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viernes, 3 julio 2026

ENTREVISTA: Ximena del Solar, la musa chilena del terror que habita entre la belleza y la oscuridad

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Por Zarko Pinkas.

Entre la penumbra de un set y la fragilidad de una lámpara encendida, Ximena del Solar ha construido su propio altar dentro del cine de horror latinoamericano. Actriz, performer y cómplice de directores como Lucio Rojas, su presencia es un conjuro de magnetismo y disciplina: una mezcla de intensidad emocional y serenidad intelectual que transforma cada escena en un ritual.
Desde Trauma hasta Perfidia, del dolor físico a la exploración estética del miedo, Del Solar se ha convertido en una figura única, capaz de transitar del espanto a la belleza sin perder el control de su mirada. En esta conversación, la actriz reflexiona sobre los límites del arte, los prejuicios que aún rondan el cuerpo femenino en el horror y la necesidad de un cine chileno que no tema mirar de frente a sus propios demonios.

Trayectoria y contexto personal

¿Cómo fueron tus primeros pasos dentro del cine de terror chileno?
No diría que completamente accidentados, porque claramente dependen de mi amistad con el director Lucio Rojas y nuestro vínculo. Antes de que cualquiera de nosotros diera un paso concreto en este rubro, siempre mantuvimos un interés compartido por el cine de terror como espectadores.

Ximena Claqueta. Foto: Natalia Belmar.

¿Qué te llevó a inclinarte por este género y no por otro tipo de cine?
Aunque tenga un claro gusto por el horror, no me niego en absoluto a abordar otras áreas y temáticas. Incluso he pensado que me encantaría participar en una buena comedia (algo mordaz e inteligente, si se me ofreciera tal oportunidad), pero los parajes psicológicos y visuales del mundo del horror me resultan súper atractivos desde que soy una infante. Me gusta la extravagancia, me gusta la posibilidad de cruzar límites morales y fronteras que normalmente nos están vedadas. Me atrae la posibilidad de hacerlo por medio del arte como herramienta. Espero que el arte sea mi medio y escudo para recorrer senderos extraños y luego regresar a mi vida, y que ojalá esta sea tranquila y sin sobresaltos.

¿Recuerdas cuál fue tu primer rodaje dentro del horror y qué te marcó de esa experiencia?
El primero fue un cortometraje llamado Fascinum (rodado el 2009). Era una especie de thriller psicológico, con una onda misteriosa, media cercana al giallo, que también sentó algo que se ha visto luego multiplicado por mil en Trauma: la semilla de mi naturalidad para abordar cierta inclinación lésbica. Yo lo recuerdo como una experiencia muy linda y la primera vez que me confiaron un proyecto para cine, es decir, una responsabilidad importante y asumida con todo el cariño y la disposición a aprender. Sigo enfrentando de la misma manera cada cosa que hago. Cada una, no importa si un rol grande o pequeño, es una oportunidad de aprendizaje.

Foto: Rafael Quintero.

A lo largo de los años, ¿cómo sientes que ha evolucionado tu forma de trabajar dentro del género?
Siento que tengo cada vez más disposición a lanzarme un poco al vacío, menos preocupada por la crítica externa, ya que con la mía propia creo que tengo bastante. No me considero una figura consolidada. Siento que no he podido hacer tanto como quisiera, ya que no es un área sencilla (me muevo en un circuito de cine independiente) y no empecé tan joven tampoco. Lo hice de manera más constante ya alrededor de los 35 años (tengo 45 en este momento).

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-Sobre el cine de terror en Chile y Latinoamérica

¿Cómo describirías el momento actual del cine de terror en Chile?
Diría que ha crecido muchísimo. Hay cada vez más variedad y nombres nuevos, así como profesionales que reconocen abiertamente que les encantaría poder participar en proyectos de este tipo. Lo que no me queda muy claro es si el público chileno está igualmente entusiasmado… yo diría que no tanto. La realidad comercial de nuestro tiempo es que el cine a veces resulta un poco caro y se apuesta por llenar las salas con grandes producciones que resultan más rentables. En nuestro continente es común conseguir los contenidos pirateados, así es que los espectadores llegan a las películas sin representar una ganancia efectiva para los productores pequeños o independientes. Siempre hay excepciones, pero a lo que voy es que, con este panorama, desde luego resulta difícil levantar industria.

Muñeco de ATERRADOS. Foto: Fabia Uset (Agentina).

