Por Alonso Rosales | Analista internacional
Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump volvieron a encender las alarmas en América Latina, luego de que afirmara que “claro que lo haría” cuando se le preguntó si extendería operaciones militares estadounidenses dentro de México y Colombia en el marco de su autodenominada cruzada contra el narcotráfico.
Durante la entrevista con Politico, Trump insistió en que impulsa una “agenda de paz”, pero acto seguido aseguró que estaría dispuesto a atacar objetivos en el territorio de países aliados si considera que “permiten” actividades del crimen organizado.
La afirmación —explícita, directa y sin matices diplomáticos— cayó como una bomba política en la región y provocó reacciones inmediatas de de México y Colombia, quienes rechazaron rotundamente cualquier intromisión militar en su soberanía.
Reacciones desde México: “México no acepta amenazas ni intervenciones”
El Gobierno mexicano respondió con dureza. La presidenta afirmó que México “no permitirá operaciones militares extranjeras bajo ningún pretexto”, recordando que ninguna estrategia de seguridad puede construirse “violando fronteras ni despreciando la cooperación bilateral”.
El comunicado oficial subrayó que:
- México ha entregado a EE. UU. múltiples capos solicitados por extradición.
- Las mayores redes de lavado de dinero operan en bancos estadounidenses.
- El consumo interno en EE. UU. es la causa estructural del mercado criminal.
Además, calificaron de “retórica electoral peligrosa” las amenazas de Trump y señalaron que una incursión militar significaría “un acto hostil contra un socio estratégico”.
Colombia: “No aceptamos que se nos trate como un país enemigo”
Desde Bogotá, el presidente Petro de Colombia condenó la postura de Trump y afirmó que “Colombia no aceptará jamás una intervención militar extranjera”, recordando que ambos países mantienen una cooperación antidrogas activa desde hace décadas.
En su declaración, el Gobierno colombiano resaltó que:
- La erradicación de coca se ha incrementado con apoyo estadounidense.
- Colombia ha sido el aliado más estable de Washington en la región.
- Amenazar con ataques militares “solo destruye la confianza”.
Incluso sectores conservadores tradicionalmente cercanos a Washington señalaron que Trump busca “convertir a Colombia en un enemigo imaginario para justificar su agenda militar”.
La doble moral: entre indultos a narcotraficantes y discursos de guerra
Las amenazas de Trump contrastan con sus propias decisiones recientes dentro de EE. UU., donde ha indultado o conmutado sentencias de figuras vinculadas al narcotráfico, incluidos personajes cercanos a su círculo político.
Analistas subrayan esta contradicción:
- Indulta narcos en EE. UU., alegando “injusticias procesales”.
- Ataca a narcos latinoamericanos, acusando gobiernos enteros de complicidad.
- Promete paz, mientras despliega flotas navales en el Caribe y el Pacífico.
Esta doble moral refuerza la percepción de que la “guerra antidrogas” de Trump se usa como herramienta política y geoestratégica, no como una política coherente de seguridad hemisférica.
Militarización creciente de EE. UU. en la región
Las declaraciones llegan en un contexto donde Washington ha:
- Intensificado patrullajes navales cerca de Venezuela, Colombia y Centroamérica.
- Autorizado ataques contra supuestas narcolanchas.
- Amenazado con “acciones quirúrgicas” en territorio extranjero.
Esto ha generado preocupación en múltiples capitales latinoamericanas, que ven un patrón: Trump está ensayando un nuevo modelo de intervención, basado en la narrativa del narcotráfico como pretexto para acciones militares.
una crisis diplomática en construcción
Las palabras del presidente estadounidense no solo tensan la relación con México y Colombia, sino que abren un precedente peligroso: normalizar la idea de incursiones militares unilaterales en América Latina.
Mientras tanto, los gobiernos de la región, incluso algunos tradicionalmente aliados de Washington, han comenzado a cerrar filas en defensa de su soberanía.
Quizá lo más llamativo es que Trump exige mano dura en Latinoamérica mientras perdona criminales en su propio país, una contradicción que deja al descubierto el carácter político —más que de seguridad— de su retórica.
La región se enfrenta, nuevamente, al desafío de contener las ambiciones militares de Washington, sin romper los canales de cooperación necesarios para enfrentar al crimen transnacional.


