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martes, 18 de mayo del 2021

Efectos psicológicos de la menopausia

Entre los primeros pueden considerarse la tristeza, la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, o la agresividad.

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La menopausia supone un cambio biológico en la mujer, y suele llevar asociados una serie de efectos psicológicos no siempre comprendidos por la sociedad en general ni, en muchos casos, por las propias mujeres. Podemos considerar dos tipos de efectos psicológicos de la menopausia: aquellos que tienen una causa biológica, y que son provocados por el propio proceso de cambio; y aquellos en los que intervienen factores sociológicos y se refieren al cambio en la percepción de la relación de la mujer con su entorno social como consecuencia de su cambio biológico. 

Entre los primeros pueden considerarse la tristeza, la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, o la agresividad, entre otros. La forma en que estos trastornos afectan en la menopausia varí­an sensiblemente de unas mujeres a otras, dependiendo de múltiples factores aún insuficientemente investigados. Sin embargo, es frecuente que cualquiera de estos trastornos aparezca acentuado en aquellas mujeres que anteriormente ya tení­an una historia de algún modo afectada por el mismo. Normalmente no son continuos, sino que experimentan altibajos, fases más acusadas, y fases asintomáticas, y la duración de dichas fases también es variable, pero es frecuente su coincidencia con ciclos regulares similares al ciclo menstrual.

También es variable la intensidad y la persistencia en el tiempo de tales efectos. En algunas mujeres son leves y en otras son bastante acusados. Asimismo, en algunas duran pocos años, y en otras bastantes. Los tratamientos de reemplazo hormonal, independientemente de posibles riesgos a largo plazo que se están investigando, mitigan tales efectos psicológicos de la menopausia. Pueden aplicarse otros tratamientos psicoterapéuticos y farmacológicos, pero siempre con el control de un especialista. Es importante también el reconocimiento y la comprensión del problema por parte de la sociedad, y en especial de los hombres, pues se trata de un problema real y natural.

La otra dimensión del problema a la que me referí­a es la socio-cultural. La menopausia supone el fin de la etapa reproductiva de la mujer, y dado que numerosas culturas, asignan como rol fundamental para la mujer el de la fecundidad y el de objeto de satisfacción sexual masculina, esta etapa llega a ser percibida por muchas mujeres como el momento en que dejan de ser útiles; y como suele coincidir con la emancipación de los hijos y su marcha del hogar, la sensación de pérdida de sentido de la vida tiende a unirse frecuentemente a los trastornos mencionados primeramente.

La sensación de infravaloración que muchas mujeres llegan a tener por parte de si mismas frecuentemente las puede llevar a sospechar o asumir situaciones de infidelidad por parte de la pareja, muchas veces infundadas, aunque no siempre; llegando en ocasiones a tal grado de paranoia, que termina siendo precisamente esta situación la que deteriora y rompe la unión de la pareja. En otros casos las mujeres aceptan con resignación la pérdida de ese rol sexual y de fecundidad, y se aferran a su rol de madres, volviéndose demasiado posesivas sobre unos hijos que ya suelen estar en edad de tomar las riendas de su vida; o bien se aferran intensamente al confort y la seguridad económica que gozan o que desean.

Pero todo ello depende de lo prejuiciada que la mujer esté por su cultura. Hay mujeres, por contra, que en esta dimensión social de los efectos de la menopausia, viven la misma de forma opuesta, disfrutando de la sexualidad sin el temor a quedar embarazadas, o felices porque se libraron de las tí­picas molestias inherentes al ciclo menstrual, por ejemplo.

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