Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa
El año 1944 grabó en mi memoria algunos hechos dispersos, que recuerdo vagamente y he refinado con informaciones posteriores. Recuerdo el ambiente vivido, por lo menos en mi casa de Santa Tecla, cuando llegó a la presidencia manu militari el coronel Osmín Aguirre y Salinas, Director de la Policía Nacional, mediante golpe del 21 de octubre de 1944, y cercenó la llamada aurora del 2 de abril que, durante 6 meses anteriores, iluminó esperanzas para un El Salvador mejor.
Cuando me inicié en lides universitarias, a fines de los 1950, se hablaba en la izquierda universitaria sobre las gloriosas jornadas de abril y mayo, el zarpazo retrógrado de Aguirre y Salinas en octubre y las luchas heroicas de San Miguelito, en San Salvador y los Llanos del Espino, en Ahuachapán, ocurridas en diciembre. Todo eso en 1944, año de efervescencia política y popular en El Salvador que vivía el final de la dictadura martinista y los brotes de esperanzas para construir democracia y bienestar para todos, anhelo aún inacabable.

Las “gloriosas jornadas de abril y mayo”, sus figuras y acciones, eran parte del arsenal de ideas de la izquierda del país, incluidos los miembros del Partido Comunista (PC) y sus cercanos
Abril y mayo tenían sus héroes y sus villanos: el Dr. Arturo Romero, médico y humanista, llamado “El Hombre Símbolo de la Revolución; el mártir civil Víctor Manuel Marín, y los militares general Alfonso Marroquín, mayor Julio Faustino Sosa y muchos otros fusilados en la orgía de sangre que comandó el dictador acorralado Hernández Martínez en abril de 1944.
Octubre tuvo sus mujeres mártires Altagracia Kalil y Adelina Suncín asesinadas por agentes del Estado bajo el mando de Osmín Aguirre y Salinas que hizo escribir al gran poeta cumbre Osvaldo Escobar Velado: “Valiente la policía/ orden de los coroneles/en la hora más amarga/mataron a dos mujeres”.
Diciembre presenció el heroísmo de combatientes caídos, el 12 de diciembre de 1944, en el Barrio San Miguelito, de San Salvador, destacando Francisco Chávez Galeano, joven médico alzado en armas y los muertos por enfrentar en el Llano del Espino, Ahuachapán, como el universitario Herbert Lindo y muchos otros.
Es importante releer sobre las gestas de El Espino, el trabajo de Jorge Arias Gómez, (1923-2002) intelectual del Partido Comunista quien, a sus 21 años de edad fue uno de los combatientes en El Espino que sobrevivieron para contarlo. El trabajo puede hallarse en Internet con el título de “Jornada de Ahuachapán: 12 de diciembre La de 1944”
Esos hechos en El Salvador conmovieron la opinión continental. El II Congreso Latinoamericano de Estudiantes, celebrado en La Plata Argentina, en abril de 1957, decidió que el 12 de diciembre sería el Día del Estudiante Latinoamericano en homenaje a universitarios que cayeron combatiendo la dictadura de El Salvador el 12 de diciembre de 1944. Cuando ingresé en 1959 a la Universidad de El Salvador todavía se rememoraba esa fecha. El tiempo ha hecho lo de siempre y poco a poco la gesta fue cayendo en el olvido, al menos como Día del Estudiante Universitario.
A fines de 1945, pasé a mis 4 años por un percance de violencia. Mi madre me envió a las “ruedas de caballitos” ubicadas en un parque de Santa Tecla, donde se conmemoraban las fiestas decembrinas. Iba acompañado de dos hermanitas de 6 y 10 años. Mi traje era blanco y rojo.
En medio de la alegría, un borracho machete al cinto me agredió y me desgarró el traje blanco y arrancó los botones rojos, pues el rojo y blanco eran los colores del Dr. Arturo Romero en su campaña presidencial abortada por el golpe de Estado de Aguirre y Salinas. Fue mi primer contacto con la violencia política que era inherente a la vida nacional. Seguramente el borracho era de los muchos humildes anticomunistas donde se han nutrido las patrullas cantonales, el servicio territorial y ORDEN, instrumentos represivos de control social para proteger el estatus quo que ha habido a lo largo de nuestra historia.

