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martes, 26 de octubre del 2021

El Sonajero de David

Sonajero es un poemario de David Juárez que está constituido por unas palabras introductorias escritas por el poeta y editor Otoniel Guevara. El proyecto editorial La Chifurnia publica esta propuesta poética; es decir, este sonajero que adquiere sentido como arrullo perturbando el ruido o, como estridencia que hiere el silencio.

La propuesta de este poemario en cuanto a la forma, se distancia de los convencionalismos de la poesí­a estructurada en versos y estrofas tradicionales. Es un juego juglaresco entrecruzado por imágenes del recuerdo infantil del poeta, repertorios recorridos y encontrados en un trance de silencio poético que lo quiere decir todo abruptamente.

El tú poético es el humo imaginario atrapado en el sonido suave de los cascabeles de algodón que atormentan el tiempo de las paredes y las estaciones. Es el yo poético que inunda la inmensidad del cuerpo de la palabra estructurada en versos desesperados que adquieren sentido en la anatomí­a femenina de espaldas, pieles, sudores y libaciones.

La propuesta de David Juárez reconoce en los elementos esenciales de las cosas simples, las formas cabales con las que conoció el mundo con las manos. Combina palabras intangibles con las formas cotidianas, produciendo imágenes y sinestesias propias de un exteriorismo fraccionado por la percepción surrealista del poeta.

El sonajero cuando no es de humo, ni tiene sonajas de algodón, permite escuchar, a manera de intertextos, las voces de Santiago Mutis y Juan Manuel Roca; así­ como los ecos de La Odisea, la sencillez de Odas elementales y algunas que otras expresiones de la cultura de masas.

Otros aspectos formales que intervienen en la lectura son, por ejemplo, la trasgresión heredada por los vanguardistas e iconoclastas que irrespetan la convención ortográfica, experimentan acoplamientos de palabras compuestas que producen un sentido práctico interesante, ponderando el movimiento del ritmo interno sobre la formalidad de los lugares comunes.

La exposición de argumentos como resultado de la construcción de nuevos sentidos permite reconocer una revaloración de temas universales resemantizados por el poeta Juárez. El tiempo y el espacio de los poemas se ahogan en la imaginación que adquiere caracterí­sticas propias en los versos que combinan la estridencia de la necesidad del grito sonajero, con la contemplación que se expresa por medio de las imágenes y las muecas del poeta que asume la personalidad del infante consolado por su mismo ruido interno que habla en los versos.

La voz poética alcanza su máxima expresión cuando el “chinchí­n” de las palabras de cristal del poeta, choca el cuerpo del objeto del deseo imaginario. La voz del sonajero es la vibración metálica del caucho en forma de juguete de niño que huye de sí­ mismo, cuando el tormento se convierte en una ráfaga poética estridente que nos habla por medio de este texto que adquiere voz propia en el resonar de esta tarde de poesí­a.

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