jueves, 30 mayo 2024

Ay Monseñor. Elegía para el mural de Catedral

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"Ay monseñor, monseñor, el crimen no tiene fe y no es de cristianos cometerlo monseñor, lo suyo fue un asesinato contra el arte y la identidad": Gabriel Otero

Por Gabriel Otero


Ay monseñor, monseñor, nos tiene estupefactos monseñor. Le guardamos duelo a un mural que tardó años en gestarse y horas en destruirse, que manera tan extraña de amar a su rebaño monseñor.

Lo imagino tomando la decisión fatal: no sé si haya invocado al espíritu santo, y éste haya descendido en forma de paloma, colibrí, zopilote o algo lumínico, un haz, una idea, un rayo, que sé yo, el Señor es raro como sus misteriosas manifestaciones, a Él le atribuyen la perfección y las equivocaciones a sus representantes.   

Se le armó la de San Quintín monseñor, supongo que ya está asesorado por un experto de escenarios en crisis, dos mil 700 azulejos o piezas de cerámica son el precio del escándalo, construir el mural de nuevo es la genuflexión imperativa para que su grey no se desvíe en el camino al paraíso.

Acá entre nos, a la iglesia no le conviene seguir dilapidando adeptos y credibilidad, a cada error, por mínimo que sea, se abren viejas cicatrices y se recuerdan siglos de abusos y torpezas: hasta 2007 la iglesia católica había perdido en 15 años un 4 % de su feligresía (1), cifra bastante respetable si se considera que existen 1181 millones de bautizados en el mundo (2).

¿Qué costo tienen el perdón y la humildad? Póngase en los pies de los dos mil 700 creyentes y familias contribuyendo a mejorar la inacabada Catedral Metropolitana de San Salvador, el templo de todos, testigo de tantas matanzas y recinto desde el que Monseñor Romero proclamaba sus esclarecedoras homilías cuando asesinaban a mansalva a su pueblo.

La ineptitud no tiene memoria monseñor, la identidad de un país se construye día con día y vaya que a El Salvador le ha costado encontrar símbolos de unión entre sus habitantes. Y a lo mejor la nuestra es una identificación playera, primitiva, ingenua, artesanal, colorida y de toalla, pero al fin y al cabo es de nosotros.

Hace 31 años que intentamos reconciliarnos, el mural de Fernando Llort “La armonía de mi pueblo”, con denominación de origen de La Palma, era el homenaje a la paz y la esperanza, tan maltrechas en estos días por la voracidad y corrupción de los de siempre.

Ay monseñor, monseñor, el crimen no tiene fe y no es de cristianos cometerlo monseñor, lo suyo fue un asesinato contra el arte y la identidad, aunque usted lo quiera ver con otros ojos.

¿Habrá cabida para el arrepentimiento monseñor? ¿O la rectificación vendrá a paso de caracol como ha sucedido ad perpetuam en la historia oscura de la iglesia?

_________________

(1) “Preocupa a obispos baja de la grey católica; disminuyó 4% en 15 años”,   La Jornada, edición electrónica, 20 de abril de 2007

(2)  Cifra según el Anuario Pontificio 2011

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Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.
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