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viernes, 30 de julio del 2021

Educación & denuncia

Se ha usado la cuestión educativa para muchas cosas: propaganda política, intereses empresariales, reivindicaciones estudiantiles e incluso se ha utilizado como eslogan que pretende hacer ver que un país sin educación está destinado al fracaso. Y aunque el tema educativo ha gravitado desde hace mucho obteniendo diversas conquistas, en las últimas décadas, que coinciden con el inicio de un nuevo milenio, ha podido verse el estado deplorable en el que se encuentra el sistema educativo salvadoreño: desde la educación en la primera infancia hasta el sistema de posgrados y desde las escuelas públicas hasta las universidades privadas.

El problema es profundo, porque la educación tiene serias carencias en sus metodologías de enseñanza-aprendizaje y la pandemia del COVID19 ha venido a socavar aún más la desactualización del sistema educativo. Además, existe una situación crucial que debe ser atendida cuanto antes: el olvido de la Historia.

¿Cómo se supone que la educación gestará las prácticas culturales y las pautas técnicas de la ciudadanía si no tiene un asidero en la realidad histórica? Esto tiene que ver con la construcción de sentido de una población determinada por límites geográficos e históricos. Si Ellacuría no hubiese sido asesinado en 1989, puede que estuviese tan preocupado como muchas personas ahora de lo que sucedió después de la guerra, porque pareciera que por miedo a tener una población contestaria y activa, la sucesión de ministros y ministras de educación, optó, en sus distintas gestiones, por seguir favoreciendo a sectores empresariales y de poder que tienen un interés claro en propiciar procesos de enseñanza-aprendizaje que vulneran la independencia creativa del estudiante y buscan el adoctrinamiento técnico que propicia mano de obra barata y no personas capaces de hacerle frente a la crisis mundial y empezar a innovar y a transformar la cultura de este país y, por supuesto, de la región centroamericana.

Es por esta razón que no debemos bajar la cabeza quienes dedicamos nuestra vida a la educación. Existen maestras y maestros que no están de acuerdo con el modo en que se administra el bastión de conocimiento de la cultura, existen estudiantes de variopintas carreras con todo el ánimo y la disposición de cambiar las cosas, existen personas de diversas edades que aún en pleno siglo XXI adolecen de la falta de acceso a una educación de calidad. ¿Qué debemos hacer ante esta debacle? ¿Permitir que las cosas sigan así y que el futuro sea de autómatas sin criterio que repiten fórmulas y hashtags? ¿O bien podríamos cambiar eso y usar la ciencia y el conocimiento ancestral de la humanidad para generar otra educación?

Sin duda, pero lo que no podemos dejar de hacer es denunciar los abusos, las imposiciones, los desaciertos, las mentiras y los intereses mezquinos que se dan en las instituciones educativas.  Eso sí que no. La cuestión educativa ha estado rebotando en diversos filones que la van desinflando, entonces tenemos que decir «¡alto ahí!» y replantearnos lo que se ha venido haciendo y empezar a hacer otra cosa.

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