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miércoles, 3 junio 2026

Una historia y un abrazo contra la ingratitud y el olvido

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Por Juana Ramírez de Pinkas

Caminaba hacia el supermercado, cuando la vi venir, tan frágil y ancianita pero muy erguida, cuando me acerqué la saludé con mucho cariño, y le pregunté ¿Cómo ha estado doña Rosita?, muy bien me dijo, con los problemas propios de la vejez… yo la miré  y le pregunté  ¿ y sus hijos?, mirándome contestó , en el norte, (EEUU) ya sabe, a ganar pisto  para los cipotes, pero ya se olvidaron de mí , vivo en un cuarto que me hicieron los vecinos de buen corazón… y le pregunto ¿y sus nietos?

– La más tierna salió embarazada, ya se acompañó, responde.

-Los demás a saber dónde andan.

– ¿Cómo hace solita para vivir?

– Aaah Dios es bueno, no me desampara, ahorita voy a planchar, gano  mi pistillo y tengo para las tortillas, el café y el queso, suficiente a mi edad.

– La miro y la abrazo, con toda la ternura de mi corazón, le pongo en su manito arrugada por los años y el trabajo, algo que le ayude y me despido.

– Ella me mira con sus ojos con lágrimas, pero sonríe y me dice púchica niña Juanita hacía tiempo que no me abrazaban, me ha hecho bien su abrazo y agrega, primero Dios que todo vaya bien para usted, espero verla de nuevo.

-La veo alejarse sonriéndole a la vida.  Y yo continúo mi camino con los ojos húmedos, tratando de sonreír. No tiene nada y lo tiene todo. Se llama valentía frente a la adversidad, son seres humildes que nos dan lecciones de vida.

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Juana Ramírez de Pinkas
Juana Ramírez de Pinkas
Juana Ramírez de Pinkas, chilena residente de El Salvador; promotora cultural y productora de noticias para cadena internacional SICAC. Colaboradora de ContraPunto

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