Zarko Pinkas-Ramírez |
La película salvadoreña dirigida por Arturo López Rodas propone una reflexión sobre el tiempo, la muerte y la amistad desde una mirada íntima y cercana.
La historia sigue a tres hombres adultos que se reencuentran tras el funeral de un amigo en común, Andrés. A partir de ese momento —sentados frente a una mesa, compartiendo café— se despliega una serie de diálogos que, lejos de buscar el dramatismo evidente, se sostienen en lo cotidiano para abordar temas universales como el paso del tiempo, la vejez, la muerte y la memoria.
Uno de los elementos más destacados de la película es su apuesta estética. Filmada en blanco y negro, con una imagen nítida y bien definida, la cámara acompaña las conversaciones mediante movimientos laterales sutiles, generando una sensación de cercanía que refuerza la intimidad del relato. Este recurso no solo construye ritmo, sino que también coloca al espectador dentro de la escena, como un participante más.
A nivel interpretativo, la película encuentra uno de sus mayores aciertos: sus protagonistas no son actores profesionales: Ricardo es interpretado por Francisco Martínez, José por Ángel Flamenco y Paco por Francisco Graniello. Sin embargo, lejos de convertirse en una limitación, esta decisión aporta una cualidad poco frecuente en el cine: la honestidad. Las actuaciones fluyen con naturalidad, sin artificios, permitiendo que los diálogos respiren y que los silencios también hablen.
El lenguaje es otro punto clave. Vértices se construye desde lo local, desde el habla salvadoreña, con sus modismos, sus pausas y hasta sus palabras más directas, que en ningún momento se sienten forzadas o innecesarias. Por el contrario, contribuyen a una sensación de autenticidad que termina por integrar al espectador dentro de la conversación.
A lo largo de la película, los personajes transitan distintos espacios —un restaurante, un bar, una calle, el mar— que funcionan como escenarios para una reflexión constante sobre la vida y su desgaste. En uno de los momentos más particulares, la película introduce el color, marcando un quiebre visual que acompaña un cambio en el tono emocional. Es también ahí donde los personajes miran directamente a cámara y se dirigen al amigo ausente, generando una ruptura que traslada la reflexión hacia quien observa.
Hay, además, un cruce generacional que se hace evidente en una escena puntual dentro de un bar, donde la interacción con un personaje más joven expone tensiones contemporáneas: el lenguaje, el respeto y la percepción del paso del tiempo. La escena, que oscila entre lo incómodo y lo irónico, deja ver una fractura que va más allá de lo anecdótico.
En términos de duración, la película encuentra su medida justa. No se extiende más de lo necesario ni cae en repeticiones. Su ritmo, aunque pausado, se sostiene sin volverse tedioso, manteniendo la atención a través del peso de sus diálogos y la construcción de sus personajes.
La musicalización, a cargo de Mauricio Valdés, acompaña de forma adecuada las escenas, aportando un soporte sonoro que se integra sin imponerse, reforzando los momentos clave sin desviar la atención del desarrollo narrativo.
Más allá de su forma, Vértices funciona como una reflexión abierta. No impone respuestas ni busca conclusiones definitivas; más bien, propone preguntas que permanecen después de terminada la proyección. En ese sentido, su enfoque existencialista se construye desde lo humano, desde lo reconocible.
La película fue presentada en el Teatro Célula, en la colonia San Benito, como parte de una función que permitió el encuentro directo con esta propuesta del cine salvadoreño contemporáneo donde el director Arturo López Rodas y los actores hablaron con el público presente.
Vértices es una película que se puede ver más de una vez, no por complejidad innecesaria, sino por la cantidad de capas que se revelan en cada conversación.
Recomendación: sí, vale la pena verla. No solo por su propuesta estética, sino porque ofrece una mirada distinta dentro del cine salvadoreño: una que apuesta por la reflexión, la naturalidad y la honestidad como elementos centrales.
Vértices obtuvo el premio a Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine Ícaro, además de una mención honorífica en el Festival Internacional de Cine de Nicaragua. También ha formado parte de selecciones oficiales en el ciclo de cine centroamericano en Viena y en el Philadelphia Latino Arts and Film Festival.