¿Crees que el público chileno valora el cine de género o todavía lo ve como algo marginal?
Hay de todo: porciones que lo ven como algo marginal y otras que lo miran con respeto o, al menos, curiosidad e interés. Esto último es lo que más me toca ver en los ambientes en que me desenvuelvo fuera del mundo del cine. Es típico que alguien por ahí recuerde alguna película de terror que haya visto en la vida y le haya impactado, y me haga preguntas sobre cómo abordar ciertos contenidos. Se dan conversaciones muy interesantes y me doy cuenta de que soy percibida como una rareza (sin ánimo de crítica).

En comparación con otros países de la región, ¿cómo ves el desarrollo del terror latinoamericano?
Mira, he visto que en todos lados la gente de la industria se queja de recibir muy escaso apoyo de sus coterráneos. No sé a qué se debe específicamente, pero lo he oído infinidad de veces. Sin embargo, creo que, debido a las posibilidades de internet, está habiendo interés por conocer lo que se hace en otros países. Las redes sociales cumplen un rol de difusión enorme. Yo, honestamente, creo que gracias a festivales y medios mi trabajo se conoce más en circuitos fuera de Chile que en mi propio país. Son las ventajas de la tecnología y de lo rápido que se mueve la información. Hay que intentar navegar según la corriente que determinan los tiempos.

Noche de Ensayo .shortfilm. Foto: Omayra Ascui.

¿Qué factores crees que están impidiendo que el cine de terror chileno tenga mayor proyección internacional?
Salvo muy particulares excepciones, en Chile no se da apoyo estatal a proyectos de género porque no se los ve como algo culturalmente relevante. La mayor parte de lo que se produce se hace desde la independencia, y no es fácil conseguir los recursos. Hay que lanzarse a esto al estilo de Roger Corman: intentar producir con bajo coste y alto ingenio. Y no digo que eso sea malo, pero es difícil levantar una industria a partir de lo agotador que resulta este enfoque y experiencia para los que se atreven. Solo la gente muy apasionada se mantiene firme y constante en esta batalla, ya que, como señalaba anteriormente, luego la respuesta de las audiencias es tibia y no siempre genera rentabilidad a la producción de estos proyectos.

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Sobre su trabajo y visión del género

Has participado en películas como Trauma, Perfidia y Sendero. ¿Cuál de esas experiencias te ha dejado una huella más fuerte?
Para mí todas son importantes, pero tendría que destacar Trauma, sin duda, porque para mí esta película representa prácticamente una escuela. Es mi rol más grande en un largometraje hasta la fecha, y estuve vinculada a él desde la escritura del guion hasta que fue un producto completamente editado, ya que en cada una de esas etapas discutí el proyecto con su director (Lucio Rojas) y pude ofrecer mis recomendaciones y puntos de vista sobre el material. Además, tuve la hermosa oportunidad de viajar a muchos países para presentarlo en festivales, y eso enriqueció mi experiencia hasta límites nunca imaginados.

¿Qué tipo de personajes te interesa interpretar dentro del terror?
¡Todos! No me importa estar en el lado de las víctimas; de hecho, es un lado con el que me identifico con mayor facilidad, pero faltaría a la verdad si no reconociera que tengo la ambición de llegar a componer a una villana memorable algún día. Después de todo, son los villanos clásicos del cine los que me cautivaron cuando pequeña. Mi primer intento grande (y espero que no sea el último) será el de un personaje llamado Lereía, una especie de bruja que es la antagonista de una película de horror/fantasía que estrenaremos en 2026 y que rodamos en Argentina, cuyo título es Profanía.

Trauma. Ximena del Solar. Still 2.

¿Hay alguna escena o rodaje que recuerdes como especialmente intenso o difícil?
Sí, en Trauma. La escena que ocurre cuando el par de villanos entra en la casa de las cuatro chicas es brutal y se grabó a dos cámaras para poder disponer de variedad de planos para montaje. Lo interesante de esa escena fue que se grabó de manera muy teatral, de principio a fin, sin cortes ni repeticiones. El montaje la redujo a minutos, pero fue mucho más larga y todos nos mantuvimos en nuestros personajes. Fue una locura. Daniel Antivilo y Felipe Ríos estuvieron realmente atemorizantes y dementes. A nivel energético fue una locura, pero, una vez superado el desafío, me sentí muy orgullosa del trabajo en equipo y de haberlo logrado tan bien. Lloré un ratito después del corte, porque las emociones fueron muy intensas (dolor, impotencia, impacto emocional). Luego me ha pasado estar en salas de cine viendo la película y llegar a sentirme mal al notar el impacto que produce la escena en las audiencias (algunas son particularmente sensibles) y la escena es tremendamente cruda.

