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jueves, 29 de julio del 2021

Verano de una calurosa tarde de julio

"Estoy en Praga, tomo el metro hasta la estación Pavlova, desde ahí­ camino 15 minutos por la ciudad hasta la calle Kremenkova. Encuentro la famosa taberna en donde Roque escribió uno de sus más célebres libros"¦"

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El bus que sale de Hanover hacia Praga lleva una hora de retraso, la famosa puntualidad Alemana sucumbe ante lo imprevisto del tráfico de las carreteras. En la maleta de mano, un libro me acompaña: Taberna y otros lugares.

Hace calor y el camino es largo, duermo profundamente y tengo una serie sueños agradables que al despertar por desdicha ya no recuerdo bien.

Despierto y leo

“Paí­s mí­o no existes

Solo eres una mala silueta mí­a

Una palabra que le creí­ al enemigo

“¦”¦”¦”¦”¦”¦

Nadie te necesita

No se oye hablar a ninguna madre de ti”

Reflexiono.

Busco inspiración, emprendo este viaje con la esperanza de poder conectar de algún modo con este escritor nuestro, mi viejo héroe de adolescencia, quiero conocer mejor al artista y hombre, culpable de muchos ataques de risa y parcialmente culpable también, de aquel periodo de ateí­smo que transite por dos semanas a los 17 años y que tuve que abortar tras tres intentos de asesinato seguidos; en El Salvador toda fábula es posible, crealo usted o no.

Alabado sea el señor.

Decido hacer una lista de mis poemas favoritos del libro, estos son los siguientes:

27 años, la mano segura de Dios, OEA, buscandome lios, Samantha”¦

Cruzamos  la frontera, apenas y me doy cuenta por un pequeño rótulo a la orilla de la autopista. De pronto el terreno se vuelve ligeramente más montañoso, las casas de campo se ven también más modestas y grises. Parece que por acá pasó el ejército rojo, es el primer pensamiento que se me viene a la mente.

Amanece y es un nuevo dí­a

Estoy en Praga, tomo el metro hasta la estación Pavlova, desde ahí­ camino 15 minutos por  la  ciudad hasta la calle Kremenkova. Encuentro la famosa taberna en donde Roque escribió uno de sus más célebres libros. El U-Fleku es un viejo bar que aún conserva una rica e interesante atmósfera renacentista. “Lugar que fue patio de reyes” en palabras de Dalton. En la fachada unas  elegantes banderas nos avisan que estamos por entrar a un local que fue  fundado en 1499, al cruzar el vestí­bulo el cliente puede elegir si sentarse en alguno de los tres salones cerrados en donde mesas de maciza  madera se despliegan a plenitud. Es posible también cruzar el pequeño patio remozado de hermosos adornos medievales en la fachada,desde donde se puede apreciar, una bella terraza floreada. Al fondo se abre  un  tí­pico “Biergarten” al buen estilo Germano, bajo los castaños de este dí­a fresco, meseros sirven lo que es la especialidad de la casa: cerveza  negra, que se produce acá mismo de forma artesanal.

Estoy contento y abro al azar el libro de Roque:

¿El socialismo? No está mal: aun los más pobres tenemos tostadores de pan, televisor, medias francesas, buenos zapatos, ropas de moda recién pasada en parí­s, vacaciones pagadas”¦..lo único malo es que todo ello es mejor en Alemania occidental.

Tengo hambre y este dí­a quiero comer como persona decente, para celebrar. Pido un plato que trae salchichas horneadas con cebollas, pan, mostaza y kétchup, he querido comer algo local, pero en esencia me he comido un Bratwurst.

Noto que en todo el local no hay ningún tipo de referencia ni placa conmemorativa para el escritor. Me pregunto si serí­a lo mismo si hubiera sido un James Joyce, un Umberto Eco o un Edgar Allan Poe. Pienso que en parte, el problema de nuestra sociedad es que no pensamos en grande, como si nos costara levantar en alto las banderas de los nuestros. Me hago la promesa silenciosa de lograr al menos un dí­a, colgar una foto del poeta en el local. Ya veremos, quizás no sea fácil, los Checos están bien traumados con los eventos del 68. Habrí­a que negociar.

Mi aventura de hoy está a punto de concluir, el telón literario avanza lentamente en sentido descendente. No sé cómo terminar esta pequeña narración”¦”¦.Es sobre Roque y mi intento de seguir de algún modo sus huellas, como aquel dí­a de la madre en que visite y conocí­ en el Vedado de La Habana a Aida, su viuda y fiel compañera.

Roque para mi representa lo más puro del ser Salvadoreño, la ironí­a, agudeza intelectual y el humor de su obra estará ahí­ por siempre, para entretener, deleitar y hacer pensar y reflexionar a todas las generaciones de compatriotas que algun dia de algún modo u otro se cruzaran con su obra.

Yo mismo me encuentro ahora lejos de la patria, quizás la mejor forma de concluir el artí­culo de un poeta sea, creando poesí­a, aquí­ mi aporte:

En las lejaní­as del otro lado del mar

Pienso en ti patria mí­a

Herida y curada con ungí¼entos e inciensos

De caoba es tu altar

Y de espinas tu corona

Tu que has visto a tantos de tus hijos partir

Algunos quedaron con la vista perdida

Mirando al cielo con labios secos

Como quien espera un beso de lluvia o rocí­o

Y no el desdén de un triste matorral

O de las serpientes que custodian

Las largas fronteras

Entre los que viven

Y los que están medio muertos

Y desde hace mucho tiempo atrás

Se mueren de sed.

Y ahora parafraseando a Roque: creo que he bebido mucho.

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