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viernes, 28 agosto 2026

Trump contra Irán: seis meses de guerra, miles de muertos y una economía mundial al límite

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Por Alonso Rosales

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán llega a seis meses convertida en un conflicto de consecuencias mucho más profundas de las que inicialmente anticipó la Casa Blanca. Lo que Donald Trump presentó como una operación militar que podía resolverse en cuestión de semanas se ha transformado en una confrontación prolongada, con miles de muertos, desplazamientos masivos, una crisis energética internacional y una creciente presión sobre las finanzas de Estados Unidos.

El dato que resume una parte de esta nueva realidad económica es contundente: la deuda nacional estadounidense ya superó los US$40 billones, un récord histórico que coloca a la principal potencia económica mundial frente a uno de sus mayores desafíos fiscales. Reuters informó que la deuda estadounidense cruzó por primera vez esa barrera el 19 de agosto y que los pagos de intereses ya superan el gasto de Medicare y se encuentran entre las mayores partidas del presupuesto federal.

La guerra con Irán no es la única responsable de ese endeudamiento. El crecimiento de la deuda es resultado de décadas de déficits, gastos extraordinarios durante la pandemia, mayores pagos de intereses y desequilibrios estructurales entre ingresos y gastos. Sin embargo, el conflicto añade una nueva presión sobre unas cuentas públicas que ya se encuentran bajo tensión.

Una guerra que no termina

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva contra Irán con el argumento de impedir que Teherán desarrollara armamento nuclear. Seis meses después, el conflicto continúa sin una solución política definitiva.

De acuerdo con el balance citado por France 24, más de 3.400 personas han muerto en Irán, mientras que en Líbano las víctimas superan las 4.000. También se contabilizan muertos en Israel y al menos 17 militares estadounidenses.

La guerra provocó además un enorme desplazamiento de población. Millones de iraníes abandonaron temporalmente sus hogares y cientos de miles de libaneses también fueron desplazados por los ataques.

Pero la dimensión humana es solamente una parte de la crisis.

El conflicto ha convertido al estrecho de Ormuz en uno de los principales focos de preocupación de la economía internacional.

Ormuz: el cuello de botella de la economía mundial

El estrecho de Ormuz es una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Por allí circula una parte fundamental del petróleo y del gas que abastecen a los mercados internacionales.

El cierre y las restricciones al tránsito provocados por la guerra redujeron drásticamente el movimiento de barcos. Según los datos citados por France 24, durante el último fin de semana de agosto apenas unos 20 buques atravesaron el estrecho, alrededor de un 90 % menos de lo habitual.

El efecto se trasladó rápidamente al precio de la energía.

Reuters señala que la guerra y las interrupciones en diferentes zonas productoras han llevado a que aproximadamente 43 % de la producción mundial de petróleo, unos 45 millones de barriles diarios, proceda actualmente de regiones afectadas por conflictos o graves interrupciones.

La consecuencia es una combinación particularmente peligrosa: petróleo caro, inflación elevada y mayores costos de transporte y producción.

Y Estados Unidos no queda aislado de ese problema.

La deuda de US$40 billones: el otro frente de Trump

La economía estadounidense enfrenta ahora una guerra exterior mientras intenta administrar una deuda pública que acaba de superar los US$40 billones.

Reuters calcula que aproximadamente US$32,3 billones corresponden a deuda en manos del público y otros US$7,8 billones a obligaciones intragubernamentales. La deuda se ha más que duplicado desde 2017.

El problema no es solamente el tamaño de la deuda, sino el costo de financiarla.

Los intereses que paga el Gobierno federal han aumentado de manera considerable y ya representan alrededor del 3 % del PIB. Reuters advierte que el gasto en intereses se ha convertido en una de las principales cargas presupuestarias del Gobierno estadounidense.

Esto significa que Washington necesita pedir prestado cada vez más dinero para financiar sus obligaciones, mientras debe pagar tasas de interés más elevadas.

Es una dinámica que puede convertirse en un círculo difícil de romper:

más deuda → más intereses → mayor déficit → más endeudamiento.

La guerra puede profundizar esa presión si aumenta el gasto militar y simultáneamente reduce el crecimiento económico mediante inflación y mayores costos energéticos.

El costo militar también pesa

La Administración Trump no solamente enfrenta el costo económico de la energía. También debe financiar una operación militar prolongada.

Reuters informó que dentro de las necesidades presupuestarias de la Administración se contempla un paquete de aproximadamente US$87.000 millones relacionado con la guerra con Irán, en un contexto en el que el déficit presupuestario estadounidense supera el 6 % del PIB.

