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miércoles, 3 junio 2026

Crónicas del Vinilo| The Smiths: The Queen Is Dead — El arte de caer con elegancia (Videos)

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Historias, memorías y análisis de los discos que marcaron generaciones

Por Zarko Pinkas-Ramírez

En 1987 yo creía que el amor era insistir.
Que querer era aguantar.
Que si uno esperaba lo suficiente, algo —al menos algo— tenía que pasar.

No la quería tanto, si soy honesto.
Pero lo intenté.
Y lo volví a intentar.
Y guardé la esperanza como se guardan las cartas que nunca se envían: dobladas, inútiles, pero cerca.

Nunca supe por qué no pasó nada.
Nunca conocí la razón exacta de la separación, si es que puede llamarse separación a algo que nunca empezó.
Solo quedó ese silencio raro, ese casi, que con los años pesa más que un portazo.

Cuando escucho The Smiths pienso eso:
¿a quién le importa?
¿De verdad a quién le importa?

Miro alrededor y veo matrimonios rotos, divorcios largos, fracasos compartidos durante treinta o cuarenta años.
Gente que se amarró joven, en los ochenta, convencida de que el amor era un contrato vitalicio.
Y después, el naufragio.
Un divorcio que suena peor que una demolición en cámara lenta.

Tal vez fue una suerte no haber quedado atado.
Tal vez The Queen Is Dead no es tristeza, sino una carcajada elegante frente al desastre que no fue.

A veces la veo pasar en algún centro comercial con su aspecto aburrido y sin ninguna profundidad
Un cruce breve, una cara que ya no significa nada.
Y pienso:
Dios… ¿en qué estaba pensando?

Era tímido, delgado y sin ningún plan.
Cualquier cosa me parecía amor.
Cualquier promesa, un futuro.

Pongo el disco.
Y lo entiendo todo.
La reina está muerta.
Y, por primera vez, eso suena como una buena noticia.


Hablar de The Smiths y escoger su “mejor disco” es, desde cualquier punto de vista serio, un gesto temerario. No porque falten argumentos, sino porque lo que falta es aire. La banda de Morrissey y Marr no solo tiene discos: tiene templos. Cada álbum opera como un pequeño universo emocional, una estética cerrada, un delicado equilibrio entre tragedia vital y melodía luminosa. Y sin embargo, pese a la abundancia de joyas, suele haber consenso en un punto: The Queen Is Dead (1986) no es solo el mejor disco de la banda; es uno de los mejores discos de los años ochenta y uno de los más influyentes de la historia del pop británico.

Elegirlo no es una decisión técnica, sino emocional. Es, al mismo tiempo, una coronación y una elegía. Es el disco donde Morrissey afina su pluma hasta convertirla en bisturí, y donde Johnny Marr alcanza la madurez compositiva absoluta. Es el punto donde The Smiths dejan de parecer una banda promisoria y se convierten en una fuerza estética irreversible.

I. La imposibilidad de elegir un “mejor disco”

Antes de entrar en el disco, vale reconocer la dificultad: The Smiths no es una banda pensada para categorías simples. No existe una dicotomía “lo mejor–lo peor”, sino un espectro donde cada obra se sostiene por su propio universo emocional.

Strangeways, Here We Come (1987), por ejemplo, es técnicamente impecable. Meat Is Murder es conceptual y visceral. Y The Smiths (1984) inaugura la poética del desencanto absoluto.

Pero The Queen Is Dead tiene algo que ningún otro disco posee: una unidad de alma. Un relato interno. Una tensión permanente entre la caída y la risa, entre la soledad y la belleza, entre la pérdida de la fe en el mundo y la inesperada elegancia de quien cae con estilo.

Este es el disco donde el dolor se vuelve arte.
Y donde el arte se vuelve humano.


II. El sonido: cuando Marr dejó de buscar y simplemente encontró

Johnny Marr, en este disco, no toca la guitarra: inventa un idioma. Su manera de entrelazar melodías, de permitir que una línea rítmica se convierta en un pequeño poema instrumental, de llevar el jangle hacia un nivel casi arquitectónico, alcanza aquí su cima.

En The Queen Is Dead Marr, logra una síntesis rara: un disco que se puede bailar y llorar al mismo tiempo. En Joy Division no sucede eso: ahí se cae sin ritmo. En The Smiths, por el contrario, uno entra en la depresión bailando. Se llora con luz. Se sufre con ritmo. Y eso es una proeza estética.

La guitarra de Marr no acompaña a Morrissey: lo contradice.
Cuando Morrissey canta sobre soledad absoluta, la guitarra brilla.
Cuando canta sobre muerte, suena casi alegre.
Cuando invoca el abandono, Marr aparece con acordes que parecen puertas que se abren.

