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sábado, 23 de octubre del 2021

Dialogar y negociar, base de la democracia

Sin dialogar, sin negociar y pactar acuerdos de nación, pensando en el bien de toda la sociedad salvadoreña, jamás vamos a salirnos del hoyo en que nos encontramos hundidos

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La guerra civil salvadoreña no se pudo detener por falta de diálogos y negociaciones de los más importantes sectores nacionales. Ninguno de los bandos estaba dispuesto a ceder: la derecha querí­a exterminar fí­sicamente a toda la oposición polí­tica y social, y la izquierda querí­a la insurrección y la guerra prolongada.

¿Qué sucedió? Se impuso la teorí­a y la práctica de la violencia. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, que pedí­a a diario el diálogo, fue asesinado en marzo de 1980 porque pedir cordura era frente a los extremismos el mayor de los delitos.

Después de 12 años de guerra civil, con un costo de más de 70.000 muertos, 8.000 desaparecidos, un millón de desplazados; graves retrasos en la economí­a y otras consecuencias dañinas, fueron finalizadas por medio del diálogo y la negociación, proceso en el que intervino Naciones Unidas (ONU), como mediador y facilitador.

No fue fácil sentarse los enemigos a muerte. Pero primó el pensamiento civilizado. La guerra terminó con el silencio de las armas. Hoy la izquierda está en el poder y la derecha en la oposición, sin que eso signifique debacles polí­ticas.

Sin embargo, no se ha aprendido la lección de que al finalizar la guerra finalizó el duelo entre enemigos y comenzó el pulso entre adversarios.

Los adversarios no se matan; los adversarios dialogan, negocian y hacen pactos. No hay de otra, esa es la democracia. Lo contrario es regresar a la guerra.

Y suficiente violencia existe a causa de las distintas formas de delincuencia y por las históricas injusticias, como para que el actual liderazgo polí­tico no se siente de una vez a arreglar nuestro presente y consolidar el futuro con esperanza y certeza.

Sin dialogar, sin negociar y pactar acuerdos de nación, pensando en el bien de toda la sociedad salvadoreña, jamás vamos a salirnos del hoyo en que nos encontramos hundidos y en el que estamos sepultando todas las posibilidades de construir un paí­s estable, convivible y desarrollado.  

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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