Fernanda Peraza | El Salvador
Un día nos torcerán el buche,
aún así,
seguiré cantando.
Gozarán de nuestra carne
y presumirán de su alimento,
siendo nosotros
los más gordos del matadero.
Aun así,
aunque sé
de mi final,
seguiré entonando mis mañanitas,
esperando escaparme del machete.
Aun así,
aunque sé
que es suicida,
no decidí nacer con alas, madre.
Dentro de este mundo,
algunos seremos gallos, guacalchías,
cenzontles,
o seremos talapos confundidos
por torogoces,
malditos o bendecidos,
como tú quieras llamarle.
Fui cosechada con el disfraz de dos patas y dos manos para esculpir montañas.
Aun así,
aunque sea
cortado mi plumaje,
yo no me encachimbo.
Cantaré,
tallaré mi nombre en árboles,
pintaré lagos y cielos
con la sangre de mis verdugos,
escuchando ecos del filo de un verso.
Así me reuniré
entre gallos y cenzontles,
dejando a un lado mi piel
para volvernos uno con él.


