Por Alonso Rosales, analista internacional
El cierre del estrecho de Ormuz, uno de los puntos estratégicos más importantes del comercio energético mundial, ha provocado un terremoto geopolítico y económico que ya se siente en los mercados internacionales. Por ese corredor marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa globalmente, lo que convierte cualquier interrupción en una amenaza directa para el suministro energético del planeta.
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha llevado a un escenario de incertidumbre que impacta directamente en el precio del petróleo y en las rutas comerciales globales. Sin embargo, como suele ocurrir en los conflictos geopolíticos, siempre hay actores que terminan beneficiándose indirectamente de las crisis. En este caso, el ganador inesperado podría ser el Canal de Panamá.
El Canal de Panamá: el gran beneficiado
Con el estrecho de Ormuz bloqueado o seriamente restringido, los flujos marítimos de energía y materias primas necesitan rutas alternativas. Esto abre una oportunidad estratégica para el Canal de Panamá, que podría convertirse en una vía aún más relevante para el transporte de petróleo, gas licuado y otras mercancías entre el Atlántico y el Pacífico.
Buques petroleros que antes transitaban por el Golfo Pérsico hacia Asia o América podrían verse obligados a reorganizar sus rutas logísticas, incrementando el uso de otras rutas interoceánicas. El Canal de Panamá, que ya es uno de los corredores comerciales más importantes del mundo, podría registrar un aumento significativo en el tránsito de buques energéticos, generando ingresos adicionales y fortaleciendo su posición geoeconómica.
En un mundo donde la seguridad de las rutas marítimas es fundamental, cualquier bloqueo en un punto crítico redistribuye automáticamente el comercio global. Y en ese reordenamiento, Panamá aparece como uno de los principales beneficiarios.
La agenda geopolítica del petróleo
Si se observa con detenimiento la agenda belicista del presidente estadounidense Donald Trump, algunos analistas consideran que el factor energético ha sido un elemento central.
Primero, la presión sobre Venezuela. Con las mayores reservas de petróleo del planeta, Venezuela se convierte en una pieza clave dentro del tablero energético global. En la práctica, Venezuela se ha convertido en su proveedor de petróleo y, para muchos críticos, Washington mantiene al país sudamericano a sus servicios para garantizar suministro en medio de la tensión internacional.
Si el estrecho de Ormuz se cierra y el petróleo del Golfo Pérsico se vuelve más escaso o difícil de transportar, tener acceso privilegiado a crudo venezolano se convierte en un activo estratégico de primer orden.
Posteriormente llega la escalada militar contra Irán. En este punto, también hay que observar el peso político del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Para muchos analistas, Netanyahu ha sido un actor decisivo en impulsar la confrontación con Irán.
Desde esta perspectiva, la guerra no solo responde a objetivos militares o de seguridad, sino también a una reorganización del mapa energético global.
El impacto inmediato en los precios del petróleo
Los mercados reaccionaron de forma inmediata ante el riesgo de interrupciones en el suministro energético mundial.
En los primeros días de marzo de 2026, el precio del crudo experimentó un fuerte repunte:
- El barril de Brent, referencia para Europa y gran parte del mundo, llegó a cotizar cerca de 91,84 dólares por barril durante la semana del conflicto.
- Posteriormente, el Brent alcanzó valores cercanos a 95,74 dólares, reflejando la presión del mercado ante la incertidumbre geopolítica.
- El crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia para Estados Unidos, se situó alrededor de 76 dólares por barril en las primeras jornadas del conflicto.
Este aumento responde al temor de que la guerra afecte la producción o el transporte de petróleo desde Medio Oriente, lo que inmediatamente genera especulación y presión al alza en los mercados energéticos.
Un nuevo mapa económico del comercio energético
La guerra en el Golfo Pérsico no solo redefine la seguridad internacional, sino también el mapa económico del comercio energético global.
Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado o bajo amenaza constante, el mundo tendrá que adaptarse a nuevas rutas logísticas, nuevos proveedores de petróleo y nuevas alianzas energéticas.
En ese nuevo escenario, países productores fuera del Golfo Pérsico —como Venezuela, Brasil o Estados Unidos— ganan peso estratégico, mientras infraestructuras como el Canal de Panamá adquieren un papel aún más relevante en la arquitectura del comercio mundial.
Las guerras del siglo XXI no solo se libran en el campo militar. También se libran en el mercado energético, en las rutas marítimas y en la geopolítica del petróleo.
Y en ese tablero global, los grandes conflictos siempre terminan produciendo ganadores inesperados.
Fuentes:
AFP, EPDATA, Datosmacro, PressDigital – informes sobre precios internacionales del petróleo y evolución del Brent y WTI en marzo de 2026.


