Zarko Pinkas-Ramírez |
Las nuevas restricciones al internet, el bloqueo de aplicaciones y la presión sobre el uso de VPN están generando críticas incluso desde sectores afines al Kremlin.
El endurecimiento del control sobre internet en Rusia está provocando un creciente descontento entre la población. En las últimas semanas, el acceso a plataformas como Telegram se ha vuelto limitado sin el uso de VPN, herramientas que también comienzan a ser restringidas por las autoridades.
Las dificultades afectan la vida cotidiana. Ciudadanos reportan problemas para trabajar, estudiar o realizar trámites bancarios, mientras aplicaciones oficiales bloquean el acceso cuando detectan el uso de VPN. La situación obliga a los usuarios a alternar constantemente entre conexiones, generando frustración generalizada.
El malestar ha comenzado a reflejarse incluso en redes sociales, donde usuarios —cuando logran conectarse— expresan críticas abiertas. También figuras públicas han alzado la voz. La influencer Victoria Bonya cuestionó la desconexión entre el poder y la ciudadanía, en un mensaje que alcanzó millones de visualizaciones.
A estas críticas se sumó el actor Iván Okhlobystin, cercano al Kremlin, quien calificó las restricciones digitales como “un enorme error” y las comparó con prácticas de la Unión Soviética.
Mientras tanto, el gobierno defiende las medidas por razones de seguridad, vinculándolas al conflicto con Ucrania. Sin embargo, analistas advierten que estas acciones se alinean con un proyecto más amplio de “internet soberano”, que busca aislar digitalmente al país.
El creciente control coincide con la preparación de las elecciones parlamentarias de septiembre, en un contexto marcado por la censura y la tensión interna.


