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martes, 19 de octubre del 2021

En el reino del “ni es”

Dalton se propuso sacar a la lí­rica de su nicho aislado en la biblioteca para hacer que se contaminase con temas y palabras pertenecientes a otras zonas de esa férrea

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Me fui a la sección de polí­tica en un portal español del cual pueden bajarse libros gratis. Todo un banquete, vamos, de clásicos del marxismo. Que si Gramsci, que si Lenin, que si Engels, pero también Althusser y Lukács. Me recorrí­ todo el listado de las obras disponibles, bajándome textos a mansalva, hasta que di por sorpresa con “Un libro rojo para Lenin” de Roque Dalton. Me desconcertó ver ese extraño poemario ahí­, en medio de algunos clásicos del pensamiento marxista. Pero esa obra de Roque, aunque se colocara en la sección de poesí­a, seguirí­a provocando extrañeza porque algunos dirí­an que ni es poesí­a ni es pensamiento polí­tico. El “ni es” parece, por lo tanto, su lugar más apropiado.

Creo que Dalton era consiente de ese “ni es” porque a ese “ni es” también pertenecí­an sus “Historias prohibidas del pulgarcito” que ni eran historia ni eran poesí­a “estrictamente hablando”. Ese borrado de los lí­mites genéricos que separaban a los discursos del pensamiento, la historia y la lí­rica forma parte de la concepción que Dalton tení­a de la poesí­a. Ese “ni es” era/es un elemento turbador de su poética en la madurez. Si queremos darle un contenido a esa lí­rica que puede decirlo todo debemos tener en cuenta que esa amplitud de posibilidades se llevó por delante a esas fronteras discursivas harto tradicionales del poema en las cuales pastamos la mayorí­a de los poetas en el paí­s de los lagos y los volcanes.

El poeta no solo contrariaba al sistema y a la dictadura con su palabra insurrecta, también contrariaba con sus incómodos textos a las fronteras de una jerga lí­rica especializada, sacralizada y separada del heterogéneo universo de los otros lenguajes orales y escritos. Como creador, nuestro poeta se propuso sacar a la lí­rica de su nicho aislado en la biblioteca para hacer que se contaminase con temas y palabras pertenecientes a otras zonas de esa férrea y peculiar distribución que nuestra cultura establece entre saberes y artes, entre los textos imaginativos y contemplativos y los textos racionales y prácticos. La poesí­a que pretendí­a decirlo todo y que ambicionaba poetizar los actos y el mundo también saltaba por encima de algunas fronteras discursivas. Y ese atentar contra “cierta distribución de los discursos” todaví­a impugna las distinciones analí­ticas en que se apoya la mente de los creadores convencionales que no sabiendo a qué atenerse respecto a textos que se mueven entre varios géneros solo aciertan a decir que ni son historia ni son pensamiento ni son poesí­a ni son etcétera. Si algo se puede decir de estos cerebros aburridos y convencionalistas ““que a menudo pertenecen a poetas”“ es que la suya es una mentalidad aduanera que ni siquiera es crí­tica.

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Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto
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