Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa
Recientemente leí una crónica sobre el documental argentino del 2024 titulado “Traslados”, dirigido por el joven cineasta argentino Nicolas Gil Lavedra (1983) donde se describe y analiza la cruel practica represiva de la dictadura militar argentina que sedaba seres humanos, los ataba de extremidades y los lanzaba vivos, desde naves militares, al mar o a ríos.
Esos “Vuelos de la muerte” se asocian con el recuerdo de las dictaduras del Plan Cóndor (Videla en Argentina y Pinochet en Chile) principalmente en la década de los 1970. Sin embargo, para ser precisos en la historia, debe decirse que la invención de ese método asesino está en Francia, “cuna de libertad y democracia”, que como potencia colonial europea lo utilizó para reprimir independentistas de Madagascar (1947) y Argelia (1957).
La versión chilena de esta práctica se perpetró en la “Caravana de la muerte”, cuando Pinochet y sus secuaces instalaron, en 1973, la larga dictadura cívico militar 17 años. Por algo algunos conosureños de América Latina se consideran europeízados y afrancesados.
También Guatemala, escenario de exterminio de pueblos indígenas, quema de embajadas con gente adentro, como la de España en enero de 1980, y prácticas contrainsurgentes de mucha crueldad, tuvo sus “vuelos de la muerte”. Mucho antes de la “Operación Cóndor, los1960, Guatemala registró el exterminio de dos Comités Centrales del Partido Guatemalteco del Trabajo, en uno el Secretario General era Víctor Manuel Gutiérrez (1966) y en otro, Bernardo Alvarado Monzón. (1972). La diferencia con los franceses y conosureños es que los represores guatemaltecos lanzaban los cuerpos a cráteres de volcanes.
Y por ahí van las cosas. Preocupa y llama la atención el hecho de que negacionistas o partidarios de esas atroces prácticas estén de moda y triunfantes en las luchas políticas de varios de nuestros países y tengan abundante apoyo popular. Milei en Argentina y Kast en Chile han expresado recientemente apoyo y justificación a personajes civiles y militares condenados por ese cruel “terrorismo de estado”.
Es necesario no olvidar estos hechos y otros similares que han sucedido en nuestros países para que, como dice el lugar común, “no se repitan” y contrarrestar la tendencia de edulcorar y hasta justificar, en nombre de una “maldad de ambos lados”, las atrocidades cometidas desde los aparatos del Estado. Para El Salvador la lección suprema es no crear condiciones para un nuevo conflicto armado interno pues, como lo ha poetizado Antonio Machado: “La guerra es mala y bárbara; la guerra, odiada por las madres, las almas entigrece; (,,,)
Es bárbara la guerra y torpe y regresiva”.
Algo ha pasado en la actividad política para que las derechas se envalentonen, las izquierdas luzcan arrinconadas y los sectores populares de la sociedad se dejen engañar y conducir por demagogos y partidarios de las crueldades políticas de las cuales un solo ejemplo lo constituyen “los vuelos de la muerte
Puede verse en el siguiente enlace un libro titulado “El Vuelo” publicado en 1995 por al escritor argentino Horacio Verbitsky con entrevistas a Adolfo Scilingo, militar argentino que trabajó en esos vuelos y describe cómo, a veces, llevaban médicos encargados de sedar a los que creían que eran trasladados de penal, pero que en realidad eran trasladados a la desaparición de la existencia humana.



