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miércoles, 17 junio 2026

Cómo funciona el sistema electoral israelí y por qué las alianzas pueden cambiar el resultado

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Por Alonso Rosales

El sistema electoral de Israel es uno de los más representativos —y también más complejos— del mundo. A diferencia de los modelos presidenciales o de distritos uninominales, Israel utiliza un sistema parlamentario basado en la representación proporcional pura, lo que influye directamente en la dinámica política y en la necesidad constante de गठ coaliciones.

En Israel, los ciudadanos votan por listas de partidos, no por candidatos individuales. Todo el país funciona como una sola circunscripción electoral. Los 120 escaños del parlamento, conocido como la Knéset, se distribuyen proporcionalmente según el porcentaje de votos que obtiene cada partido. Esto significa que si un partido consigue aproximadamente el 10 % de los votos, recibirá cerca de 12 escaños.

Sin embargo, existe un elemento clave: el umbral electoral. Actualmente, los partidos deben obtener al menos un 3,25 % de los votos para entrar al parlamento. Este umbral busca evitar una fragmentación excesiva, pero aun así Israel mantiene un sistema altamente plural, con múltiples partidos representando diversas ideologías, religiones y sectores sociales.

Una vez que se asignan los escaños, comienza el verdadero juego político. Ningún partido ha logrado en décadas obtener una mayoría absoluta (61 escaños), por lo que es necesario formar coaliciones. El presidente del país —actualmente Isaac Herzog— encarga a un líder político, generalmente el jefe del partido más votado, la tarea de formar gobierno. Ese líder debe negociar con otros partidos para alcanzar una mayoría parlamentaria.

Aquí es donde las alianzas preelectorales, como la reciente unión entre Naftali Bennett y Yair Lapid, pueden alterar significativamente el resultado electoral. Aunque en términos de votos totales la suma de apoyos pueda parecer similar, la forma en que esos votos se agrupan tiene efectos decisivos en la distribución de poder.

Primero, las fusiones de partidos reducen la fragmentación del voto. En un sistema proporcional, cuando muchos partidos pequeños compiten por separado, algunos pueden quedarse por debajo del umbral electoral, desperdiciando votos. Al unirse, aumentan sus probabilidades de superar ese umbral y maximizar la representación parlamentaria.

Segundo, una alianza fuerte puede cambiar la percepción del electorado. Los votantes tienden a apoyar bloques que perciben como viables para gobernar. Si múltiples partidos opositores compiten entre sí, pueden dividir el voto y favorecer indirectamente al bloque dominante, como el liderado por Benjamin Netanyahu. En cambio, una coalición unificada proyecta mayor estabilidad y capacidad de liderazgo.

Tercero, las alianzas facilitan la formación de gobierno después de las elecciones. Si los partidos ya han acordado trabajar juntos, las negociaciones postelectorales son más rápidas y menos inciertas. Esto es crucial en Israel, donde la incapacidad de formar coaliciones ha llevado repetidamente a elecciones anticipadas.

Además, el sistema electoral israelí utiliza el método Bader-Ofer (una variante del método D’Hondt) para asignar los escaños sobrantes, lo que puede beneficiar a partidos más grandes o bloques que han firmado acuerdos de reparto de excedentes. Esto significa que incluso pequeñas diferencias en la cantidad de votos pueden traducirse en uno o dos escaños adicionales, lo cual puede ser decisivo para alcanzar la mayoría.

Por estas razones, los movimientos estratégicos previos a las elecciones —como fusiones, alianzas o acuerdos de cooperación— son tan importantes como la propia votación. En un sistema donde ningún partido gobierna solo, la política se convierte en un ejercicio constante de negociación y construcción de consensos.

En conclusión, el sistema electoral israelí está diseñado para reflejar con precisión la diversidad política del país, pero esa misma característica obliga a los actores políticos a colaborar. Las alianzas no solo suman votos: reorganizan el mapa político, influyen en la percepción pública y pueden determinar quién logra formar gobierno. En este contexto, decisiones como la unión de partidos pueden marcar el inicio de un cambio significativo en el liderazgo del país.

Fuentes:

  • Ley Básica: La Knéset (Israel)
  • Comisión Electoral Central de Israel
  • BBC News
  • The New York Times
  • Instituto de Democracia de Israel (Israel Democracy Institute)

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