Por Alonso Rosales, analista internacional
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que está considerando reducir las operaciones militares contra Irán, en medio de un contexto de creciente tensión en la región. Sin embargo, desde Teherán la respuesta ha sido de escepticismo total: autoridades iraníes aseguran que no creen en sus palabras y las interpretan como una estrategia engañosa, especialmente porque Washington continúa reforzando su presencia militar con el envío de más personal y buques de guerra a la zona.
Esta aparente contradicción entre el discurso y las acciones alimenta la desconfianza. Mientras se habla de desescalada, los movimientos militares sugieren lo contrario, lo que para Irán confirma que no existe una intención real de reducir las tensiones.
Trump autoriza venta de Crudo iraní para bajar el precio del petróleo
En paralelo, Trump anunció que ha autorizado la venta de crudo iraní en un intento por estabilizar los mercados energéticos globales, cuyos precios han registrado fuertes alzas en las últimas semanas. La medida busca aliviar la presión sobre las economías internacionales, altamente sensibles a cualquier alteración en el suministro de petróleo.
Otro punto clave en sus declaraciones fue su postura sobre el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, por donde transita cerca del 20% del petróleo y gas global. Trump señaló que la vigilancia y control de esta vía no debería recaer en Estados Unidos, sino en los países que realmente la utilizan. Con esto, marca un distanciamiento respecto al tradicional rol estadounidense como garante de seguridad en la zona.
Según su visión, Estados Unidos estaría cerca de alcanzar ciertos objetivos estratégicos, lo que explicaría su intención de reducir su implicación directa en el conflicto con Irán.
Un cambio geopolítico en marcha
Más allá de los hechos inmediatos, el conflicto está evidenciando transformaciones profundas en el sistema internacional. El analista Fyodor Lukianov sostiene que la actual crisis refleja el debilitamiento del modelo de alianzas basado en el “clientelismo”, predominante durante la Guerra Fría y las décadas posteriores.
Este sistema se sustentaba en una lógica clara: las grandes potencias ofrecían protección, mientras que los países más pequeños respondían con lealtad. En Occidente, además, esta relación estaba reforzada por un componente ideológico vinculado a valores compartidos.
Sin embargo, según Lukianov, ese esquema se está erosionando. Tras la caída de la Unión Soviética, muchas alianzas perdieron cohesión, manteniéndose solo por inercia o conveniencia. Con el tiempo, incluso el concepto de “asociación estratégica” se ha vaciado de contenido real.
En este contexto, la actual confrontación —marcada por la acción conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán— podría acelerar ese cambio estructural. A diferencia de episodios anteriores, como la invasión de Irak en 2003, esta vez Washington no solo genera controversia, sino que también podría estar debilitando la seguridad que tradicionalmente garantizaba.
Tensiones con aliados y riesgos a largo plazo
Otro elemento clave es la relación con sus aliados. Trump ha criticado a países de la OTAN por evitar riesgos y mantenerse al margen del conflicto, lo que, según analistas, podría generar fracturas a largo plazo dentro de la alianza.
Aunque es probable que la cohesión de la OTAN se restablezca en el corto plazo, las consecuencias podrían ser duraderas. La percepción de que Estados Unidos actúa en función de sus propios intereses, sin asumir plenamente las responsabilidades de protector, podría empujar a otros países a replantear sus alianzas.
En el Golfo Pérsico, la situación es aún más delicada. La presencia de bases militares estadounidenses —establecidas desde la Guerra del Golfo de 1991— convierte a estos países en actores clave, pero también en posibles escenarios de escalada.
El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de fuerzas iraníes añade un elemento crítico a la crisis. La falta de respaldo internacional a la postura de Washington refleja, según Lukianov, un cambio de mentalidad global: el sistema tradicional de alianzas ya no funciona como antes.
En última instancia, el analista advierte que el “clientelismo” solo es sostenible si el protector cumple con sus obligaciones. De lo contrario, los países protegidos comenzarán a buscar alternativas, incluso si estas no son inmediatas ni evidentes. Como señala, “el goteo constante acaba por erosionar la piedra”, y en el escenario actual, ese desgaste ya es visible.
Fuentes: RT Noticias, Telemundo



