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martes, 25 agosto 2026

China le responde a Estados Unidos: no aceptará presiones sobre sus intereses con Irán

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Por Alonso Rosales

China elevó este martes el tono de su respuesta frente a la nueva ofensiva económica de Estados Unidos contra Irán y advirtió que no permitirá que Washington interfiera en sus relaciones comerciales con Teherán. La posición de Pekín coloca nuevamente en el centro de la disputa internacional no solo el conflicto con Irán, sino también el poder que Estados Unidos ejerce sobre el sistema financiero mundial a través del dólar.

El Gobierno estadounidense anunció una nueva campaña de presión económica destinada a asfixiar las fuentes de ingresos de Irán y amenazó con aplicar sanciones secundarias a países, empresas y entidades financieras que continúen haciendo negocios con Teherán. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que las entidades que faciliten determinadas operaciones financieras relacionadas con Irán podrían ser expulsadas del sistema basado en el dólar.

La amenaza tiene una dimensión económica considerable. Washington pretende utilizar el acceso al sistema financiero estadounidense como mecanismo de presión para obligar a terceros países a escoger entre mantener sus relaciones comerciales con Irán o conservar su acceso a los mercados y mecanismos financieros vinculados al dólar.

Pekín, sin embargo, considera que esa política constituye una forma de presión unilateral que afecta los intereses legítimos de otros Estados.

El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, afirmó que las sanciones unilaterales que no cuentan con autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas carecen de fundamento en el derecho internacional. China sostuvo además que la cooperación económica con Irán se desarrolla dentro del marco legal internacional y que no debe ser interferida ni perjudicada por terceros países.

La advertencia china es particularmente importante porque China es el principal comprador del petróleo iraní y constituye uno de los principales sostenes comerciales de la economía de Teherán. Una parte significativa de las exportaciones petroleras iraníes tiene como destino el mercado chino, lo que convierte a Pekín en un actor difícil de excluir de cualquier estrategia estadounidense destinada a aislar económicamente a Irán.

Pero el problema trasciende la relación China-Irán. En el fondo se encuentra una disputa sobre el futuro del sistema financiero internacional.

Estados Unidos continúa utilizando el predominio del dólar como una de sus principales herramientas de política exterior. La amenaza consiste en que las empresas o países que mantengan determinadas operaciones con Irán puedan perder el acceso al sistema financiero denominado en dólares. Washington presenta estas medidas como una oportunidad para que los gobiernos modifiquen sus políticas, pero para sus críticos se trata de una presión económica que limita la libertad de decisión de terceros países.

La respuesta de China refleja precisamente esa preocupación. Pekín ha defendido reiteradamente una mayor diversificación del sistema financiero internacional y el uso de monedas nacionales en el comercio bilateral. En ese contexto, los mecanismos de cooperación impulsados por los BRICS y sus socios adquieren mayor relevancia, particularmente cuando permiten reducir la dependencia de intermediarios financieros estadounidenses.

El objetivo no necesariamente consiste en eliminar inmediatamente al dólar, algo que todavía resulta poco realista debido a su enorme peso en el comercio, las reservas internacionales y los mercados financieros. La tendencia que preocupa a Washington es diferente: que cada vez más países desarrollen mecanismos para comerciar en yuanes, monedas nacionales u otros instrumentos financieros y reduzcan su exposición a las sanciones estadounidenses.

La disputa con Irán puede acelerar ese proceso.

China ha dejado claro que no desea que sus relaciones comerciales sean determinadas por decisiones unilaterales de Washington. Y también ha advertido que, si Estados Unidos amplía las sanciones contra empresas chinas, Pekín adoptará las medidas necesarias para proteger sus intereses legítimos.

La confrontación, por tanto, ya no es exclusivamente entre Estados Unidos e Irán. También representa una batalla por las reglas del comercio internacional y por quién tendrá capacidad para definir qué países pueden acceder al sistema financiero global.

Washington apuesta por el poder de las sanciones y del dólar. China responde defendiendo su soberanía económica y promoviendo relaciones comerciales menos dependientes de las decisiones estadounidenses.

El resultado puede tener consecuencias mucho más amplias que el conflicto iraní. Si las amenazas de Washington terminan impulsando a más países a utilizar monedas nacionales y mecanismos financieros alternativos, la política diseñada para aislar a Irán podría terminar acelerando precisamente el proceso que Estados Unidos intenta evitar: una economía mundial progresivamente menos dependiente del dólar.

Fuentes: Reuters, Ministerio de Relaciones Exteriores de China/Xinhua, CNN, The Washington Post, Financial Times y The Wall Street Journal.

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