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miércoles, 28 de julio del 2021

El método japonés para combatir la pereza

Los profesores y centros educativos en general tienden a ser muy reglamentarios y desean utilizar las mismas herramientas de aprendizaje para todos los alumnos, sin considerar que no son iguales

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Hoy en día cada vez es más común ver niños perezosos. 

En tiempos donde la tecnología resuelve problemas sin necesidad de movilizarse y el entretenimiento se reduce a un teléfono celular o un control remoto operado desde un cómodo sillón o -peor aún- una cama, es casi lógico que el sedentarismo se eleve por las nubes. 

Por eso es necesario que los padres, tutores y docentes actúen para poder disuadirlos y así acabar, o en algunos casos prevenir, la pereza, apatía y negligencia de los niños y adolescentes para afrontar sus tareas, deberes escolares o cualquier actividad que en los papeles resulta poco motivadora para ellos.

Hay una señal de alarma y muchos no la han escuchado.

 Cada vez se les incentiva menos a ser proactivos.

 Los profesores y centros educativos en general tienden a ser muy reglamentarios y desean utilizar las mismas herramientas de aprendizaje para todos los alumnos, sin considerar que no son iguales.

Es importante diagnosticar si un niño es perezoso solamente o padece de algun otro problema Lo primero a evaluar, y debería ser requisito escolar, es su audición y su vista.

 A veces esos detalles pasan inadvertidos.

 Otro paso fundamental es hacer evaluaciones de capacidad de aprendizaje, método que más se aviene a los niños, sus materias preferidas y las que no. De esa manera se puede iniciar por lo más irritante poco tiempo y terminar deleitándose con lo que más le agrade. Pero, por supuesto, para eso se necesita conocer al niño. 

Recordar que quienes desde temprana edad se acostumbran a evadir sus responsabilidades, en el futuro también tendrán problemas para cumplir sus metas.

 Una excelente idea es aplicar la regla del minuto, también llamado método japonés Kaizen, ideado por Masaaki Imai.

 Se trata de un movimiento que se originó en Japón como resultado de la necesidad del país de alcanzar el nivel del resto de naciones occidentales para poder competir con ellas. 

Es un método de gestión que está orientado a la mejora continua de procesos en busca de erradicar todas aquellas ineficiencias que conforman un sistema.

Su nombre oriental se puede traducir como “sabiduría para cambiar” y su objetivo, aplicado a la educación, es conseguir que los niños dediquen un sólo minuto a alguna actividad o tarea que les dé pereza y así se conviertan en perseverantes.

 La condición es realizarla siempre a la misma hora para generar el hábito. 

Un buen ejemplo es el orden del cuarto, algo a lo que normalmente los niños le rehuyen. Pues entonces todos los días, a la misma hora, recogerá su cuarto durante un minuto. ¿Difícil de soportar? No, para nada. Y ese es apenas el comienzo, ya que el hábito hará que el niño recoja todo de forma automática, porque lo tiene interiorizado y ya no le cuesta hacerlo.

 Entonces el tiempo de un minuto pasará a 5 minutos, y luego a 10, hasta llegar el día en que no le importe el tiempo invertido. 

Esta metodología, que se implementa con mucho éxito en Japón desde la década del 50, depende también en gran medida de los padres, ya que deben incentivar y aplicar el método a rajatabla. Porque si los padres son perezosos, sus hijos inevitablemente seguirán su camino… 

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Margarita Mendoza Burgos
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicólogía Médica, Psiquiatrí­a infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
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