Zarko Pinkas |
Bajo los pasos del mundo,
mi cuerpo aprende a ser tierra.
Nadie escucha mi sangre.
Nadie pregunta quién queda.
Octubre tiñe de rojo
la boca oscura del suelo.
Quiero gritar, pero el grito
se me pudre en el silencio.
Pienso…
y el pensamiento se hunde.
Pienso…
y ya no sé quién piensa.
Arriba, la vida camina.
Abajo, no queda nadie.
Solo este peso infinito
y un octubre que no acaba.


