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viernes, 3 julio 2026

Entrevista | Cada viaje, una lección: la historia inspiradora de Rakel Clemente

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Rakel Clemente es una mujer que ha hecho de cruzar fronteras una forma de vida; ha elegido detenerse, observar, escuchar y dejar que cada viaje le enseñe algo nuevo.

Por Zarko Pinkas.

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Rakel Clemente es una mujer que ha hecho de cruzar fronteras una forma de vida. Nacida en Barakaldo y residente en Sestao, ha recorrido caminos que la han llevado desde la serenidad de Nepal hasta la inmensidad de Chile, pasando por Larabanga, donde la hospitalidad africana le dejó una huella imborrable.

Cada destino ha sido más que un punto en el mapa; ha sido una experiencia vital, un aprendizaje profundo. En tiempos en los que todo parece efímero, ella ha elegido detenerse, observar, escuchar y dejar que cada viaje le enseñe algo nuevo.

Su andar por Asia, África, América, Oceanía y Europa refleja la visión de una mujer independiente que busca no solo conocer lugares, sino también comprender las historias, los rostros y las culturas que habitan en ellos. Rakel viaja para descubrir el mundo, pero también para descubrirse a sí misma, una travesía tan vasta como los horizontes que la esperan.

Torres del Paine, Chile.



1. Para empezar… ¿Cómo nació en ti esa inquietud de agarrar la mochila e irte sola a descubrir el mundo?

La primera vez que viajé sola estaba viviendo en Bolivia, realizando una experiencia de voluntariado. Cuando llegaron las vacaciones, nadie podía viajar conmigo, así que decidí que no iba a quedarme sin conocer nuevos lugares por ese motivo. Metí algo de ropa en una mochila escolar y una guía Lonely Planet en inglés sobre Bolivia —que alguien había dejado en el proyecto— y me lancé a la aventura. Así comenzó mi pasión por viajar sola.


2. Cuando llegas a un lugar nuevo, sin conocer a nadie, ¿qué pasa por tu mente? ¿Qué se siente abrirse a lo desconocido?

En el pasado, muchas veces me pregunté: “¿Qué hago aquí sola?”. Pero esa sensación duraba apenas unos minutos. Sentía un nudo en el estómago, mezcla de nervios, duda e ilusión. Y al final, solo quedaba la ilusión.

Ahora es diferente: viajo con más confianza y tranquilidad. Supongo que una se acostumbra, y además siempre confío en que habrá gente bonita a la que conocer.


3. A lo largo de todos estos viajes, seguro que has tenido momentos intensos. ¿Hay alguna experiencia en particular que sientas que te marcó profundamente?

La mayor parte del tiempo parece que no ocurre nada extraordinario, pero cuando miro hacia atrás, veo cuánto he cambiado.

Creo que lo que más me ha marcado ha sido conocer a personas en situaciones de gran vulnerabilidad. Eso me hizo darme cuenta de lo privilegiada que soy. Incluso, a veces, sentí vergüenza por ello, por tener una vida tan cómoda.

Un ejemplo muy claro lo viví en una comunidad rural de Senegal, conviviendo con un grupo de mujeres. Observar su rutina diaria me hizo sentir muy pequeña: madrugaban muchísimo, cuidaban a familias extensas, cocinaban, lavaban, trabajaban de sol a sol y cargaban agua en barreños sobre sus cabezas. Yo, que me consideraba una mujer empoderada, me di cuenta de que no estaba preparada para una vida así.

También soy consciente de que mis circunstancias podrían cambiar en cualquier momento.


4. Viajar sola no es lo mismo que viajar en compañía. ¿De qué manera crees que estas experiencias han cambiado la forma en que te entiendes a ti misma y cómo te ves como mujer?

