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sábado, 15 de mayo del 2021

El dilema monetario de Trump

NUEVA YORK ““ Cuando Donald Trump derrotó a Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, era de esperarse la respuesta negativa inmediata del mercado. Pero, al dí­a siguiente, la tendencia a la baja del mercado ya se habí­a revertido. 

Los rendimientos de las acciones y los bonos de Estados Unidos repuntaron después del discurso de Trump tras la victoria en el que pareció indicar que estaba cambiando de rumbo hacia el centro, algo que los inversores originariamente habí­an esperado que hiciera este verano (boreal), luego de ganar la nominación republicana y meterse de lleno en la campaña electoral general. En su discurso, Trump prometió ser un presidente para todos los norteamericanos, elogió a Clinton por su gestión pública pasada y se comprometió a implementar importantes polí­ticas de estí­mulo fiscal centradas en inversión en infraestructura y recortes impositivos para las corporaciones y los ricos.

Los mercados le darán a Trump el beneficio de la duda, por ahora; pero los inversores hoy están analizando a quién va a designar para su administración, que forma adoptarán en realidad sus polí­ticas fiscales y qué curso trazará para la polí­tica monetaria.

Tal vez estén observando la polí­tica monetaria muy de cerca. Durante su campaña, Trump planteó una amenaza a la independencia de la Reserva Federal de Estados Unidos y criticó a la presidenta de la Fed, Janet Yellen. Pero Trump es un magnate inmobiliario, de modo que no podemos suponer de inmediato que sea un auténtico halcón en materia de polí­tica monetaria, y no una paloma. La retórica de su campaña puede haber estado dirigida a la base del Partido Republicano, que está llena de defensores del oro que fustigan a la Fed.   

Trump podrí­a designar a halcones para dos bancas de la Junta de la Fed que están actualmente vacantes y, con certeza, reemplazará a Yellen cuando su mandato termine en 2018. Pero es poco probable que la obligue a renunciar antes, porque los mercados castigarí­an una violación tan obvia de la independencia del banco central.

Aún si Trump efectivamente eligiera a un halcón para reemplazar a Yellen, la persona que designara sólo serí­a primus inter pares en el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por su sigla en inglés). El sucesor de Yellen no podrí­a imponer así­ nomás su punto de vista a la Junta de Gobernadores de siete miembros del FOMC y a los cinco presidentes de Bancos de la Reserva.

Si bien la Fed se asemejó a una monarquí­a absoluta bajo la presidencia de Alan Greenspan, se terminó pareciendo más a una monarquí­a constitucional durante el mandato del sucesor de Greenspan, Ben Bernanke. Con Yellen, se la podrí­a describir mejor como una república democrática. Esta transformación no se puede revertir: cada miembro del FOMC tiene opiniones sólidas sobre qué dirección deberí­a tomar la polí­tica monetaria y cada uno de ellos está dispuesto a disentir cuando sea necesario.

Esto significa que un halcón radical designado por Trump podrí­a terminar en la minorí­a y serí­a superado en votos de manera consistente por la mayorí­a moderada del FOMC. Por supuesto, Trump podrí­a cambiar la composición de la Junta de la Reserva con el tiempo, designando nuevos gobernadores cuando terminen los mandatos de Stanley Fischer, Lael Brainard, Daniel K. Tarullo y Jerome H. Powell. Pero si toma ese camino, el mercado seguirá monitoreando las acciones de la Fed. Si un continuo crecimiento bajo y una baja inflación no justificaran los rápidos aumentos de las tasas de interés, una Fed de lí­nea dura que aumente las tasas de todos modos enfrentará una respuesta disciplinaria dura por parte del mercado -y, por extensión, lo mismo le sucederá a Trump.

Es más, una lí­nea dura prematura y excesiva fortalecerí­a el dólar estadounidense y aumentarí­a marcadamente el déficit comercial de Estados Unidos, minando el objetivo manifestado por Trump de crear empleos y mejorar los ingresos para su base electoral de clase trabajadora y obrera. Si a Trump le importa su base -o si por lo menos quiere evitar una reacción polí­tica violenta- deberí­a designar gobernadores de lí­nea blanda en la Fed que favorezcan las polí­ticas de dinero fácil que debiliten el dólar. Irónicamente, las personas nombradas por el presidente Barack Obama, como Brainard y Tarullo, en verdad son ideales para la agenda de Trump.

Si Trump efectivamente elige una estrategia de polí­tica monetaria más dura, esto tendrá un impacto ambiguo en el dólar, debido a los efectos futuros de sus otras propuestas. Una polí­tica fiscal más relajada y una polí­tica monetaria más dura deberí­an, como en el primer mandato del ex presidente Ronald Reagan, fortalecer el dólar; pero si Trump lleva a Estados Unidos hacia el proteccionismo, generará riesgos económicos y geopolí­ticos colaterales que debilitarí­an el dólar y aumentarí­an el riesgo paí­s de Estados Unidos.

De la misma manera, las polí­ticas fiscales de Trump también debilitarí­an al dólar con el tiempo -después de una apreciación significativa inicial- ya que el gasto en déficit sustancialmente más elevado estarí­a financiado por dinero fácil o emisiones de bonos que aumentan el riesgo soberano de Estados Unidos. El impacto neto de todos estos factores en el dólar dependerá de cuán relajada se vuelva la polí­tica fiscal y de cuán ajustada se torne la polí­tica monetaria. 

La combinación de polí­ticas propuesta por Trump también tendrí­a un impacto ambiguo -y modesto- en el crecimiento, si nombra a halcones en la Fed. Una polí­tica fiscal más relajada favorecerí­a el crecimiento económico a corto plazo; pero una polí­tica monetaria más ajustada perjudicarí­a esos logros. Del mismo modo, si Trump realmente quiere redistribuir cierto ingreso del capital a la mano de obra, y de las ganancias corporativas a los salarios (francamente un gran "si"), sus polí­ticas podrí­an impulsar el consumo; pero sus polí­ticas populistas y proteccionistas minarí­an la confianza de las empresas y así­ los gastos de capital, reduciendo a la vez el poder de compra de los consumidores debido a una mayor inflación.

Los mercados de valores sin duda favorecerán las propuestas de Trump de relajar la polí­tica fiscal, desregular las empresas y las finanzas y recortar los impuestos. Pero los inversores estarán atentos al proteccionismo, las crí­ticas a Wall Street y a los inmigrantes y una polí­tica monetaria dura y excesivamente agresiva. Sólo el tiempo -y el mercado- dirán si Trump encontrará el equilibrio adecuado.

Nouriel Roubini es presidente de Roubini Macro Associates y profesor de Economí­a en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York.

Copyright: Project Syndicate, 2016. www.project-syndicate.org

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Nouriel Roubini
Analista en economía internacional

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