miércoles, 10 julio 2024
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Sistema de partidos políticos y subsistema electoral: una mirada a los cambios en el sistema de representación en El Salvador

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Con la reforma municipal actual, "se estaría deconstruyendo la tendencia multipartidista (...) y se inclinaría a la variante de un sistema unipartidista de tipo predominante": Walter Faoaga.

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Por Walter Fagoaga.

El 1º de junio, el ciudadano presidente de la república de El Salvador, Nayib Armando Bukele Ortez, presentó en su discurso a la nación en su 4° año de gobierno, tres iniciativas, las cuales vierte un particular sentido de cara a 2024 y especialmente, las relacionadas con la reestructuración de la administración del poder local y la reducción de diputados, en el caso de estos últimos, centraré este análisis sobre el tema de la representación desde los partidos políticos y el subsistema de elecciones.

Para iniciar, la reforma realizada se encuentra en un contexto preelectoral a casi siete meses de los comicios de 2024, lo cual pone a esta decisión en un fuerte punto de discusión, sobre todo, porque se está cambiando el subsistema de elección y al mismo tiempo, replanteándose el sistema político salvadoreño, lo cual augura una reconversión de la organización del poder y por supuesto, un replanteamiento para los partidos políticos y los candidatos a puestos de elección popular.

Parafraseando el anuncio del ciudadano presidente, decía: “quién quiere ser diputado que se gane los votos, convenciendo a la gente”, con esto evocó el principio de mayoría simple (acuñado entre otros por Juan Jacobo Rousseau) , el cual es una herencia de la revolución francesa y el parlamentarismo inglés, donde se esgrimió en sus inicios la idea que: “quien gana las elecciones es el que tiene más votos y”, por lo tanto, no existe distribución de votos más allá de quien los obtenga.

Por otra parte, está el principio de proporcionalidad, al cual se refiere John Stuart Mills, quien, valorando la obra de Alexis Tocqueville, sobre la “democracia en América”, plantea la idea de un voto representativo y proporcional que abocará la inclusión de las minorías, lo cual,  diversos países  han establecido como modelo para establecer sus sistemas políticos.

Ahora bien, la perspectiva más relevante durante mucho tiempo en materia de sistema de partidos políticos y el subsistema electoral, fue la del jurista y sociólogo francés Maurice Duverger, quien, a partir de su teoría sobre los partidos políticos, planteó dos formulaciones, que fueron llamadas “leyes de Duverger” y se enuncian así:

  1. El sistema de mayoría simples tiende al dualismo partidario (bipartidismo)
  2. El sistema de representación proporcional, o de mayoría obtenida después de una segunda vuelta, tiende al multipartidismo.

Aunque con el tiempo, surgieron varias críticas y el mismo Duverger reformuló sus planteamientos, pero mantuvo su idea principal donde enuncia: en un sistema a voto directo y de mayoría simple, tienden a crearse sistemas políticos tendientes al bipartidismo (método D’Hondt), mientras en los que se prevalece el voto por proporción, se constituyen sistema multipartidistas (método Hare).

Siguiendo la línea de Duverger y aportando otros elementos, el politólogo italiano Giovanni Sartori, reformuló las leyes y, además, consideró la idea de la construcción de tres grandes sistemas de partidos políticos y subsistemas dentro de estos, los cuales los distingue así:

Sin ser formuladas como “leyes”, sino más como tendencia con ciertas condiciones previas, Sartori plantea que los sistemas de partidos políticos derivan en tres formas: unipartidistas, bipartidistas y multipartidistas, y estos, a su vez, crean subsistemas donde las variables que rodean la definición, se encuentra ente la competencia y las características de la contradicción de la disputa del poder entre polaridad, bipolaridad y multipolaridad. 

            En América Latina en general y El Salvador en particular, el estudio del sistema político y los subsistemas electorales, no es una tarea fácil, porque el abordaje de estos, según las hipótesis tanto de Duverger como de Sartori, descansa en la existencia de sistemas democráticos que, aunque no perfectos, sí estables y con tiempo para valorarlo en cuanto a la conformación de los mismos.

            En El Salvador es posible identificar un abordaje más preciso sobre el sistema de partidos políticos a partir de la constitución de 1983, que es donde se comienza a fraguar una transición del autoritarismo militar a una democracia emergente.  

Tabla: Elecciones en El Salvador, 1985, 1988 y 1991

Como se muestra en la tabla anterior, en las elecciones de 1985 y 1988, se evidencia que la votación gira más entorno a  la primera ley de Duverger,  con una tendencia  bipartidista, pero a partir de 1991, con las reformas electorales y la incorporación de más diputados e incluyendo la discutida plancha nacional, el viraje es hacia la segunda ley, constituyéndose un multipartidismo, siempre con dos fuerzas principales que disputan el poder, pero acompañados de otros partidos que contendrán las claves del consenso parlamentario.

Con la reforma actual,  se estaría deconstruyendo la tendencia multipartidista y se orientaría hacia el bipartidismo, pero, con la evidencia que se tiene a nivel de los diversos instrumentos de medición de la opinión pública,  se inclinaría a la variante de un sistema unipartidista de tipo predominante, el cual siempre y cuando sostenga la competencia para aspirar al poder en otros comicios, se mantendría ahí; pero sí la tendencia va hacía la negación de la oposición política a acceder a la participación  al poder por la vía electoral, la tipología sería hegemónica.

 En el caso de configurar una tendencia bipartidista, solo sería posible bajo rupturas del bloque actual o divergencias en el electorado para la búsqueda de alternativas capaces de adecuarse a sus expectativas y reemplazar el consenso actual, lo cual de momento las posibilidades son remotas.

Por último, es necesario darles seguimiento a estos procesos, siendo que representarán el ocaso de una época política mas de la turbulenta historia salvadoreña, y que dará paso, a un periodo político que tendrá que ir legitimando su institucionalidad y sus signos distintivos, que marcarán las definiciones de sus fuerzas sociales, económicas e ideológicas que lo sostienen, y donde también, habrá que ir midiendo su evolución y el desarrollo ulterior de sus contradicciones.

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Walter Fagoaga
Walter Fagoaga
Sociólogo e investigador. Doctorando en educación superior por la Universidad de El Salvador. Actualmente Coordinador del Centro de Investigación Científica de la FMOcc-UES.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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