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martes, 18 de mayo del 2021

¿En qué momento se jodió el FMLN?

Ingenuo de mí, pensé que en los meses posteriores al último descalabro electoral del FMLN la intelectualidad salvadoreña y las fuerzas progresistas se dedicarían con celo y seriedad al esfuerzo colectivo de responder sin prejuicios a esta pregunta: ¿En qué momento se jodió el FMLN?

Es un error creer que la respuesta a esta interrogación es un asunto que solo compete a la descorazonada militancia efemelenista. No, señoras y señoras, estimado público, saber por qué y en qué momento se jodió el FMLN es algo que atañe a toda la izquierda, si esta, en sus proyectos futuros, no desea tropezar en las mismas piedras.

Derrotas electorales al margen, el FMLN parece ahora un partido desacreditado, decadente, sin ojos e incapaz de salvarse de la profunda postración en que hoy se encuentra ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Cómo? Déjenme decirles que si no desciframos los secretos, las causas de su extravío, dentro de algunos años terminaremos preguntándonos ¿En qué momento se jodió la izquierda salvadoreña?

Urge pergeñar las enseñanzas que porta la lección de esta caída, la lección de este fracaso histórico y no para buscar culpables sino que causas.

Algunos creen que todo empezó a pudrirse cuando la guerrilla decidió transformarse en partido político para intervenir en las elecciones. Para quienes defienden esta perspectiva, la pureza revolucionaria se refugia en las opciones extraelectorales. Rebobinemos, la guerrilla que tanto repudiaba el electoralismo no fue precisamente un ejemplo de pureza y democracia (Roque Dalton, Mélida Anaya Montes, etcétera). Las alternativas no electoreras también se pudren. Lo siento, Roque.

Otras y otros creen que el retorno al marxismo leninismo automáticamente nos salvará de la podredumbre política del reformismo. Proteger la alternativa para ellos significa apartarse del reformismo. Pero ahí está la historia que demuestra que el marxismo leninismo en manos de las elites de origen popular solo sirve para justificar y maquillar sus podredumbres (el estalinismo, la cúpula, etcétera, etcétera).

Dudo que el retorno al marxismo y el abandono de la lucha electoral sean las vías que garanticen que una izquierda futura no se convierta en una variante del FMLN actual. Por eso conviene acercar los ojos al libro de la caída histórica del FMLN para preguntarse en sus páginas una y otra vez cuáles han sido las causas de su derrumbe.

Yo no tengo una respuesta, pero intuyo que la caída del Frente es un fenómeno detrás del cual hay múltiples causas y no una sola. Una de ellas, posiblemente, sea la siguiente: para perpetuarse en el poder, la cúpula del FMLN a lo largo de la posguerra ha ido eliminando a quienes por su inteligencia y capacidad de liderazgo podían disputarle los puestos de dirección. Se aseguró el poder, pero a costa de ir perdiendo inteligencia organizativa. Se aseguró el poder, pero a costa de vaciar de contenido a la democracia interna como mecanismo de control y renovación de los cuadros. Ahora, esta organización, en su cima, se ha convertido en el claro ejemplo de una gerontocracia sin reflejos, desconectada de un gran segmento de la ciudadanía para el cual la guerra ya solo es un recuerdo de sus padres o sus abuelos.

Dentro del FMLN se formó una elite de origen “popular”, una elite que veía el libre juego de la democracia interna como una amenaza a esos privilegios que se había ganado con sacrificio durante la guerra. Para ella, aunque no se lo confesase a sí misma, los cargos de dirección eran un merecidísimo botín de guerra que no iban a compartir con advenedizos que no hubiesen sido combatientes de las FPL y el PC. Mauricio Funes fue una excepción tardía a esta regla no escrita (tema para una investigación). Otra regla no escrita para prosperar dentro de esta organización fue la de mostrar sumisión ante sus machos y hembras alfa.

Esta elite, esta cúpula que ya se había distanciado de sus bases, se integró en la vida parlamentaria “burguesa” con un profundo desconocimiento teórico de sus mecanismos alienantes. La cúpula pensó que utilizaría al parlamento en beneficio del pueblo, pero desconociendo que la gramática de la política burguesa podía tragársela convirtiendo a la antigua guerrilla en un componente más de la dominación oligárquica.

Cualquier izquierda futura se enfrentará al desafío de construir una democracia interna dotada con mecanismos que garanticen la libre discusión y que impidan que sea secuestrada por quienes sean sus padres fundadores. Cualquier izquierda futura tendrá que pensar en cuáles son los obstáculos objetivos y subjetivos que impiden construir esa democracia interna en una organización popular.

Tampoco se puede hacer política popular y democrática en un país como el nuestro si se desconocen cuáles son las pautas reales y oscuras que gobiernan las prácticas de los distintos agentes de nuestro “sistema político”, porque es tal la fuerza de atracción que ejerce ese sistema sobre sus agentes que resulta fácil extraviarse en sus agujeros negros.

Lamentablemente, para discutir seriamente sobre las razones del derrumbe del FMLN, habrá que sujetar a esos perros rabiosos que lleva dentro de sí la izquierda salvadoreña en su conjunto. Estos perros son metáforas de las cuales me valgo para referirme a esas pulsiones intolerantes que muestran los colmillos al que discrepa. Me refiero a que para debatir con lucidez sobre este asunto, para responder con profundidad a la pregunta de ¿En qué momento se jodió el FMLN? habrá que sujetar a nuestros sectarismos perros.

Álvaro Rivera Larios
Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto

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