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sábado, 31 de julio del 2021

Democracia y ciudadaní­a

Con el resultado de las elecciones del 3F, se da un paso importante en la consolidación de la democracia electoral de nuestro paí­s, se consolida va cada vez más la competencia electoral como  el único mecanismo para acceder al poder del ejecutivo. El 3F perdieron los las dos fuerzas polí­ticas que se vení­an disputando electoralmente el poder desde 1994. Haciéndose con el control del gobierno un partido que todaví­a no existí­a como tal, ambos gobernaron y al perder las elecciones entregaron el poder al vencedor de los comicios. Esto es un avance de la democracia electoral en nuestro paí­s.

Ante este resultado surge la pregunta, ¿Qué sucedió con el voto duro y las afinidades partidarias, de las hasta ese dí­a fuerzas mayoritarias? El resultado del 3F, muestra lo que ya se vení­a gestando desde las elecciones del 4M del año anterior, las identidades partidarias están mutando, el voto duro se debilita, la ciudadaní­a ya no está dispuesta a refrendar el voto. ¿Cuál es la razón de este cambio? a manera de hipótesis se puede señalar que este cambio opera de acuerdo al grado con el que se cumpla las expectativas y promesas de los polí­ticos en el ejercicio del poder. Así­ como el  grado de confianza del cumplimiento de los ofrecimientos electorales que generan los candidatos durante la campaña.

En adelante esta nueva realidad polí­tica tendrá que ser considerada por los partidos,  ya no van a contar con el voto duro a ciegas, en las dos últimas elecciones las identificaciones partidarias cambiaron y en el futuro esto tiene mayor probabilidad de ocurrir en la medida que el elector tenga un pensamiento crí­tico sobre el desempeño de los electos, de ser así­ el cambio de opción al votar es cada vez más probable.

Se observa un elector menos tolerante con la mala gestión de alcaldes, diputados y funcionarios en el gobierno central, un elector menos condescendiente con las prácticas ilí­citas y falta de transparencia. Las personas se van empoderando, son conscientes de que su voto decide y  buscan, a través del sufragio, que los electos puedan en primera instancia, brindar mejor acceso al trabajo, seguridad, salud, en sí­ntesis una mejor calidad de vida, y en segunda el fortalecimiento de las instituciones de justicia, gobierno y legislativa; esta última tan desprestigiada en estos dí­as.  

Poco a poco se va configurando la otra cara de la moneda de la democracia, la participación de la ciudadaní­a,  la que si bien tiene o no afinidad partidaria, mantiene una posición crí­tica frente a los que detentan el poder, ejerce una acción vigilante de sus representantes, de las todas las personas que a través de sus votos llegan a gobernar.

Las maneras de expresión y participación de la ciudadaní­a también experimentan cambios, ya no solo es manifestándose en la calle frente a las instituciones, este tipo de protesta es cada vez menor  y con baja participación, sino también expresando su opinión a través de las encuestas y  redes sociales. Estos nuevos mecanismo de expresión ciudadana  van transformando la manera de hacer polí­tica, ya no se tiene que esperar el próximos evento electoral para que el ciudadano externe su sentir, ahora las encuestas le dan una oportunidad de expresión, aun cuando es práctica común de los polí­ticos atender solamente los resultados que le favorecen, pero como se va demostrando los que se desentienden de las opiniones del ciudadano van quedando rezagados en la contienda polí­tica.

Lo mismo  sucede con las redes sociales, si bien es cierto que en ellas se encuentra de todo hasta basura, las opiniones serí­as se identifican y desde su identidad se expresan. Por otra parte los medios tradicionales especialmente radio y televisión entrevistan indagando la opinión de las personas sobre los temas álgidos de las diversas coyunturas. Los medios escritos, tradicionales y electrónicos dan espacio para comentar las noticias, y cada vez van siendo más exigentes con la identificación del comentarista, con ello la opinión gana legitimidad.

Resulta que no se requiere de pertenencia a organizaciones para expresar y compartir opiniones sobre la polí­tica, acontecer nacional y debatir sobre los temas de coyuntura, generando movilizaciones, en este caso para votar, o para expresar su aceptación o rechazo de las acciones de los polí­ticos, como sucede con las acciones de la asamblea legislativa que no son aprobadas por sectores de la ciudadaní­a, quienes a través del ejercicio de su opinión logran frenar algunos de los desatinos de los diputados. Como sucedió con la ley de reconciliación, otro ejemplo es la reforma de pensiones, nadie salió a protestar, pero el 4M, el retiro del voto se hizo sentir en los centros urbanos.

De esta manera los alcaldes, diputados y funcionarios de gobierno están siendo observados en su conducta polí­tica, en las decisiones que toman,  recibiendo la opinión de los ciudadanos por los diferentes medios de los que ahora disponen, tienen ante sí­ una ciudadaní­a cada vez más informada y crí­tica.

Ante este nuevo escenario los sectores progresistas y democráticos, a los que les indigna la desigualdad que mantiene en la pobreza a buena parte de la población, los que aspiran a una sociedad con oportunidades para todos, con instituciones fuertes; tienen que tener en cuenta estos novedosos medios de comunicación para conocer lo que la gente piensa, sobre todo los jóvenes, y desde ahí­ elaborar propuestas que respondan a las aspiraciones de la sociedad, por que como nos cuenta Sergio Ramí­rez, ya no es "…el cipotio piensa mañana quiero se guerrillero", no, ahora es "…mañana quiero ser ingeniero". Y  remata "ya no es patria libre o morir" en su lugar "patria libre y vivir".

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