Esa tensión es el corazón del disco.

Andy Rourke, Johnny Marr, Morrissey y Mike Joyce: The Smiths

III. Morrissey: la soledad como ciencia exacta

Lo que distingue a Morrissey de Ian Curtis —comparación inevitable para quien escucha ambas bandas con atención— es que Curtis cantaba sobre un derrumbe personal; Morrissey canta sobre un derrumbe espiritual universal.

En Joy Division hay desesperación; en The Smiths, pérdida de humanidad.
Joy Division grita que no puede seguir viviendo;
The Smiths susurran que ya no hay un mundo en el que valga la pena hacerlo.

Y sin embargo, Morrissey no se hunde: se eleva en una especie de ironía casi religiosa. Su depresión no es una caída: es un salón oscuro donde uno aprende a caminar con elegancia. Su tristeza tiene estilo. Su desencanto, belleza. Su soledad, poesía.

En The Queen Is Dead, Morrissey alcanza su cima expresiva:
cruel, gracioso, vulnerable, altivo, infantil, filosófico, ridículo y sublime a la vez.


IV. Canción por canción: un descenso brillante

1. The Queen Is Dead

Abrir el disco con un ataque frontal a la monarquía británica es un gesto político ambiguo. No es rabia punk: es burla afilada. Morrissey se ríe del poder, lo desacraliza, lo convierte en teatro barato. Marr construye un muro de guitarras que avanza como un ejército ordenado. El resultado: una mezcla de humor político y furia elegante.

2. Frankly, Mr. Shankly

Una carta de renuncia disfrazada de canción pop. Morrissey ridiculiza al jefe mediocre, al sistema laboral, al pequeño burócrata. Pero la canción no es amarga: es divertida. Bailamos sobre el tedio.

3. I Know It’s Over

Aquí está el corazón del disco.
Una balada devastadora.
Una catedral emocional.

Cuando Morrissey canta “It’s so easy to laugh, it’s so easy to hate”, está describiendo la filosofía oscura de la vida moderna. La canción es un ejercicio de autodestrucción poética, pero también un diagnóstico social. Marr apenas toca, deja espacios, silencios, ecos. Es una elegía minimalista.

La canción “I Know It’s Over” es frecuentemente citada como una de las canciones más tristes de la historia. Lanzada en 1986, aborda temas de desesperanza, soledad y el fin de una relación de una manera cruda y emocionalmente resonante. La interpretación vocal de Morrissey, combinada con la instrumentación melancólica de Johnny Marr, crea una atmósfera sombría que ha tocado a muchos oyentes. Su letra explora la devastación de darse cuenta de que un amor se ha perdido irremediablemente, lo que la convierte en un himno para aquellos que han experimentado el desamor profundo.

4. Never Had No One Ever

Un lamento sobre la imposibilidad de pertenecer.
La soledad como herencia.
La identidad como vacío.
La canción parece suspendida en una bruma emocional. Morrissey canta como quien confiesa, no como quien interpreta.

5. Cemetry Gates

Ligera, luminosa, literaria.
Una discusión poética en un cementerio, con referencias a Wilde y Keats. La muerte, aquí, no pesa: se vuelve excusa para hablar de literatura y de plagios entre poetas. Puro cerebro, pura gracia.

6. Bigmouth Strikes Again

Himno absoluto.
El lado incendiario de Morrissey.
Una canción que se baila con rabia contenida. Poesía y patada en el estómago.

7. The Boy with the Thorn in His Side

Probablemente la canción más bella del disco.
La melodía es cristalina; la letra, devastadora.
Habla del rechazo, de la incomprensión, del odio que recibe quien se atreve a ser sensible en un mundo brutal. Es la autobiografía emocional de Morrissey.

8. Vicar in a Tutu

La canción humorística que equilibra la carga emocional.
Una sátira religiosa que no busca escándalo: busca risa.

9. There Is a Light That Never Goes Out

La obra maestra.
La canción más grande de The Smiths y una de las más importantes del pop moderno.

Habla de amor, pero no del amor maduro: del amor absoluto, ingenuo, dramático, adolescente, ese que confunde pasión con destino. La fantasía de morir juntos bajo un autobús no es literal: es emocional. Es el deseo de desaparecer al lado de alguien para que no haya posibilidad de ser abandonado.

Es, quizá, la canción más tristemente hermosa jamás escrita.


