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martes, 16 junio 2026

Campos de golf, criptomonedas y biblias: el negocio del poder

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Por Alonso Rosales

La política estadounidense ha estado históricamente rodeada de una expectativa básica: quien ocupa la presidencia debe evitar no solo los conflictos de interés, sino incluso la apariencia de beneficiarse económicamente de su cargo. Sin embargo, en el actual escenario, esa línea parece haberse desdibujado hasta casi desaparecer.

El segundo mandato de Donald Trump marca un punto de quiebre la fortuna de Trump según Forbes es de 6.500 millones. Ya no se trata de dudas aisladas o decisiones cuestionables, sino de un entramado sistemático donde negocios privados y poder público avanzan en paralelo, muchas veces en direcciones sospechosamente convenientes. La expansión de la Organización Trump —desde proyectos inmobiliarios hasta incursiones agresivas en criptomonedas— refleja no solo éxito empresarial, sino también el privilegio de operar desde la cúspide del poder político.

Uno de los elementos más preocupantes es la internacionalización de estos negocios. Proyectos en países como Arabia Saudí, Catar o Vietnam no pueden analizarse como simples inversiones privadas. En contextos donde el Estado tiene un rol dominante en la economía, cualquier acuerdo con una empresa vinculada al presidente de Estados Unidos adquiere inevitablemente un carácter político. Aunque formalmente no se firmen contratos “con gobiernos”, la realidad es que estos proyectos difícilmente existirían sin la aprobación —o el interés— de las autoridades locales.

El problema no es únicamente ético, sino estructural: ¿cómo separar decisiones de política exterior —como la venta de armas, acuerdos comerciales o acceso a tecnología— de intereses económicos familiares? La falta de transparencia alimenta la sospecha de que la política exterior podría estar condicionada por beneficios privados, lo que erosiona la confianza tanto dentro como fuera del país.

A esto se suma el auge de los negocios en criptomonedas. Este sector, ya de por sí volátil y poco regulado, se ha convertido en una fuente masiva de ingresos para el entorno del presidente. La emisión de tokens, las inversiones extranjeras y las monedas “meme” asociadas a su imagen abren una nueva dimensión del problema: la posibilidad de que actores anónimos o extranjeros influyan indirectamente mediante compras difíciles de rastrear. Esto plantea un riesgo evidente para la integridad democrática.

Más allá de los grandes acuerdos, también resulta revelador el uso del propio nombre presidencial como marca comercial. La venta de productos como biblias, zapatillas o guitarras firmadas no es ilegal en sí misma, pero sí cuestionable cuando se realiza desde la posición de máxima autoridad del país. La presidencia deja de ser un cargo institucional para convertirse en una plataforma de monetización personal.

Defensores de Trump argumentan que no existe ilegalidad y que el presidente está exento de ciertas restricciones. Sin embargo, reducir el debate a lo legal es ignorar la dimensión ética. La democracia no solo se sostiene en leyes, sino en normas no escritas que preservan la integridad del sistema. Cuando esas normas se rompen, el daño puede ser más profundo que cualquier infracción formal.

Otro punto clave es la reacción pública. Aunque existen críticas, estas no parecen traducirse en un costo político significativo. Esto sugiere un cambio cultural preocupante: la normalización de prácticas que antes habrían sido escandalosas. Si el electorado deja de exigir estándares éticos elevados, el incentivo para respetarlos desaparece.

En última instancia, lo que está en juego no es solo la reputación de un presidente o su familia, sino el precedente que se establece. Si el enriquecimiento desde el poder se vuelve aceptable, futuros líderes podrían ir aún más lejos, debilitando progresivamente los límites entre lo público y lo privado.

La pregunta ya no es si existe un conflicto de interés, sino cuánto está dispuesto a tolerar el sistema democrático antes de perder su credibilidad.

Fuentes:

  • The Associated Press
  • Forbes
  • The New York Times
  • The Wall Street Journal
  • Pew Research Center

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