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martes, 9 junio 2026
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El funcionario incompetente

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"Al funcionario incompetente no se le puede llamar de otro modo, porque al hacerlo sería invisibilizar sus dotes, y su brillante mediocridad": Fredis Pereira.

Por Fredis Pereira.

En la ciudad de la censura, que está ubicada en un pequeño país del tercer mundo, donde lo que abunda es el funcionario incompetente, que integran el gobierno disfuncional hasta en la universidad, que falla rutinariamente en cumplir sus propios reglamentos y donde el desorden es la única regla que cumple a cabalidad.

Al funcionario incompetente no se le puede llamar de otro modo, porque al hacerlo sería invisibilizar sus dotes, y su brillante mediocridad. Decirle funcionario incompetente es reconocerle sus méritos en promover el atraso y obstaculizar el desarrollo, en tal cometido no suele fallar, porque sin mucho esmero arruina todo lo que está bajo su mando, al tener la menor oportunidad.

El funcionario incompetente es como una maleza difícil de extinguir. No es necesario que alguien los plante y cuide, pues, surge por cualquier lado desde los almácigos del clientelismo político. Así al menor descuido, ya invade todo con su parentela y allegados, en cada puesto de trabajo bajo su tráfico de influencia, como si fuera de esos zacates que por más que se le fumiga siguen invadiendo terrenos y robando los nutrientes a los sembrados del agricultor.

Lo mejor que puede pasar con un funcionario incompetente es que le destituyan antes de cumplir su periodo de funciones. No siempre pasa que les destituyan, pero cuando sucede es un buen momento y motivo para celebrar, porque lo normal en el tercer mundo es que una vez que entra en funciones, hace alianza oscura con todo clase bichos, así son como el ombligo de donde se reúne y se guarda la mugre de los que no se bañan, que genera un costra difícil que quitar, que ni el mejor cloro saca en el primer intento.

El funcionario incompetente es muy diestro en favorecerse con los recursos del pueblos. Sabe otorgarse altos e injustificados salarios, que es una de las maneras más amenas que tiene de robar en secreto los recursos del pueblo. Pero si se le permite autonomía, hace de la instalaciones bajo su mando su cochera, el lugar para extraer materiales sin pagarlos, donde también consigue combustibles para el coche de sus familiares y amigos, hasta al jardinero y el ordenanza se lleva sin permiso, y luego todavía se aprueba gastos de representación y pone a su servicio personal de seguridad como guardaespaldas.

El funcionario incompetente entorpece las operaciones institucionales. Primero porque en su afán de dejar un legado, quiere cambiar todo lo que se le antoja, sin tener idea de los antecedentes y las necesidades del pueblo, y cuando los conoce finge desconocerlo porque eso le permite ocultar sus pícaras iniciativas, con las que en realidad busca favorecer a sus cuatreros. Así cambia las cosas de manera irracional de un día para otro, como si tratará de esas diarreas que no avisan, y todo le urge en su plan torpe, que deja como huella el caos y desconcierto, que perjudica a los ciudadanos que pagan las consecuencias de los desvaríos.

El funcionario incompetente atenta contra la libertad de expresión y opinión. Callar la voz que le incomoda es su afán constante, al grado que puede fingir cualquier dolencia para plantarse como la víctima de sus críticos. La queja hacía la opinión adversa es constante, y es tan sinvergüenza, que responsabiliza a sus críticos por el insomnio que sufre cuando tiene oportunidad, aunque sea su mala conciencia la que no le deje dormir.

Fredis Pereira
Fredis Pereira
Académico salvadoreño. Máster en Administración y Gerencia Pública. Colaborador de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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