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domingo, 05 de diciembre del 2021

CUENTO | Pensamientos suicidas

Una narración para personas adultas

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Realmente Fermina Teodora de la Baca, era una persona fuera de lo común y no lo digo porque fuera extraordinaria, sino porque en muchas cosas actuaba diferente a la generalidad, disfrutaba la soledad e incluso parecerí­a que el barullo social por momentos la impacientaba y no siempre lograba conectarse con las ideas, deseos, intereses y aspiraciones comunes, era retraí­da en muchas cosas y extrovertida en otras que la hací­an muy locuaz.

Fermina viví­a sola por circunstancias de la vida y por decisión propia y no era que no tení­a familia, porque si tení­a, y siempre manifestaba que la querí­a mucho, pero por ser como “una Loba Esteparia” su hábitat era vivir sola relativamente, porque tení­a una agradable compañí­a de cuatro patas y cuando querí­a compañí­a humana la provocaba reuniéndose con familiares y/o con personas amigas con quienes habí­a un estimo reciproco.

En un momento de su vida esta mujer se sintió triste, muy ansiosa y afligida todo ello sin motivo conocido, entonces pensó: “estoy deprimida” y como la depresión es una enfermedad busco ayuda profesional, fue cuando le prescribieron un medicamento que contení­a Fluoxetina y le explicaron cómo debí­a tomarlo, como mujer entendida siguió las indicaciones y tomo el medicamento durante varios dí­as, las reacciones de los medicamentos en las personas son diversas, ella comento que en su caso, sentí­a sopor y hasta cierta desorientación que nunca habí­a tenido y que tení­a pensamientos suicidas recurrentes lo que la hizo consultar nuevamente al médico que la atendí­a y este se las retiro de inmediato.

Entonces Teodora que también así­ se llamaba la mujer aludida, era su segundo nombre , siempre manifestaba que la voluntad, la tenacidad, la disciplina y el empeño los deberí­amos utilizar para superar deficiencias fí­sicas y psicológicas y se propuso evitar sentirse deprimida sin ayuda de drogas, si lo logro no se sabe, pero manifestaba recrearse en los pensamientos suicidas, pues solí­a cavilar sobre las diversas formas de suicidarse, para ella tal acción era un acto de libertad, y como atea que era, para nada se le ocurrí­a que fuera una decisión pecaminosa, mucho menos delictiva pues no perjudicaba directamente a segundos ni a terceros y al ser ella hechora y ví­ctima no habí­a a quien más responsabilizar de tal acontecimiento

Entonces en sus ratos de ocio creador especulaba sobre la mejor manera de suicidarse, el primero en que pensó con actitud melodramática fue cortarse las venas con una navaja de rasuradora, que debí­a ser nueva  para que cortara sin mucha presión, no era masoquista por lo que querí­a  evitar lo más posible el dolor, pero además pensó que el espectáculo sanguinolento podrí­a horrorizar a quienes la encontraran, entonces lo desecho por sucio y antiestético, se le ocurrió que cualquier encontronazo con una persona muerta es impresionante e intimidante, pero  ante un o una suicida era inevitable y habí­a que tratar de ser considerada.

Meditando ideo que la salida podrí­a ser un certero envenenamiento, por noticia periodí­stica sabia de la efectividad de quí­micos que se conocen como “Mata ratas” pero como era una mujer con autoestima, no se sentí­a bien morir como si fuera una rata lo que la hizo desechar la idea.

Tomar pastilla no era su afición y como no tení­a el dato exacto de cuáles y cuantas, corrí­a el riesgo de atiborrara de medicamentos que solo le dieran dolor, vómitos y pérdida de conocimiento y al tener un efecto tardado diera tiempo a que le practicaran un lavado de estómago y  entonces el objetivo buscado no se lograrí­a, agregando a ello que podí­a  quedar un tanto idiotizada, y más ensimismada de lo que ya era. Entonces pensó que ese estilo de suicidio  para ella no iba.

De igual forma descalifico el ahorcamiento, por dos cosas, una por que aun cuando en su adolescencia fue “Muchacha Guí­a” no recuerda haber sido instruido en hacer nudos seguros y que tal, si con todo el escenario montado el nudo se soltaba, y no morí­a, se amorataba el cuello o sufrí­a otros problemas fí­sicos que le causaran  mucho dolor; la otra cosa es que  nunca habí­a visto en fí­sico una persona ahorcada y creí­a que el estrangulamiento hacia que él o la suicida sacara la lengua desmesuradamente, lo cual provocarí­a mucho horror entonces se pronunció porque así­ no era adecuado.

Otra forma en la que pensó es una de las más comunes, darse un disparo, sin importar el calibre, en el palar conocido como “cielo de la boca”, pero  entonces se percató que el arma que tení­a, la presto para una emergencia de seguridad y ya no se la regresaron y además a ella que le  gustaba la música suave y la tranquilidad, la detonación provocarí­a mucho escándalo en su colonia y eso no era su estilo.

En sus cavilaciones respecto al suicidio, recordó que en un periódico local habí­a leí­do que la Cobra Real tení­a un  potente veneno que con solo una mordida podí­a matar a 20 personas, pero  ¿ de dónde sacaba una Cobra de este tipo? O aunque fuera de otro era difí­cil obtener una cobra sencilla ya no digamos una Cobra Real, según registran las y los zoólogos viven en África y Asia lo que hací­a sumamente dificultoso querer hacerlo por una mordida sutil de esta serpiente; no procedí­a.

Otra  forma que consideraba era tirarse al vací­o, de una altura considerable, pero que tal si solo quedaba paralitica por los daños sufridos, tampoco es lo que se pretende, tirarse de un puente no era morir dignamente puesto que se tení­a que ahogar en agua sumamente contaminada y asquerosas de nuestros rí­os, no era un suicidio atractivo  tení­a que ser desechado.

A su vez Fermina Teodora pensaba que era una lástima que en el paí­s no se regulara la costumbre que alguien nos ayude a morir, sin dolor, tranquilamente, sin tanto cuento y aspaviento , con procedimientos calculados cientí­ficamente para no tener ningún percance ni falla en el objetivo, eso solo es permitido en  los paí­ses que aceptan la eutanasia como un acto de libertad para morir dignamente sin sufrir, solo que se involucra a otra persona y entonces eso ya no es suicidio, teniendo en cuenta que este, es un acto  que se hace por sí­ y de sí­ misma, la Real Academia de la Lengua lo define como “quitarse voluntariamente la vida” que es la motivación de las ideas de Fermina Teodora de la Baca.

Al  no encontrar en el recuento que se hizo, de las diversas formas de suicidio, ninguna que la satisficiera, sensatamente decidió no tomar esa  determinación por el  momento y se dijo a sí­ misma “mejor lo dejo para después, cuando este mas descansada y dispuesta, por ahora seguiré disfrutando de mi maravillosa soledad, de mi familia, de mis amistades y  de todas las manifestaciones como la literatura, las diversas manifestaciones de la sensibilidad y todo lo que nos hace ser, verdaderamente humanas.

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