Zarko Pinkas |
Alter Ego llevó esta noche a Repúblik, en la Zona Rosa, un repertorio dedicado a Pet Shop Boys, Depeche Mode e INXS, en una presentación que reunió a un público numeroso y que demostró que interpretar a grandes bandas no necesariamente significa imitarlas, sino encontrar una nueva manera de llevar sus canciones al escenario.
Hay noches en las que uno llega a un bar sin pensar en escribir una nota. Llega, simplemente, a escuchar música, a encontrarse con canciones conocidas y, sobre todo, a pasarla bien. Eso fue lo que ocurrió esta noche en Repúblik, en la Zona Rosa, donde la banda Alter Ego ofreció un especial dedicado a tres nombres fundamentales de la música de los años ochenta y noventa: Pet Shop Boys, Depeche Mode e INXS.
El lugar estaba lleno y la banda asumió una tarea que no era precisamente sencilla. Interpretar canciones de Pet Shop Boys y Depeche Mode implica enfrentarse a sonidos cuya identidad está estrechamente ligada a los sintetizadores, las secuencias y una producción electrónica muy particular. Alter Ego, sin embargo, no intentó hacer un ejercicio de imitación exacta. Y ahí estuvo, quizá, uno de los mayores aciertos de la noche.
Como seguidor del synth-pop y coleccionista de discos de Pet Shop Boys y Depeche Mode, escuchar esas canciones llevadas a una formación de cuatro músicos, con guitarra, batería y una puesta en escena distinta, resultó una experiencia agradable. No se trataba de reproducir un disco nota por nota ni de hacer un “copy-paste” de las bandas originales, sino de llevar esas composiciones hacia otro territorio sin perder completamente su esencia.
Es algo que la propia historia de Pet Shop Boys demuestra. En 1989, el dúo produjo junto con Julian Mendelsohn Results, el álbum de Liza Minnelli que transformó el repertorio de la cantante desde una perspectiva de pop electrónico y synth-pop. Allí canciones y composiciones asociadas a Tennant y Lowe adquirieron otra dimensión al pasar por la voz y la teatralidad de Minnelli. El resultado fue precisamente eso: una canción que cambia de piel sin dejar de ser la misma canción.
Algo parecido ocurre cuando una banda como Alter Ego toma ese repertorio y lo lleva a un escenario de bar. La canción no tiene por qué sonar exactamente como en el disco para conservar aquello que la hace reconocible. A veces, incluso, resulta interesante descubrir qué ocurre cuando una composición pensada originalmente para máquinas, secuenciadores y sintetizadores encuentra otra forma de respiración sobre un escenario.
De Depeche Mode aparecieron canciones de una etapa particularmente importante de su trayectoria, con referencias a Music for the Masses y Violator, dos discos fundamentales para entender la evolución del grupo y también para comprender por qué interpretar su música no es una tarea menor. Pet Shop Boys, por su parte, tuvo una presencia que personalmente habría querido un poco mayor. Siendo una noche dedicada a tres bandas, quizá habría disfrutado algunas canciones más del dúo británico, aunque esa percepción no le resta valor al conjunto de la presentación.
Con INXS ocurrió algo distinto. Da la impresión de que allí Alter Ego se movía con mayor comodidad, quizá porque el lenguaje de la banda australiana permite una relación más directa con la guitarra, la batería y el formato tradicional de una banda de rock. Y eso también fue agradable de observar: tres universos musicales diferentes conviviendo en una misma noche, sin que necesariamente tuvieran que sonar iguales.
Tampoco fui a buscar errores. Cuando uno va a escuchar música en vivo, especialmente cuando se trata de músicos que están haciendo su trabajo sobre un escenario, prefiero quedarme con la intención, con la energía y con aquello que consiguen transmitir. Las bandas no son máquinas de reproducción y una presentación en vivo tampoco debería medirse únicamente por su capacidad de reproducir un disco con exactitud quirúrgica.
Repúblik, además, tiene algo que merece destacarse. Su personal mantiene un trato amable y respetuoso, tanto en la entrada como en la barra, sin esa sensación de estar siendo permanentemente vigilado o atendido de manera invasiva. Hay una preocupación por hacer que quien llega se sienta cómodo y parte del ambiente, algo que no siempre resulta sencillo en los lugares de entretenimiento nocturno.
Y quizá ahí está una de las principales virtudes de Repúblik dentro de la Zona Rosa. Su programación no se queda encerrada en un solo género. Hay noches dedicadas al rock, al emo, al reggaetón, a la salsa, a la música latina, al bolero y a distintas expresiones musicales. Esa diversidad le permite reunir públicos diferentes y convertir el lugar en uno de los espacios que mantienen activa la vida nocturna de una Zona Rosa que, en otros sectores, parece haber perdido buena parte de la vitalidad que tuvo años atrás.
Por eso, más que recomendar Repúblik como si existiera un único tipo de público que debiera acudir allí, recomendaría revisar su programación y buscar una noche que tenga que ver con los propios gustos. No todos escuchamos las mismas bandas ni esperamos lo mismo de una noche de música. Y precisamente esa diversidad es una de las cosas que hacen interesante al lugar.
Esta noche, Alter Ego consiguió algo que para mí es más importante que la imitación perfecta: permitió volver a escuchar canciones conocidas desde otra perspectiva. Y cuando una banda logra que uno, siendo coleccionista y seguidor de esos grupos, vuelva a encontrarse con una canción de otra manera, entonces la noche ya cumplió su propósito.
Uno llegó a Repúblik a escuchar música. Y salió con ganas de volver a hacerlo.



