Por Gabriel Otero.
Ella tuvo el detalle
de guardar mis anhelos
en aquel joyero de porcelana.
Se quedó
con los humores de mi corazón
para cobijarse del sereno.
Se quedó
con la sangre de mi entraña
para así decir que soy de ella.
Y no, no es un secreto,
su resuello es el motivo
para no perderme en jirones.
Sus ojos son las alas
de mi horizonte
que se queda.
Sus manos son la vida
que me esculpe
y me inventa.


