jueves, 23 mayo 2024
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"Estúpida e inepta para conducir vehículos, gente que nunca debió haber aprobado su examen de manejo de no ser por las múltiples fallas en nuestros sistemas de selección de conductores": Nelson López Rojas

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Por Nelson López Rojas


El morbo nos invade y los medios y pseudo medios no dejan de transmitir las imágenes del accidente en Los Próceres. En mi mente recreo una y otra vez que he pasado por esa ruta hacia el trabajo y que quizás pudo haber pasado hoy de no haber tenido una reunión de trabajo en otro punto de la ciudad.

Y ese no es el único accidente fatal, hay muchos todos los días porque la gente anda loca. La gente ha andado loca por mucho tiempo. La intolerancia nos corroe, el mantenimiento nos resbala, el enfado se nos sale de las manos, el aire que respiramos nos intoxica a tal punto de nublar nuestra cordura y nuestra razón. A nadie le importan las nuevas multas ni los semáforos inteligentes ni las nuevas disposiciones; aquí lo que importa es lo que digo YO, el supremo dios y señor de las carreteras porque, al fin y al cabo, yo hago lo que quiero y no hay consecuencias.

He señalado por mucho tiempo las incoherencias de nuestra red vial y la ineficiencia al momento de aplicar las leyes. Vemos chicas sin licencia en motocicletas que se pueden librar de una multa con un simple coqueteo con el oficial. Vemos camiones cañeros modificados en “v” para que puedan llenarse más y así aprovechar más al obrero. Vemos camiones areneros que no tienen una sola luz atrás y acusamos al desdichado que se estrelló en él por haber andado a excesiva velocidad. Vemos gente estúpida que, viendo el atascamiento adelante, prefiere topársele al siguiente vehículo para no desperdiciar esos valiosos milisegundos de luz verde.

Sí, dije gente estúpida. Estúpida e inepta para conducir vehículos, gente que nunca debió haber aprobado su examen de manejo de no ser por las múltiples fallas en nuestros sistemas de selección de conductores. Gente que maneja como si vivieran en GTA metiéndose y atravezándosele a medio mundo. Pero estúpidos son también los que no aplican las leyes como deberían y estúpidos los que ponen las señales de alto detrás de un poste, o los de las alcaldías que no podan los árboles para que esa señal sea legible, o los encargados de los semáforos que no los reparan después de un accidente. Es una estupidez generalizada.

Estúpida también es la gente que opina sin tener conocimiento. “¡Cucificadle!” —se oye en las redes. Estúpida es también quien decidió tomarle la foto al motorista para publicarla y que lo crucifiquen. Como siempre al perro más flaco se le pegan todas las pulgas. El empleadito conductor de la rastra es solo eso: un empleado. ¿Acaso es él el dueño del automotor? ¿Acaso lo hizo adrede? ¿Acaso no se quejó en múltiples ocasiones de negligencia en el mantenimiento de la unidad o de las llantas lisas? Siempre los salvadoreños buscamos a quién echarle la culpa y que el empleadito del restaurante pague la cuenta del mafioso que se fue sin pagar.

Hay que obligar a las empresas a un plan de mantenimiento controlado por un ente transparente que se encargue de las inspecciones. Se deben instalar límites de velocidad y de control de peso a la carga. Hay que pensar en los motoristas como seres humanos y no como peones en un juego que siempre gana el dueño de los transportes. ¿Cuántos accidentes han habido por cansancio? Aunque se les pague más, hay que entender que el cuerpo necesita descanso y si no tengo a otro motorista, pues ¡no se hace el viaje!

¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando tanta ineptitud en este país? Las leyes están. El reglamento está. Lo que nos hace falta es el seguimiento y la capacidad para multar a quien sea necesario y así PREVENIR futuras desgracias en las sangrientas carreteras del país. Si no hay consecuencias, todo seguirá igual.

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Nelson López Rojas
Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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