Por Víctor Manuel Valle Monterrosa
El 21 de enero falleció el Dr. Eduardo Badía Serra, notable salvadoreño que descolló desde diversas facetas: deportista, líder estudiantil, intelectual, académico, autoridad universitaria y del sistema educativo; pero sobre todo como educador y pensador científico revolucionario.
Hace menos de un año publiqué un artículo sobre una anécdota que dejó a Eduardo Badía, el apreciado Chele Badía, en el recuerdo de intelectuales y políticos progresistas. Es una fotografía donde se le ve dando bienvenida a Roque Dalton cuando, el 26 de octubre de 1960, fue liberado de la Penitenciaría Central donde estaba secuestrado por el tiranuelo fugaz José María Lemus.

Eduardo Badía cuando era adolescente jugaba en el equipo de baloncesto de su Colegio “García Flamenco”. Eso lo hizo esforzado y disciplinado. Ingresamos a la Universidad de El Salvador en 1959, él a Arquitectura y yo a Ingeniería Civil. Al poco tiempo del ingreso se trasladó a la Facultad de Química y Farmacia donde coronó su grado de Dr. en Química Industrial o Ingeniería Química.
Poco después de su ingreso a la UES comenzó a participar en las luchas estudiantiles de la época que buscaban una mejor universidad y un país democrático. Y sus luchas se enmarcaron en un pensamiento y un accionar revolucionario. Por eso coincidimos en las actividades estudiantiles, él en el Frente Universitario Revolucionario de Química (FURQ) y yo en el Frente Universitario Revolucionario de Ingeniería y Arquitectura (FURIA). Entre sus compañeros de luchas en la Facultad de Química y Farmacia recuerdo a Josefina Guirola, Guadalupe Flores, Amelia Rodríguez y otros.
Todos éramos de eso que he llamado la “generación patria o muerte”, pues estábamos influidos por la joven revolución cubana comenzada el mismo año de nuestro ingreso a la Universidad.

Además de deportista y activista estudiantil revolucionario, Eduardo era un excelente estudiante. En las asambleas estudiantiles destacaba por su oratoria firme y vibrante para contrarrestar a estudiantes de derecha que pululaban por todas las Facultades. Pasó el tiempo y cada uno de nuestra “generación patria o muerte” tomó su rumbo por diversos cauces vitales.
Cuando en 1972 Albino Tinetti y yo regresamos del exterior de hacer estudios de posgrado en educación, fuimos nombrados Asesores en Asuntos Académicos del Rector de la UES, Dr. Rafael Menjívar, y asignados al equipo del Dr. Eduardo Badía, Secretario de Asuntos Académicos en la Rectoría.
Comenzamos nuestra nueva labor en junio de 1972 y tuvimos reuniones de organización del trabajo con Eduardo; pero el gobierno de Molina perpetró la intervención militar de la UES el fatídico 19 de julio, todo proceso universitario fue cortado abruptamente y como resultado algunos de nosotros tuvimos que emigrar. La reforma universitaria iniciada en 1963 y que se buscó profundizar en 1971 fue descalabrada manu militari por el gobierno del coronel Molina.
Supe otra vez de Eduardo Badía, cuando en 1979, después un intenso ejercicio de protesta, la comunidad universitaria eligió libremente nuevas autoridades universitaria y lo eligió Rector. Era una apertura concedida por la dictadura de Carlos Humberto Romero para equilibrar su tambaleante gobierno; pero fue tarde. La violencia se generalizó y llegó el monstruo de la guerra interna que asoló el país por más de 10 años. En 1979, la Universidad y el país estaban convulsos y había tentaciones de hegemonismos en los movimientos revolucionarios. Supongo que Eduardo vio disminuidos sus grados de libertad para imprimir un liderazgo concordante con su ideario de demócrata, educador revolucionario y pensador científico. Y renunció.
Volví a saber de él cuando fue nombrado Vice Ministro de Educación en el gobierno de Funes en 2009 y creí que, con ese nombramiento, la voluntad de cambio radical en el sistema educativo iba en serio; pero Eduardo renunció a principios de 2012 en circunstancias cuyas interioridades desconozco; pero puedo suponer que se debieron a discrepancias de enfoques con otras autoridades que no coincidían con su ideario educativo revolucionario y su talante de pensador científico.

Seguí la trayectoria de Eduardo Badía Serra y su multifacética actuación y supe que había coronado un grado en Filosofía y llegó a presidir la Academia Salvadoreña de la Lengua y el Ateneo de El Salvador. Leí con fruición sus sesudos artículos publicados en Colatino en una columna titulada “Opinando sin Política”
Lo vi la última vez hace unos tres años en un almuerzo amistoso donde intercambiamos memorias en el cual recuerdo a Mauricio Loucel,(+) Ricardo Cardona(+), Alberto Arene, Félix Ulloa y Eduardo
El pasado 21 de enero volví a ver su nombre cuando un amigo común me comunicó que Eduardo había fallecido en su hogar ese día y recorrí de nuevo en mi memoria los caminos que recorrimos juntos. Siempre admiré su alejamiento del autobombo y de las candilejas vacuas, su profundidad de análisis intelectual, su compromiso revolucionario con la educación transformadora y su pensamiento crítico basado en el conocimiento científico y el humanismo liberador. Paz a su memoria, que sus seres queridos recuerden sus buenas acciones y las nuevas generaciones conozcan la trayectoria de su vida como transformador digno de emular.


