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miércoles, 12 de mayo del 2021

El nacimiento del poeta

El poeta, en genérico, abarcador, incluyente, con toda la grandeza de la poesí­a y el Ser Humano (con mayúsculas). Eso es lo que he contemplado, con placer inmenso, cómo surgió el poeta en el alma de mi hermana Mayela.

Ya hace varios años comenzó su blog “Un café a la medianoche”, donde publicaba textos poéticos y de otra í­ndole, pero ajenos. Yo los leí­a con placer, a la vez que les pasaba corrección de texto. Un dí­a le lancé el reto: “¿Cuándo vas a publicar lo ‘otro´ que escribí­s?” Ella un poco asustada me contestó: “¿Cómo sabés que escribo ‘otras cosas´?”. Y un poco tí­midamente, me fue dando a leer. Primero unos cuentos, algo inmaduros, dirí­a yo. Después, poemas, de mucha profundidad, í­ntimos, de una gran gama de colores.

Tal vez como para reivindicarme que no le di mucho tiempo cuando era una niña –le llevo quince años–, tomé con el corazón apadrinar esa pluma tan exquisita que comenzaba a desplegarse en el mundo literario. Cada vez tení­a menos trabajo como corrector, y más deleite como lector. Al mismo tiempo, me hizo su cómplice guardián de sus secretos. Una bellí­sima experiencia ver aquel mundo inmenso que era su alma. Seguí­ paso a paso sus luchas contra sus temores y dudas, aplaudí­ sus triunfos sobre sus fantasmas y demonios, y vi cómo de su cara huí­an para siempre las sombras de tristeza que siempre estuvieron entre sus cejas, dando paso a una mirada diáfana de mujer madura, segura de sí­ misma, que habí­a aprendido a amarse. Habí­a nacido el Poeta.

A la distancia he vivido la presentación de su primer libro “90 años de historias y 50 versos de amor”, la noche del 14 de diciembre en el Muna. Una colección de cincuenta poemas í­ntimos, que hablan de ella misma, de su mundo y su visión de la vida. Una visión maravillosa, clara, positiva. Con generoso corazón, habla de todos los suyos. Nos pondera una imagen de virtudes y belleza; en lo personal, me hace ruborizar.

A los cincuenta años de este viaje de mi hermanita, nos hemos reencontrado en un mundo de armoní­as, después de varias guerras, sociales, civiles, personales, donde nuestros egos, más de una vez nos jugaron una mala pasada, para disfrutar a plenitud, nuestro amor fraternal.

“Cuando su mundo se derrumbe, recuerde que tiene el mí­o. “Quizás yo no tenga lo suficiente para ofrecerle, pues le recuerdo que no hace mucho pasé una hecatombe. Si usted me dice que vendrá, yo limpio los escombros y prepararé con delicado amor un pedacito donde podamos compartir lo poco que nos ha quedado…”

Quién puede rechazar ese ofrecimiento.

Carlos Velis
Carlos Velis
Columnista Contrapunto

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