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domingo, 24 de octubre del 2021

El COVID-19 y ls geopolítica

De los Estados Unidos, ya no podemos esperar mayor cosa, eso es evidente. El FMI no da nada por nada y tampoco negocia nada. Les debes, pagas. Punto.

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El drama humano mundial por el coronavirus Covid-19, es más que evidente. Hay muchas voces que alertan de caer en pánico, otras que, al contrario, lanzan teorías conspiranoicas que vienen a abonar esa situación. Ya nadie habla de minimizar la ascensión de la enfermedad en el hemisferio Occidental, donde se ha trasladado el epicentro de la pandemia.

Europa ha cerrado fronteras, aunque es evidente que lo han hecho muy tarde. sin embargo, la ecuación ahora es salvar vidas o salvar la economía. El desastre que está ocurriendo en España es paradigmático para todo el mundo.

Mientras que, en los Estados Unidos, el presidente Trump insiste en que no puede detener la economía y que, a la larga, el virus va a seguir su curso, infectará algunos miles y matará al 1% de ellos. Cálculos fríos, propios de una empresa, no de un país. Los Estados Unidos de América es una empresa. Salvar unas cuantas vidas, no es prioritario, ante las fluctuaciones de la bolsa de valores, corazón del neoliberalismo. Así, a estas alturas en que escribo este artículo, ya sobrepasaron las cifras de infectados en Italia y, según expertos, las muertes en un año llegarán a un millón.

Con los Estados Unidos, no hay donde perderse. Ellos tienen su agenda trazada y no hay nada que los desvíe ni un ápice. Veremos si eso sigue así, ahora que la situación se les sale de control. Sin embargo, las maniobras militares con los países de Europa no fueron canceladas y, desde el 10 de marzo, han desplegado cerca de treinta mil soldados norteamericanos. ¿Maniobras militares, para qué? ¿Para defendernos de qué enemigo? Además, las imágenes de los soldados desembarcando en los países europeos, han provocado las delicias de los conspiranoicos. Llegan sin tapaboca, al –entonces- epicentro de la pandemia.

En contraste, a pesar de su reticencia, el presidente Trump ha puesto en cuarentena a dieciséis estados de la Unión y ha invocado una antigua ley, para obligar a General Motors a fabricar respiradores para los afectados. México, por su lado, también está decretando cuarentenas. Sin embargo, ya es tarde. La paradoja está planteada. O vidas humanas o economía. Con todos los socios en cuarentena, cabe preguntarse: ¿cuál economía? ¿Quiénes serán los turistas que visitarán Disneyland en los próximos meses? Sobre todo, cuando vemos imágenes de Italia y España, con los afectados del virus en las calles y los parqueos de los hospitales, porque el sistema hospitalario ha colapsado.

Cerca de nosotros, el presidente mexicano, López Obrador, intencionalmente, no había tomado ninguna medida para frenar el contagio, llegando a decir que él anunciaría cuándo entrar en cuarentena. Que para mientras, siguieran saliendo, yendo a bares y restaurantes. Claro que, si nos ponemos a pensar en las dimensiones de México, su grado de pobreza y dispersión, su nivel de escolaridad, veremos que es un monstruo de mil cabezas. No. De millones de cabezas. Encerrar esa sociedad, clausurar su vida social, puede desencadenar un estallido social de insospechadas dimensiones. Al día de hoy, ha ido modificando su posición, por la presión internacional y de su propia gente, que teme un contagio por sus vecinos del norte. Estos días el mundo ha dado una vuelta de ciento ochenta grados y han sido los mexicanos los que han cerrado su frontera norte, para impedir la invasión a su territorio, de los que van huyendo del virus descontrolado. Veremos cómo va a continuar esta situación.

En nuestro país, las medidas inmediatas implementadas por el gobierno han logrado focalizar los contagios y proceder a aplanar la curva de crecimiento progresivo, lo que nos da esperanzas, aunque algunos de los que se colaron por los puntos ciegos, a estas alturas ya están apareciendo con cuadro positivo y han contagiado a parientes, amigos, gente en el mercado, la iglesia y un largo etcétera. Por lo demás, todavía lo sentimos como lejos.

Ahora bien, cuánto va a durar esta situación. ¿Acaso podremos sobrevivir aislados? En un mundo globalizado, un país tan saqueado, tan depauperado por acción de la ineptitud de los que nos han gobernado, la voracidad de los dueños del capital y la dispersión de nuestra fuerza civil, es una sinrazón pensar que podremos mantenernos aislados, hasta que el ciclo del virus termine, que puede durar un para de años, siendo optimistas.

Hasta ahora, desde los años ochenta, hemos vivido parasitando de las ayudas internacionales. La deuda con el FMI ya es impagable desde hace décadas. El entreguismo a las políticas neoliberales ha sido total y, por consiguiente, a los dictados de Washington. Cabe, entonces, preguntarse: ¿Cuál es el plan para los siguientes meses en que el contagio suba justo enfrente de nuestra ventana geopolítica? ¿Cómo pensamos sobrevivir? No digo que las medidas gubernamentales no hayan sido las adecuadas para el momento. Solo que me queda la inquietud, al ver más allá de nuestras narices. ¿Qué va a pasar con la gente que vive al diario? ¿Acaso somos lo suficientemente solventes para subsidiarles la vida por seis meses, o más, para mientras desarrollan la vacuna y dominan el contagio?

De los Estados Unidos, ya no podemos esperar mayor cosa, eso es evidente. El FMI no da nada por nada y tampoco negocia nada. Les debes, pagas. Punto. ¿Qué papel vamos a jugar en el dominó geopolítico? ¿Contra qué enemigo prepara sus ejércitos la OTAN? ¿Qué significado tiene dicha organización en estos momentos en que Europa entera está postrada por la pandemia? Mientras tanto, China y Cuba despliegan, no ejercicios militares, sino la más prístina solidaridad humana, enviando médicos y medicinas a Italia, Francia y España, países que llevan décadas votando con los Estados Unidos por las sanciones económicas en contra de la Isla.

Después de esta experiencia, el mundo ya no será igual. El neoliberalismo está enfrentando un enemigo, con el que no contaba, ni estaba preparado para combatir. El panorama de la geopolítica está cambiando radicalmente y a una gran velocidad. Los Estados Unidos, en un afán por salvar la situación en Europa, exige a los países que no se amparen en la medicina cubana para luchar con el coronavirus, que no reciban a los médicos, aduciendo una explotación laboral. Trump pregona a los cuatro vientos, que ya van a tener la vacuna, pero en la realidad, no se ve algo concreto. Lejos de eso, los contagios suben sin control, la bolsa de valores se precipita y los conflictos políticos internos presagian crisis insospechadas.

Por su parte, China se ha recompuesto después de vencer a la pandemia y, evidentemente, ha salido fortalecida. Cuba y China, con su ejemplo de solidaridad y desinterés, están planteando en la práctica, un sistema económico diferente, basado en la solidaridad, el único principio que puede derrotar la doctrina neoliberal de la competencia, la ley del más fuerte, el darwinismo social. ¿En dónde nos ubicaremos nosotros?

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Carlos Velis
Escritor, teatrista salvadoreño. Analista y Columnista ContraPunto
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