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sábado, 24 de julio del 2021

Honduras: Explorando las Causas Raí­ces de la Migración

La focalización de lí­deres estratégicos en movimientos de justicia ambiental y social sugiere que la violencia en Honduras no es "violencia aleatoria de pandillas"

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Los muros, la seguridad y la extracción, se han convertido en los pilares de la polí­tica exterior de los Estados Unidos sobre la inmigración centroamericana. Diseñado supuestamente para detener la marea de la inmigración, la actual polí­tica estadounidense exacerba y crea activamente situaciones que impulsan a la migración. En parte, esto se debe a análisis equivocados de por qué los inmigrantes están llegando en el primer lugar.

Las principales explicaciones apuntan a un cí­rculo vicioso de subdesarrollo económico y la violencia de pandillas como las principales causas de la migración. En diciembre pasado, formé parte de una delegación a Honduras que buscaba descubrir las "causas raí­ces" de la migración. Sorprendentemente, cuando nos reunimos con comunidades indí­genas, campesinos, trabajadores de maquila, lí­deres de iglesias, activistas de derechos humanos y deportados regresados, pocos mencionaron pandillas o subdesarrollo en absoluto. En cambio, los temas recurrentes fueron la rampante privatización de los recursos públicos facilitada por la corrupción polí­tica, impuesta a través de la militarización del paí­s y la criminalización con impunidad de todos los que disienten.

Comunidades muy dispares dentro de Honduras dieron testimonios sorprendentemente similares. Los Garí­funas, un pueblo indí­gena de la costa atlántica, están luchando contra un resort turí­stico de cinco estrellas que busca desplazarlos de su hogar de más de 200 años; Los indí­genas Lenca en las tierras altas hondureñas están amenazados por represas hidroeléctricas y proyectos mineros que buscan desviar, consumir y contaminar los rí­os que sustentan sus medios de subsistencia; los campesinos del valle del Bajo Aguán enfrentan hostigamiento, desaparición y muerte a manos de grupos paramilitares y militares por exigir que los magnates de la plantación de palma africana devuelvan sus tierras ilegalmente robadas. Además, las protestas nacionales continúan contra la privatización de las carreteras principales del paí­s y la subsiguiente proliferación de peajes.

Estos casos representan manifestaciones distintas pero conectadas de un proyecto más amplio orientado hacia un modelo de desarrollo extractivista. Este modelo prioriza la privatización de más y más recursos públicos””energí­a, minerales, agua, tierra””que conducen a la consolidación de la riqueza para unos pocos y la pobreza para muchos. A menudo justificadas para combatir la violencia pandillera y a la corrupción, la seguridad es vital para este modelo, asegurando el acceso corporativo a recursos valiosos y oprimiendo y criminalizando a todos aquellos que resisten su desplazamiento forzado y su despojo. El año pasado, el organismo de control anti-corrupción Global Witness clasificó a Honduras como el paí­s más peligroso para un activista ambiental. Este tí­tulo ganó reconocimiento mundial con el asesinato de Berta Cáceres, reconocida internacionalmente como defensora de derechos humanos y lí­der indí­gena.

La focalización de lí­deres estratégicos en movimientos de justicia ambiental y social sugiere que la violencia en Honduras no es "violencia aleatoria de pandillas". Si bien las pandillas plantean serios problemas para la vida cotidiana, son permitidas por la corrupción, la impunidad y el mismo sistema económico que simultáneamente prioriza el crecimiento económico y despoja a Honduras de sus recursos, derechos y medios de subsistencia. A pesar de reconocer las diversas motivaciones de los hondureños que emigran al norte, es fundamental atender los fracasos polí­ticos y económicos más generales que impulsan la pobreza, la violencia y la inmigración. En consecuencia, cualquier análisis de la inmigración que se detiene con una crí­tica de las pandillas y sus llamados actos aleatorios de violencia cae presa de una representación demasiado superficial y engañosa de una realidad mucho más compleja.

(*) Estudiante de Doctorado en Estudios Ambientales en la Universidad de California, Santa Cruz y participante en la Delegación de "Causas Raí­ces de la Migración", diciembre de 2016. Para ver el informe completo:  www.taskforceamericas.org

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