¿Qué desafíos enfrentan las actrices cuando trabajan en proyectos que exigen tanto física como emocionalmente?
Sobre ese punto, yo siempre digo: “son los gajes del oficio”. Hace un par de semanas grabé un cortometraje en el que una criatura invisible me tortura mientras me tiene atrapada en una silla de la que no me puedo levantar. Eso demandó que todo el acting de la agresión física dependiera 100% de mí misma, y la silla no era nada cómoda. El punto es que fueron varias horas grabando empujones, gritos, etc., y terminé con un montón de moretones, un dedo inflamado por un golpe y bastante dolor. Pasé luego tres días tomando ibuprofeno. El director se sentía mal por esas consecuencias, pero yo le explicaba que es parte de este trabajo, a veces someterse a un poquito de tormento físico en la búsqueda de realismo. Lo mismo ocurre con el trabajo emocional: es inevitable adentrarse en terrenos —a veces muy complejos (como el caso de Trauma)—, pero es parte de mi idea de desafío personal el conseguirlo. ¿Que si hay algo de masoquismo en esto? Tal vez, no lo sé. Me emociona la idea de escarbar, por medio del arte y el trabajo en equipo, en esas emociones difíciles. Es parte de lo que busco al internarme en esta área temática. Yo tengo la disposición a hacerlo, pero cada actor o actriz tendrá su enfoque personal al respecto, y también sus límites, por supuesto.

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-Sobre la industria y la imagen pública

MUA. ABIGAIL RUIZ. Foto: Natalia Belmar Olmos.

Trabajas también en performance y fotografía. ¿Cómo se conectan esas expresiones con tu trabajo en el cine?
Para mí son todas aristas de un mismo interés por la expresión y búsqueda de personajes.

El ambiente del horror chileno tiene un lado muy visual, incluso glamuroso. ¿Cómo manejas esa frontera entre el arte, el cuerpo y la estética del miedo?
No sabría decirte, creo que me cuesta definirlo porque llevo tanto tiempo dentro, de una u otra manera, que tal vez no logro percibir lo que otros ven desde fuera. He tenido un acercamiento a esta estética desde tan pequeña que todo mi acervo cultural está teñido de ella. Y aun así, no me podría definir como miembro de una tribu urbana ni nada parecido. Lo digo porque conozco a gente que sí es fácilmente reconocible como parte de alguna tribu cuyos gustos y preferencias quedan clarísimos con solo mirarlos, pero no creo que ese sea mi caso (no siempre, al menos).
Por otro lado —y esta idea creo que ya la he adelantado en otra pregunta más arriba—, creo que el cuerpo en el arte es un medio de trabajo, otro lienzo para representar. Hay temáticas que nos mueven más que otras y, dependiendo de eso, nos lanzamos con mayor o menor entusiasmo.

¿Te ha tocado enfrentar prejuicios o comentarios por el tipo de papeles o proyectos en los que participas?
En general no, no he tenido experiencias desagradables al respecto. Además, la sociedad chilena no es muy frontal para hacer críticas. Mira, un par de veces oí el comentario de que “la Ximena sale desnuda en todas sus películas” y sentí que había una pequeña crítica velada disfrazada de bromita. No me lo tomo como algo grave, pero tampoco me gusta. Como que siento que es una forma de restarle seriedad al resto de mi trabajo. En todo caso, ya te digo que tengo súper claro que uno no puede gustarle a todo el mundo, y está bien. Me ha tocado ver y leer críticas hacia algunos de mis trabajos (no a mí específicamente), y me ha molestado cuando he visto que se trata de análisis mal informados; pero si veo que hay una opinión bien fundamentada, un punto de vista legítimo —aunque difiera de las líneas generales de donde me he involucrado como actriz—, puedo llegar a estar incluso de acuerdo.

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PEDRO MARINELLO 2025.

Mirada hacia adelante

¿Qué proyectos te interesan hoy dentro del cine de terror o el arte performático?
Yo me muevo en una industria chiquita, un poco marginal. Mis posibilidades de elección no son gigantescas. Agradezco todas las oportunidades que llegan y, si me es posible, busco la manera de hacer mío cada proyecto, poniendo mi cuota de estilo personal.

¿Qué te gustaría que cambiara dentro de la escena chilena del género?
¡Justamente eso, que crezca! Y sin duda desarrollo ha habido durante estos últimos 25 años, desde que las primeras películas 100% orientadas a producir cine de género se realizaron en Chile. También creo que debemos encontrar nuestra voz en términos culturales y no reproducir códigos ajenos disociados de nuestra realidad. Ahí hay que encontrar un equilibrio.

Si tuvieras que definir en una frase lo que representa el terror para ti, ¿qué dirías?
Es una forma lúdica e intensa de escapar un rato de la realidad.

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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