Juana Ramírez Salgado |
Y se puso a pensar en el alma: ¿dónde está mi alma? Se preguntó.
Y luego la encontró.
Estaba en sus entrañas, en ese retorcijon que le daba cuando el estrés la consumía, ahí estaba en ese colon irritable donde las emociones, las preocupaciones se manifestaban. Sería bueno tener conocimiento médico, se dijo.
Luego pensó en su corazón y descubrió que su alma estaba ahí en esa subida de presión que la angustiaba.
Y en ese momento pensó en el dolor de las articulaciones, en la fibromialgia ahí estaba su alma, la decepción, el resentimiento por las injusticias se manifestaban con dolores inaguantables.
El alma no se ve pero se siente, ahí están los sentimientos, los que nos hacen felices y los que nos dan tristezas. Creo que lo negativo nos enferma y los pensamientos positivos nos sanan. Nos preocupamos muchas veces por cosas que imaginamos, por el futuro, que nadie conoce, por las enfermedades que todos en algún momento padecemos, por la muerte que es inevitable y nos olvidamos de vivir un día a la vez y no disfrutamos de los minutos o segundos felices.
Nos olvidamos de agradecer por haber despertado en la mañana con o sin dolores, acompañados o solos, con problemas familiares o problemas materiales, pero vivos, muchos no tuvieron esa alegría de poder ver un nuevo amanecer y dejar que las cosas fluyan nada podrá cambiar lo que ha de pasar esa es la realidad.
Cada día tiene su propio afán. Dejemos que el alma descanse que pueda tenderse en un verde prado y una suave brisa la acaricie por un momento. Dejemos que nada nos preocupe. Que podamos sonreír y mirar con los ojos cerrados un maravilloso cielo que nos llene de paz, una paz que haga que todo nuestro ser se olvide de lo que nos preocupe.
Demos vacaciones a nuestra alma esa alma que está unida a nosotros por hilo que se llama vida.


