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domingo, 05 de diciembre del 2021

Futuro infausto o modernización y desarrollo del Estado salvadoreño

Nayib Bukele se construyó una imagen del presidente que necesita El Salvador para castigar a quienes le fallaron y darle lo que necesita, por eso la mayoría del electorado le dio la asamblea que quería

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A pesar de sorprender una vez más a la opinión institucional del país, los salvadoreños premian la mejor retórica en las recientes elecciones de alcaldes y diputados. Al igual que en 1944 que derrotó a la dictadura del General Maximiliano Hernández Martínez, esta vez El Salvador consensuó darle el control de los tres poderes a un solo individuo.  Haciendo uso de lo que aprendió dirigiendo la publicidad del FMLN por más de una década, Nayib Bukele construyó una retórica que incluye todas las promesas que escucho de quienes lo dirigieron y su efecto en quienes creyeron dichas promesas, y la más importante, la aprendió de Joaquín Sabina, que “las mejores promesas son esas, que no hay que cumplir.”

Así es que, el presidente tiene la palabra.  Teniendo todo el poder para administrar un estado que no controla el 100% de su territorio, con más de un millón de pequeñas  y microempresas víctimas de la usura y la extorsión, y una tasa altísima de desempleo que no promete superarse, Nayib Bukele solo tiene una opción para no caer en el futuro infausto que le auguran sus detractores. La única y más viable de las alternativas es la modernización del estado, de acuerdo a las posibilidades que le permite la globalización y la concurrencia de los chinos y norteamericanos que le prometieron ayuda en su primer año en la presidencia. El control de los tres poderes del estado y la obediencia política que le han tendido a priori los poderes fácticos del país, le permite a Bukele modernizar el estado más allá de lo político que podría ir desde anular la remuneración a los partidos por su participación en elecciones hasta reducir el número de legisladores. Si sus aspiraciones de ser más que el presidente de un país tan pequeño como El Salvador, como dijera en Washington al inicio de su campaña, no puede darse el lujo de desperdiciar la oportunidad de desarrollar el país, hacerlo grande — ganó el apoyo del electorado.

¿Cómo lo logró? Además de castigar a los partidos de derecha e izquierda por su corrupción, Bukele hizo creer a la ciudadanía que haría mucho de lo que ARENA y FMLN no hicieron por el pueblo en 30 años. Su efectivo discurso, acompañado de atrevidas acciones, como “corregir” hechos históricos, cambiando nombre a la Brigada Domingo Monterrosa y el día de los Acuerdos de Paz, lo proyectaron como un líder fuerte, como para lidiar con los problemas de violencia que aquejan al país. Sus movidas intrépidas ignorando las críticas de la prensa, izquierda y derecha, abocándose abiertamente al gobierno de Estados Unidos y China, lo proyectaron como el presidente pragmático y no ideológico que el país necesita para gestionar inversión extranjera. El legado ignominioso de los últimos presidentes que terminaron en el exilio, la cárcel y el cementerio más la falta de liderazgo de su antecesor, le dieron ventaja de entrada. Aunque Bukele no fue a elección, la N de su rúbrica de aprobación a todos los candidatos de Nuevas Ideas fue la que les dio ventaja en estos comicios a los funcionarios electos.

Por supuesto que las promesas de Bukele no llegaron por sí solas a la palma de la mano de los votantes. Su millonaria inversión en publicidad que superó la del ex-presidente Tony Saca, cuya magia lo llevó al programa de Don Francisco, que alcanzó más de 300 millones de televidentes, y sus movidas claves de vendedora que obsequia la muestra de sus frutas, le dieron popularidad hasta para repartir entre sus candidatos a la Asamblea Legislativa y alcaldías municipales. El haber hecho un puente en menos de un mes, que resolvió un problema de transporte de unos seis mil salvadoreños olvidados, hizo creíble sus promesas de un tren, aeropuerto, universidades y otras obras de infraestructura en el país. Aunque muchas de sus promesas no vayan a pasar del video de su conceptualización, en la mente de muchos que lo votaron ya es obra concluida. Al igual que el ambicioso plan de dar una computadora a más de 1.2 millones de estudiantes y 53,000 docentes, pueda que no se cumpla, pero la muestra de 46,422 laptops fueron entregadas con mucha publicidad unos días antes de las elecciones.

Nayib Bukele se construyó una imagen del presidente que necesita El Salvador para castigar a quienes le fallaron y darle lo que necesita, por eso la mayoría del electorado le dio la asamblea que quería. Para eso paso por borrar a los fundadores del partido Nuevas Ideas, imponerles candidatos durante las elecciones internas, violar las reglas del juego que eran sagradas para quienes las pactaron en los Acuerdos de Paz, para turnarse en el poder, y usar al ejército, empleados y recursos públicos a su antojo, para hacer campaña.  Entiéndase o no, él pudo y puede ser eso por tener el apoyo popular, y eso el pueblo mismo lo ha llegado a aprender, lo cual es positivo a futuro. Ojala y adopte el erigirse en un pueblo poderoso para pedirle cuentas a Bukele y futuros mandatarios, cuando no le cumplan. 

Ha estado a la vista como Bukele ganó la presidencia y las elecciones de diputados y alcaldes. Lo que queda por verse es si se convertirá en un tirano, si va a hacer un buen gobierno y cumplirá sus promesas, con todo el poder que tiene. Porque de ahora en adelante no tendrá excusas para no ejecutar las obras que ha prometido. Su gobierno no puede ser el de desmantelar el estado y no reconstruirlo. No va ser fácil seguir gastando en defensa, seguridad y publicidad como durante este año y medio de gobierno y en su campaña.

Si bien es cierto que los gobiernos anteriores no han tenido que lidiar con niveles de pobreza que existen otros países debido a la inyección de remesas familiares que los salvadoreños envían a sus coterráneos para mantenerse y mejorar sus condiciones de vida, en El Salvador hay muchas familias sin empleo que dependen de la ayuda alimenticia que el gobierno de Bukele les ha estado proporcionando. El nivel de endeudamiento no solo compromete a El Salvador a gastar gran parte de su presupuesto en pagar intereses de la deuda pública, sino que limita su crédito para obtener nuevos fondos. Esto condiciona al presidente Bukele a depender de ayuda e inversión financiera internacional, y lo puede forzar a aumentar impuestos y reducir subsidios.  Para obtener la inversión extranjera y ayuda económica del hemisferio occidental, Nayib Bukele tendrá que estabilizar el país, lo cual pasa por una reconciliación nacional, apego a la ley, respeto a los derechos humanos y civiles, lo cual será muy difícil si aumenta impuestos y corta subsidios.

La única opción para Bukele es desarrollar el país, para atraer inversiones y turistas, generar empleo, y parar el éxodo de salvadoreños hacia Estados Unidos.  Muy difícilmente se convierta en un tirano exitoso. Más bien tendrá que ser muy inteligente e intentar muchas opciones, para no tener que reprimir y generar destierro y aislamiento internacional. Muchos estados conservadores se están modernizando para ponerse al día con el resto del mundo. La legislatura del Estado de Virginia, por ejemplo, ha legalizado la marihuana y anulado la pena de muerte, aprovechando que los demócratas controlan la legislatura y el ejecutivo poderes. Cuba reconoció la propiedad privada, la inversión extranjera y más amplitud en derechos humanos. Bukele quizá pueda incorporar a las pandillas a la vida civil, como hizo ARENA con los alzados en armas considerados terroristas, en 1992, o devolver el poder sobre su cuerpo a las mujeres salvadoreñas.   

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Mauricio Alarcón
Columnista Contrapunto
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