En 1950 ingresó al tercer grado del Colegio Santa Cecilia el niño Julio Faustino Sosa, el hijo del militar de igual nombre fusilado en 1944. Tendría 3 años cuando sucedió el fusilamiento. Cuando lo conocí ya rondábamos los 9 años y él aún conservaba una cara de mucha tristeza recordando a su padre y medio recordando el trauma de su fusilamiento. Conocí de primera mano el rostro que deja la violencia dictatorial.
Las gloriosas jornadas de abril y mayo de 1944 quedaron en La reserva moral y política de la izquierda salvadoreña. Por eso, el PC intentó abrir puertas, o más bien forzarlas, por medio de solicitar, en varias ocasiones, inscripción para un Partido Revolucionario Abril y Mayo (PRAM) que figuraba de facto en las convocatorias a reuniones públicas sobre todo en el marco del Frente Nacional de Orientación Cívica que combatió al tiranuelo de turno José María Lemus derrocado en 1960.
Las solicitudes de inscripción eran desechadas por un Consejo Central de Elecciones que estaba subordinado al poder político- militar, sea del PRUD o del PCN. Aducían aquel artículo de 1950 de la Constitución de 1950 que prohibía “la propagación de doctrinas anarquistas y contrarias a la democracia” y renovado en la del 1962 que decía casi lo mismo y agregaba lo de “doctrinas comunistas”. Por eso el PRAM no lograba inscripción, aunque hasta tenía una publicación ocasional.
El último intento se hizo a la altura de 1963 ó 1964. Recuerdo que en una casa de San Salvador conseguida por el líder universitario Eduardo Castillo Urrutia, ante los oficios del notario Dr. Gustavo Adolfo Noyola y con el liderazgo político de Raúl Castellanos Figueroa, 27 salvadoreños nos reunimos para firmar la solicitud de inscripción del PRAM, que fue rechazada por los obsecuentes miembros del Consejo Central de Elecciones. Los medios publicaron la solicitud inscripción rechazada y la lista de los 27 solicitantes que, por supuesto, quedaron expuestos por la “prensa seria” como “intolerables subversivos”.
Después, el PC canalizó sus planes electorales a través de partidos prestados como es el caso del Partido Acción Renovadora, el cual fue ocupado en 1966 para participar en las pioneras elecciones presidenciales de 1967 con Fabio Castillo Figueroa como candidato. Después de las elecciones el PAR fue cancelado por el Consejo de Elecciones con los mismos argumentos anti-comunistas. Un nuevo intento de inscribir un Partido de Acción Revolucionaria o un Partido Revolucionario tuvo el mismo destino.

Ante los intentos frustrados, el PC tomó el partido Unión Democrática Nacionalista, fundado en los 1960 por el político derechista Francisco Roberto Lima pero que, en un gesto político difícil de calificar, lo cedió al PC para que participara en 1972 en la Unión Nacional Opositora UNO (PDC, UDN y MNR) y tuviera sus diputados en plena dictadura. Quizá como recompensa, el PC propuso a Chico Lima para que en 1994 fuera el candidato a Vicepresidente del FMLN en las primeras elecciones después del Acuerdo de Paz de 1992.
Sólo queda el recuerdo de las “gloriosas jornadas de abril y mayo de 1944” y sus secuelas en el largo camino recorrido por El Salvador para construir un país democrático, desarrollado y con justicia y dignidad para todos. De mi parte, sigo dándole batalla al olvido.
Galería

Dr. Arturo Romero

Mayor Julio Faustino Sosa, alzado el 2 de abril de 1944 y fusilado el 10 de abril del mismo año.

Francisco Chávez Galeano, médico muerto en combate en San Miguelito, San Salvador, 12 de diciembre de 1944.