Morrissey habló con Andrew Billen para el diario The Times en mayo de 2006 sobre esta canción: Cuando eres un adolescente y estás en tus primeros veintes parece desesperadamente eterno y doloroso. Cuando comienzas a envejecer te das cuenta de que muchas cosas son terriblemente dolorosas y esa es la condición humana. Muchos de nosotros continuamos sobreviviendo porque estamos convencidos de que en algún punto, con agallas y determinación y perseverancia, terminaremos en una especie de unión mágica con alguien… Es una falacia, por supuesto, pero es una forma de religión. Tienes que creer. ‘Hay una luz que nunca se apaga’ y se llama esperanza.

10. Some Girls Are Bigger Than Others

Cierra el disco con humor absurdo. Una broma musical que, sin embargo, está construida con una belleza melódica impecable. Marr brilla. El disco termina con alivio, no con tragedia.


V. El impacto visual: estética, performance y misterio

The Smiths nunca fueron una banda de estadios. No estaban hechos para multitudes masivas. Su reino era el teatro, la sala pequeña, el espacio íntimo donde el gesto de Morrissey —una rosa en el bolsillo, una camisa abierta, un micrófono que parecía una extensión del alma— podía hipnotizar a 300 personas más que mil focos podrían hacerlo.

La estética de The Smiths es parte fundamental de su legado:
fotografías de cine británico antiguo, actores olvidados, portadas monocromáticas, minimalismo emocional. Nada fue casual. Todo fue lenguaje.

The Smiths

VI. ¿Qué hace que un disco sea “perfecto”?

Aquí aparece la pregunta clave para los coleccionistas de vinilo:
¿Qué convierte a un disco en una obra maestra?

  1. Unidad estética: The Queen Is Dead es un todo, no una suma de partes.
  2. Coherencia emocional: cada canción existe dentro de la misma atmósfera.
  3. Innovación sonora: Marr nunca volvió a sonar tan libre.
  4. Impacto cultural: marcó una generación entera.
  5. Falta de relleno: no hay canciones débiles.
  6. Relevancia persistente: no ha envejecido. Nada en él suena viejo.
  7. Mystique: ese elemento indescriptible que hace que un disco no solo se escuche, sino que se respire.

Este disco no tiene partes flojas. No tiene relleno. No tiene dudosas decisiones de producción. Está perfectamente equilibrado.


VII. Cierre poético — “La Reina Ha Muerto, y Aquí Estamos Nosotros”

Y cuando la reina cayó, no hubo silencio.
Hubo guitarras como vidrios brillando al sol.
Hubo una voz que dijo que la soledad también podía ser un hogar.
Hubo un muchacho con una espina en el costado,
y otro que caminaba hacia la luz que nunca se apagaba.
Y hubo un mundo entero que entendió, por primera vez,
que bailar también podía ser una forma de llorar.

Porque si algo nos enseñó The Queen Is Dead
es que el dolor puede ser hermoso
y que la belleza —cuando duele—
ilumina más.




FICHA TÉCNICA — The Queen Is Dead(1986)

Artista: The Smiths
Título del álbum: The Queen Is Dead
Tipo: Álbum de estudio
Fecha de lanzamiento: 16 de junio de 1986
Sello discográfico: Rough Trade Records
Productor: Morrissey, Johnny Marr y Stephen Street (ingeniero)
Duración total: 36:47
Formato original: Vinilo de 12” – LP


Integrantes de la banda

  • Morrissey – Voz
  • Johnny Marr – Guitarras, mandolina, teclados
  • Andy Rourke – Bajo
  • Mike Joyce – Batería y percusiones

Arte y fotografía

  • Dirección de arte: Morrissey
  • Diseño: Caryn Gough
  • Fotografía de portada: Extracto del film The Cavalier (1967), con Alain Delon
  • Concepto visual: Morrissey
  • Estética: minimalismo monocromático, diseño sobrio, iconografía cinematográfica británica

Lista de canciones (tracklist)

Lado A:

  1. The Queen Is Dead – 6:23
  2. Frankly, Mr. Shankly – 2:17
  3. I Know It’s Over – 5:48
  4. Never Had No One Ever – 3:36

Lado B:
5. Cemetry Gates – 2:39
6. Bigmouth Strikes Again – 3:12
7. The Boy with the Thorn in His Side – 3:16
8. Vicar in a Tutu – 2:21
9. There Is a Light That Never Goes Out – 4:02
10. Some Girls Are Bigger Than Others – 3:14


Importancia histórica

  • Considerado por múltiples críticos como el mejor álbum de The Smiths.
  • Obra fundamental del indie británico y del pop alternativo de los 80.
  • Contiene There Is a Light That Never Goes Out, una de las canciones más influyentes de la música moderna.

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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