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miércoles, 26 agosto 2026

Trump y Netanyahu se enfrentan por la invasión a Líbano

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Alonso Rosales, analista internacional

Una grieta inusual —y explosiva— se abre en una de las alianzas más sólidas de la geopolítica contemporánea. Según reportes del diario Axios y otras fuentes internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habría sostenido una tensa y dura conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en la que no solo lo confrontó directamente, sino que lo habría calificado de “loco” y “enfermo”, en medio de la escalada militar en el Líbano.

La discusión, descrita como feroz, refleja mucho más que un desacuerdo táctico. De acuerdo con estas versiones, Trump incluso habría intervenido para frenar bombardeos en territorio libanés tras informes de inteligencia estadounidense que advertían que la ofensiva impulsada por Netanyahu no respondía únicamente a objetivos de seguridad, sino a un intento deliberado de sabotear un eventual acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán.

De confirmarse, este episodio marcaría un punto de inflexión histórico. Durante décadas, la relación entre Washington y Tel Aviv ha sido prácticamente inquebrantable en el plano público. Las diferencias, cuando existían, se manejaban en privado. Sin embargo, lo que hoy se ventila rompe con ese patrón: una confrontación directa, personal y sin matices entre dos figuras clave de la derecha global.

Más allá del tono del intercambio, lo que subyace es una disputa de intereses. Por un lado, Estados Unidos —incluso bajo liderazgos tradicionalmente alineados con Israel— parece reconocer que una escalada en el Líbano podría incendiar toda la región y dinamitar cualquier avance diplomático con Irán. Por otro, Netanyahu, según estas mismas fuentes, estaría apostando por una estrategia de tensión permanente que refuerce su posición interna.

No es un secreto que el primer ministro israelí enfrenta múltiples cuestionamientos y procesos por presunta corrupción. En ese contexto, sus críticos sostienen que la prolongación del conflicto y la narrativa de amenaza constante funcionan como un mecanismo de supervivencia política. La guerra, en este sentido, deja de ser solo un instrumento de defensa para convertirse en una herramienta de poder.

Las acusaciones son graves y deben ser analizadas con cautela. Sin embargo, evidencian una percepción cada vez más extendida: sectores de la ultraderecha israelí no buscan una coexistencia estable en Medio Oriente, sino la imposición de un orden favorable a sus intereses estratégicos, aun a costa de desestabilizar la región.

El señalamiento de que acciones militares podrían estar dirigidas a sabotear acuerdos internacionales no solo tensiona la relación con Washington, sino que expone los límites de una alianza que, hasta ahora, parecía incuestionable.

Si algo deja claro este episodio es que incluso los aliados más cercanos pueden chocar cuando sus agendas divergen. Y en este caso, el costo de ese choque no es menor: la posibilidad de una guerra regional, el colapso de negociaciones diplomáticas clave y un reordenamiento del equilibrio de poder en Medio Oriente.

Por primera vez en mucho tiempo, la relación entre Estados Unidos e Israel no parece monolítica. Y eso, en sí mismo, ya es una señal de alarma para el mundo.

Fuentes: Axios; FRACE 24

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