El problema para Washington es que el país ya arrastra un volumen extraordinario de obligaciones.

El Departamento del Tesoro estimó en agosto que durante el trimestre julio-septiembre necesitaría captar US$739.000 millones de deuda negociable en manos privadas, US$68.000 millones más que la estimación realizada en mayo. Para el trimestre octubre-diciembre, el Tesoro prevé otros US$628.000 millones de endeudamiento neto.

La guerra, por tanto, llega en un momento particularmente incómodo para las finanzas estadounidenses.

Petróleo caro, inflación y presión sobre los consumidores

El cierre de Ormuz tiene un efecto que llega directamente a los hogares.

Cuando aumenta el precio del petróleo, sube el costo de producir electricidad, transportar mercancías, fabricar productos y movilizar personas. La gasolina se encarece y posteriormente aparecen presiones sobre los alimentos y otros bienes.

Michael Shifter, expresidente de Diálogo Interamericano, citado por France 24, considera que la población estadounidense se encuentra desconcertada y crítica ante una guerra que contradice parte del discurso político con el que Trump llegó al poder.

La situación puede resultar especialmente delicada para la Casa Blanca porque la guerra coincide con otros factores inflacionarios y con los efectos de los aranceles.

Reuters informó además que los mercados financieros están observando con preocupación el aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, mientras el Gobierno intenta reducir los costos de financiamiento.

Una estrategia contradictoria

Uno de los mayores problemas políticos de Trump es la inconsistencia de sus mensajes.

En marzo aseguró que la operación estaba prácticamente terminada. En abril habló de una “victoria total”. En mayo comunicó al Congreso el final de las hostilidades directas.

Sin embargo, seis meses después, la crisis continúa.

El estrecho de Ormuz sigue gravemente afectado, las negociaciones no han producido un acuerdo definitivo y la economía internacional continúa absorbiendo el impacto del conflicto.

Para el analista Ezequiel Kopel, citado por France 24, esta sucesión de mensajes ha erosionado la credibilidad de Washington. La Casa Blanca parece apostar todavía por la presión económica para obligar a Teherán a ceder, mientras Irán intenta demostrar que puede mantener su capacidad de resistencia.

El resultado es un peligroso empate estratégico.

Dos países que pierden

Irán enfrenta una economía cada vez más debilitada, destrucción de infraestructura, aislamiento financiero y una enorme presión militar.

Estados Unidos, en cambio, enfrenta un problema diferente: el costo de mantener una guerra mientras su deuda pública supera los US$40 billones, el déficit permanece elevado y los intereses de la deuda consumen una porción creciente de los recursos federales.

El Gobierno estadounidense conserva una ventaja fundamental: el dólar continúa siendo la principal moneda de reserva internacional y los bonos del Tesoro siguen siendo considerados activos de referencia. Pero esa posición no elimina el problema fiscal.

Reuters advierte que la combinación de deuda elevada, déficits persistentes y mayores rendimientos de los bonos está aumentando las dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas estadounidenses.

Una guerra con consecuencias electorales

El conflicto también puede convertirse en un problema electoral para Trump.

La inflación, el precio de la gasolina, las tasas de interés y la percepción de una guerra sin una salida clara pueden terminar afectando directamente al electorado.

El expresidente del Diálogo Interamericano Michael Shifter considera que la guerra ha sido un “mal cálculo” de la Administración Trump y anticipa consecuencias políticas para los republicanos en las elecciones de medio mandato de noviembre.

La pregunta central ya no es solamente si Trump puede derrotar militarmente a Irán.

La pregunta es cuánto puede costarle a Estados Unidos mantener una guerra prolongada mientras su deuda supera los US$40 billones.

La historia reciente demuestra que las guerras pueden ganarse en el campo militar y, al mismo tiempo, convertirse en derrotas económicas y políticas.

Seis meses después de iniciada la ofensiva contra Irán, Estados Unidos enfrenta precisamente ese riesgo: una guerra sin desenlace, un mercado energético bajo presión, una inflación persistente y una deuda pública que ha alcanzado una cifra que parecía impensable hace apenas algunos años.

US$40 billones de deuda no son solamente una cifra contable. Son una advertencia sobre el margen que todavía tiene Washington para financiar nuevas guerras, sostener sus programas internos y responder a futuras crisis sin trasladar una factura cada vez mayor a las próximas generaciones.

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