutar fuertes políticas educativas, ya teniendo en sus manos la máxima magistratura, fue principalmente su propia experiencia.

Siendo un niño de origen humilde y campesino, llegó a ser uno de los profesionales más preparados del país en los albores del siglo pasado. Además de contar con dos profesiones, realizó estudios en las más prestigiosas universidades de Francia y Estados Unidos. Sus capacidades lo llevaron a ser presidente de la República cuando el cargo estaba reservado para la elite. Su propia vivencia le contribuyó para reconocer que era necesario sacar a la gente más humilde de las garras de la ignorancia, objetivo que podría ser alcanzado con más y mejor educación.

Pero, ¿qué hizo que este presidente sea tan recordado por los profesores? Además de instalar su idea discursiva ligada a la temática, priorizó cada uno de los eslabones de la cadena educativa. Para paliar el analfabetismo, creó cuatrocientas once escuelas primarias, lo que trajo consigo empleo para nuevos profesores. Creó escuelas nocturnas para las personas adultas, liceos técnicos profesionales, mejoró la remuneración a los docentes y los capacitó. Reabrió las Escuelas Normales que formaban pedagogos, y de las madres y padres de los estudiantes se ocupó a través de sus políticas sociales en red. Para Aguirre Cerda la educación debía ser: gratuita, única, obligatoria y laica.

El legado del maestro radical en educación es sustantivo, y lo que se pueda escribir es estas líneas no le haría justicia. No obstante lo anterior, Aguirre Cerda dejó un aporte simbólico ligado a relevar el estatus de un maestro dentro de la sociedad. Un profesor debía ser un agente valorado transversalmente, mientras que una biblioteca era fuente de riqueza al igual que un banco.

Probablemente Aguirre Cerda seguirá estando en el corazón y recuerdo de los casi de 250 mil profesores chilenos, más aún cuando se ponga en entredicho la vocación y compromiso de las personas que nos enseñaron a leer y a escribir.

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