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miércoles, 27 de octubre del 2021

En la Guerra, la Verdad se Convierte en un Arma de Dignidad

"La guerra contrainsurgente en Colombia ha tenido históricamente dimensiones inhumanas al mejor estilo de cualquier dictadura militar vista en Nuestra América del siglo pasado", dice Harley.

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La guerra contrainsurgente en Colombia ha tenido históricamente dimensiones inhumanas al mejor estilo de cualquier dictadura militar vista en Nuestra América del siglo pasado, la única diferencia aquí ha sido que quienes mandan a asesinar, desparecer y torturar usan traje de paño. El tratamiento inhumano vuelve a aparecer contra el movimiento insurgente en este mes de septiembre que acabó en el departamento del Chocó, con la vida del comandante Fabián del Frente de Guerra Occidental del Ejercito de Liberación Nacional.

Este grupo subversivo denuncia en un comunicado público de septiembre que el Estado colombiano hizo uso desproporcionado de explosivos en el bombardeo donde murió Fabián junto a otros miembros de esa organización guerrillera; pero el comunicado también denuncia la tergiversación de este acontecimiento al mencionar que el insurgente murió en un hospital de la ciudad de Cali días después del ataque aéreo, inundando de dudas la acción militar del gobierno colombiano. Por lo demás, el comunicado es explicito en las exigencias a la ONU y a la Cruz Roja (CR) sobre este acontecimiento de la guerra interna que vivimos.

Este nuevo episodio de la guerra insurgente, me recuerda episodios similares y sistemáticos en Vietnam, Nicaragua, Argelia, Palestina e incluso al pueblo Kurdo; lo común entre estos ejemplos es la desigualdad militar de los bandos enfrentados, por un lado unas Fuerzas Militares (FFMM) estatales cuyo aparato tecnológico y militar contiene una fuerza capaz de copar y arrasar territorios en cuestión de segundos, mientras que del lado adversario los recursos bélicos y humanos son precarios y nunca igualan la fuerza estatal, en vez de tener una fuente de financiación ilimitada (casi siempre gringa) se cuenta con creatividad, ingenio y austeridad para aprovechar cada recurso por mínimo que sea.

Por lo que es normal encontrar aviones y helicópteros fuertemente armados contra bombas tierra-aire lanzadas de forma artesanal, bombardeos que destruyen todo miles de metros alrededor contra ataques medidos y sin una destrucción comparable con una bomba de más de 100 libras.  Los ejemplos abundan en la historia de las luchas de liberación que al mejor estilo de David y Goliad es notoria el desequilibrio de fuerzas, sin embargo, del lado insurgente prevalece otros factores en común que voltean la balanza a su favor como el objetivo de transformación de las condiciones que obligaron el levantamiento armado, la convicción y determinación en los objetivos políticos que alientan la aplicación del derecho a la rebelión de los pueblos, como la capacidad de resistir un conflicto armado cuyos vejamenes podrían dar fe de la existencia del infierno. 

La duda también es un arma que prevalece en los acontecimientos, sobre todo del lado del más fuerte. Las preguntas alrededor de sus actos salen a la luz cuando sus víctimas logran sobrevivir, luego denuncian lo ocurrido y da la casualidad que esa versión contradice lo explicado en el comunicado oficial, minando la legitimidad de la institucionalidad involucrada antes, durante y después del enfrentamiento. Como el caso de Fabían donde se solicita sea el Comité internacional de la CR la que explique realmente que pasó en ese bombardeo hasta el momento de la confusa muerte del guerrillero y de quienes también murieron junto a él.

 La historia se encarga de dar la razón a las víctimas del régimen asesino cuando pasan muchos años o en el futuro inmediato cuando los esfuerzos por la verdad no decaen, las madres de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales son nuestro ejemplo, de la talla de las madres de la plaza de mayo. No obstante, el caso de los que mueren desde la orilla subversiva complejiza esa búsqueda de la verdad porque se enmarca en la dinámica de la guerra política, normatividad internacional sobre el conflicto armado y otros temas jurídicos que en el caso colombiano, ponen en riesgo la vida de quien decida abogar por el simple cumplimiento de esa normatividad para que la guerra se humanice, ya que a un Estado históricamente guerrerista no le conviene que se le haga veeduría a su forma de actuar en una confrontación armada.

De todos modos, el caso del comandante Fabián, Uriel, Santrich, Alfonso Cano, los miles de guerrilleros/as caídos en combate y a los y las desmovilizadas que confiando en un acuerdo de paz con el gobierno de turno, fueron traicionados con un tiro por la espalda, pudieron evitarse si la olirgarquía criolla hubiera dejado fluir el cauce de los intereses políticos del pueblo colombiano que ha querido desde su naturaleza popular una sociedad acorde a sus intereses, necesidades, valores, estructuras organizativas locales-nacionales. Por ahora mientras no finalice el conflicto social y armado, la búsqueda de la verdad también es un acto que combina el riesgo y la dignidad.

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Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto
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