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martes, 27 de julio del 2021

Sistiaga, una loca historia vasca en el Festival de la Memoria de México

La obra tejida sobre su propio modelo de fabricación, es una muestra del cine independiente que navega "entre los vientos de la adversidad, a punta de talento y paciencia"

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CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) “” El filme "Sistiaga, una historia vasca", del director salvadoreño Manuel Sorto, debutó en el Festival de la Memoria Documental Iberoamericano de México, sobre el artista plástico y cineasta emblema del insólito "cine directo", o "cine bruto", pintado a mano sobre celuloide.

La obra tejida sobre su propio modelo de fabricación, es una muestra del cine independiente que navega "entre los vientos de la adversidad, a punta de talento y paciencia", dice a Sputnik Sorto, cineasta, poeta, escritor, dibujante y hombre de teatro, a quien el exilio lo ha llevado a vivir en Guatemala, México y Francia, en Bayona, Paí­s Vasco, donde ahora reside.  El esmero de José Antonio Sistiaga está reservado para apasionados "con una gran carga de locura, un camino de creación empedrado de obstáculos, con la única compensación de momentos plenos de gran exaltación", define el director.

Ese festival celebrado en la colonial y turí­stica Cuernavaca representa una faceta del cine alejada de las pretensiones del cine industrial del "mainstream".

"Se me ocurrió hacer la pelí­cula de un pintor que proyecta su obra porque conocí­ a Sistiaga, desde que yo trabajaba como responsable de prensa en el festival de cine latinoamericano de Biarritz, entonces me habló de las pelí­culas que él pintaba a mano sobre el celuloide", dice Sorto, tanbién co-productor de la obra.

En aquella época, Sorto trabajaba para el cineasta Pierre-Henri Deleau, director de ese festival francés, y de otros célebres como el de la Quinzaine des Réalisateurs de Cannes, durante décadas.

Locura de artista

 En esa atmósfera, a Sorto le despertó curiosidad y se fue a conocer el taller del singular artista vasco, nacido en Donosti, hace 84 años.

"Allí­ lo vi trabajar y comprendí­ su increí­ble procedimiento creativo: se necesitan 24 cuadros para lograr un segundo de proyección, y cada fotograma es como una obra de arte en miniatura, en aquella época habí­a solo tres personas en todo el mundo que lo hací­an".

Hacia 1993, aparecieron unos ocho segundos de su última pelí­cula, que impresionaron en la alta atmósfera del cine, "entonces me pareció que estaba loco, llevaba dos años pintado los fotogramas, pensé que debí­a hacer algo con él". Para lograrlo pasaron más de dos décadas. 

Una vez que Sistiaga explicó su procedimiento creativo, Sorto “”un veterano cineasta que ha logrado galardones en los albores del festival del cine latinoamericano de La Habana”” se dio cuenta del desafí­o desmedido. "Comprendimos que hací­a cine sin cámara, pintando sobre el negativo virgen, velados con la luz, material que no se puede usar en cámara porque la emulsión anula las impresiones de luz", explica desde Bayona, Francia a Sputnik Camilo Sorto Cazaux, hijo del cineasta, ahora convertido a sus 30 años en editor de la obra, co-guionista, junto con el co-productor Xabi Hiriart.

El fastidioso procedimiento no solo es laborioso sino complejo: "Sistiaga se obliga a pintar en negativo, por ejemplo, para lograr rojo tiene que pintar en azul y luego se revela en laboratorio" explica el cineasta. La gigantomaquia es tal que la versión de 1992 de un film sobre el sol no la ha terminado, y lleva más de 20 años trabajando en ella: "el sol lo pinta sobre todos los fotogramas, y lo pinta en negativo".

Una imagen fija y dinámica

El largometraje Ere erera baleibu izik subua aruaren de Sistiaga dura una hora y cuarto, no emplea bandas sonoras y es la imagen fija la que se mueve: "no es aconsejable a los epilépticos porque la pantalla parpadea cientos de veces", explica el guionista.

De manera que se trata de artes plásticas llevadas a técnicas cinematográficas sin cámara ni micrófonos, "utiliza el celuloide como materia prima, nada mecánico y todo a mano y en laboratorio"

Un largometraje pintado a mano "es una factura que no hay en el mundo, en su obra maestra de cine, pero ante todo Sistiaga es un artista plástico, un pintor".

Hacer cine documental sobre la obra y el personaje autor exigí­a mantenerse a esa altura: "nos hicimos amigos en San Sebastián, a 30 km de Bayona donde vivo, allí­ tuve ganas de hacer una pelí­cula sobre ese extraordinario artista vasco", relata Manuel Sorto. Entonces comenzó el tejido: "con una pequeña productora, la creación de un equipo, mi hijo Camilo y yo escribimos el guión, no es como el de una ficción, sino que se escribe a la hora de la edición, es cuando se decide la estructura".

"Lo único que habí­a eran unas tres lí­neas de navegación, como mapa de carretera para no perderte, y luego de encontrar las mejores lí­neas, buscas las bisagras que uno va escribiendo al mismo tiempo que se edita", explica a su turno Camilo Sorto-Cazaux.

Ese guión se escribió en el montaje, en 1993 fueron filmados 20 minutos, en aquella época Camilo tení­a siete años, hasta que en 2011 la idea renació.

La idea original se me habí­a olvidado “”confiesa Sorto””, tuve sueños de volver de Francia a El Salvador cuando la izquierda ganó por primera vez las elecciones en 2009, pero todo naufragó, entonces dejé de estar soñando y volví­ a ocuparme de mis asuntos, y desempolvé el proyecto Sistiaga". 

Antes del estreno internacional en México, una copia de trabajo de esa historia vasca fue ofrecida en el cine L’Atalante de Bayona y en las dos otras capitales del paí­s vasco norte “”Iparralde””, con buenas reacciones.

El director solo tení­a un temor: "no estar a la altura de la locura de Sistiaga".

La primera palabra salida de la boca del vasco en la proyección fue conmovedora: "¡Cojonuda!", exclamó Sistiaga.

*Texto originalmente publicado en: http://mundo.sputniknews.com/entrevistas/20160829/1063115954/mexico-cine-salvador.html

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