Para mí, viajar sola es una sensación de libertad total. No depender de nadie más que de mí misma y decidir a dónde voy, cómo, cuándo, qué como y dónde duermo. Ser autónoma es maravilloso.
Crecí escuchando frases como “ten cuidado” o “no salgas sola”. Viajar rompió con eso. Claro que me cuido y escucho mucho a la gente local para saber si me estoy arriesgando innecesariamente, pero puedo elegir, y eso lo cambia todo.

A veces pienso que mis abuelas no tuvieron ese privilegio. Incluso hace unas décadas, para abrir una cuenta bancaria necesitaban el permiso de sus maridos. Viajar solas era impensable. Por eso reflexiono sobre todo lo que hemos avanzado las mujeres a lo largo de la historia y en la importancia de seguir defendiendo nuestra libertad para elegir y vivir tranquilas.

Puerto Río Tranquilo, Catedral de Mármol, Chile.




5. Has conocido muchísima gente en el camino. ¿Qué te han dejado esas personas? ¿Alguna amistad o historia que te haya transformado?

Hay viajes en los que no conocí a mucha gente, tal vez porque no me sentía con ganas de socializar. Pero en otros, encontré a muchas personas generosas, amables y dispuestas a sumar a mi vida. Algunas amistades aún permanecen, otras pasaron de largo, pero las recuerdo con cariño.

Recuerdo especialmente a una chica que conocí en Bolivia, viajando sola durante un año. Ese era mi sueño desde la adolescencia, pero siempre encontraba una excusa para no dar el paso. Ella me dijo algo que cambió mi manera de pensar:

“Depende de dónde pongas el foco en tu vida. Si lo pones en echar raíces, será difícil viajar durante meses. Pero si lo pones en tu ilusión por viajar, todo cambiará. Yo estuve ocho años trabajando y ahorrando para este viaje, y aquí estoy.”

Catorce meses después de esa conversación, yo comenzaba mi propio viaje de ocho meses por Latinoamérica.


6. Sé que estás escribiendo un libro. ¿De qué trata y qué quieres compartir con los lectores a través de esas páginas?

En realidad, ahora no estoy escribiendo, pero tengo dos libros publicados. El primero, Yo también viajo sola, habla de mis primeros viajes en solitario, desde aquel en Bolivia hasta otros en distintos lugares del mundo. Con él quería animar, sobre todo a las mujeres, a viajar solas.

El segundo libro, Mientras siga viva, continúa relatando mis viajes, pero con un enfoque más reflexivo, mostrando cómo viajar me ha transformado y cómo, a la vez, he cambiado mi manera de hacerlo.


7. Imagino que no todo es viajar: vuelves a España, trabajas, retomas tu vida “normal”. ¿Cómo es para ti ese equilibrio entre la rutina y la aventura?

Siempre me cuesta regresar a casa. Hay una parte de mí que haría solo una breve visita a la familia y amistades y seguiría viajando.

Después de mi viaje de ocho meses, entendí que se habla mucho de las maravillas de viajar, pero poco de lo que ocurre al volver. Pasar de estar recorriendo el mundo a regresar a la rutina no es fácil. Todos esperan que sigas siendo la misma y que hagas las mismas cosas de siempre.

Cuando llegué, tenía tantas historias para contar que no sabía por dónde empezar. Así que terminé contando poco. Ahora entiendo que mis vivencias no son más importantes que las de quienes permanecieron en casa. Pero dentro de mí, todavía hay una parte que se resiste a aceptar que ese viaje terminó.

Laguna 69, Huaraz. Perú.




8. Y para cerrar: cuando piensas en el futuro, ¿qué destinos sueñas con explorar y qué esperas encontrar en ellos?

Me encantaría tener varias vidas para poder recorrer todo el planeta sin prisa, antes de que lo destruyamos del todo. Pero, por concretar, tengo muchas ganas de conocer Laos.

Me lo imagino como un lugar de vida pausada, lleno de rincones aún inexplorados y de una cultura que me inspire paz. Quizás es por una foto que vi hace años: unos monjes caminando delante de un templo. Supongo que tendré que ir y descubrir si la paz que imagino realmente existe allí.

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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