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miércoles, 27 de octubre del 2021

Si Nicaragua venció…

Durante la misa de domingo, a la cual pude asistir a pesar de mi opinión anterior, me dio mucho gusto escuchar al sacerdote pedir por la paz en Nicaragua. Y es que no comprendo por qué hay tanta indiferencia en El Salvador frente los atropellos y el sufrimiento de nuestros hermanos centroamericanos. Claro, sé que nuestro paí­s está plagado de problemas, pero esto no debe limitarnos porque la capacidad humana de mostrar solidaridad es infinita.

Dentro de las voces que sí­ se han pronunciado, resulta preocupante conocer las posturas extremistas. En El Salvador, la derecha partidaria aprovecha con entusiasmo la situación para atacar todo lo que se haga llamar de izquierda, antes que preocuparse genuinamente por la crisis humanitaria; mientras la izquierda partidaria defiende lo que se ha vuelto indefendible y considera enemigos a quienes lo critican. Pregunto: ¿Acaso no está la disciplina moral por encima de la disciplina partidaria?

Tres equipos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitaron Nicaragua entre el 17 y 21 de Mayo, escucharon cientos de testimonios y revisaron información documental y audiovisual de lo ocurrido desde el 18 de Abril, en el marco del estallido social detonado por una reforma a la seguridad social que ya está revertida. En su informe “condenaron enfáticamente” la muerte de al menos 76 personas (ahora se habla de 100), más de 800 heridos y 538 arrestos de estudiantes, civiles y defensores de derechos humanos; además encontraron evidencia de tortura, arrestos arbitrarios y censura a medios crí­ticos al gobierno.

En las últimas semanas la violencia ha aumentado, dejando pocas esperanzas de una pronta solución. El lí­mite de la locura sucedió este 30 de Mayo, cuando la inmensa marcha en el Dí­a de la Madre fue atacada por policí­as y “paramilitares” causando más pánico, muertos y heridos. Talvez el gobierno no sea responsable de toda la violencia, es lógico que los protestantes se defiendan, pero lo peor es que las estructuras represivas se hayan salido de control. Los Ortega calculan mal, por su ambición de poder solo están radicalizando a una población indignada que ha demostrado resistir a su estrategia de desgaste.

Si bien las protestas iniciaron como un estallido de hartazgo acumulado, la ciudadaní­a ha demostrado considerables niveles de organización. Los autoconvocados, con el apoyo de la Iglesia Católica, lograron un espacio en la Mesa de Negociación que inició solo con empresarios, aunque sin lograr resultados. Mientras tanto la empresa privada, no ha brindado el apoyo suficiente y se maneja cautelosa salvaguardando sus intereses.

El escenario nicaragüense es muy complejo, no pretendo analizar todas las aristas, simplemente quiero ejercer mi derecho a un pensamiento independiente. Es inconcebible ver en lo que han convertido el glorioso proceso de la revolución sandinista y darse cuenta de cómo la ambición de termina devorando todo principio y proyecto, hasta asemejarse a los opresores que tanto combatieron. Aquel lí­der que realmente ama a su paí­s, se aparta dignamente, cuando su permanencia es la causa del dolor y sufrimiento de su pueblo.

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