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sábado, 16 de octubre del 2021

Sangre y piedra: el cemento de otra sociedad en Colombia

Primero, aunque estas palabras no les devolverán la vida, no pueden ser olvidados porque eran personas comunes, trabajadoras, con sueños, con familia y ganas de gritar su desacuerdo con los asesinatos de la Policía nacional y quien quieta, también por las injusticias de Colombia. A Alexander Fonseca, Andrés Rodríguez, Julieth Ramírez, Freddy Mahecha, Germán Fuentes, Julián Gonzáles, Cristina Meneses, Marcela Zúñiga, Angie Vaquero, Jhonatan Meneses, Javier Ordoñez, a las víctimas de las masacres que arreciaron este año en otros territorios.

Para que un régimen dictatorial invierta más de la mitad del presupuesto nacional en la maquinara militar e inteligencia, es porque los negocios pactados entre sus miembros y el sector privado nacional e internacional deben ser muy grandes; desde la adjudicación, tenencia y amplitud de la tierra, el control y comercialización de bienes naturales, como el pago obligatorio del “servicio de salud”, préstamos bancarios, construcción de vías nacionales, hasta la misma compra de armamento y maquinaria aérea, terrestre y naval de las tropas, se mueven cantidades inmensas de plata que terminan en ambos bandos. Es decir, toda la sociedad conocida dentro del régimen dictatorial gira en torno al negocio privado, por ende, es inherente que se defienda de forma integral.

Ahora, la violencia estructural que se reproduce en los territorios, genera ella misma rechazo y movilización social, cuyo tratamiento también se da dentro de esa violencia estructural por medio de actores armados legales y no legales (paramilitares y mafias narcotraficantes) tensionando más los conflictos latentes entre la gente y las instituciones estatales. Vemos entonces jornadas de protestas masivas, violentas, espontaneas que van creciendo en diferentes ciudades y municipios a medida que se desarrollan, llevando consigo la rabia de la gente por las injusticias (masacres y asesinatos en este caso) que a su vez, revelan otras injusticias que tiene la gente guardada pero que solo en estallidos sociales las hacen publica, por ejemplo, la destrucción de bancos, vallas publicitarias de los partidos y miembros de la derecha, quema de buses y los clásicos mensajes con aerosol en las paredes de instituciones públicas y privadas ¿por qué? Porque estos objetivos son los causantes de las injusticias cotidianas de las comunidades, hacen que se acumule a diario rabia y estrés de parte de sus víctimas para luego expresarles todo ese odio por medio de la histórica forma de comunicación y movilización de los pueblos, la acción directa o protesta social.

Salen otros diciendo “esa no es la forma de protestar” “una cosa es protestar otra es dañar los bienes públicos” ¡cuánta alienación y derechización hay en esta postura! El espacio producido por el régimen dictatorial, es el espacio capitalista, sus instituciones, sus parques, calles, bancos, vallas, no fueron construidas bajo consenso comunitario, fueron impuestos dentro de la lógica de la acumulación de capital. Por eso atacan y asesinan las fuerzas militares y de Policía a la gente, no para defender una fachada o un muro, lo hacen para defender las relaciones de explotación que impulsó la construcción y sostenimiento de esos espacios capitalistas. Así como en Chile con las últimas jornadas de protesta que llenaron las calles, cuya esencia es pensarse una sociedad con otro marco político-económico que no sea el fundado por la dictadura de 1973, entonces en Colombia ¿cuál es ese modelo de sociedad que viaja en cada piedra lanzada?

A esta duda no la responde un programa esquemático de un partido o sindicato, tampoco la respuesta cae en el pliego unitario de sucesivas mesas del movimiento social convocadas desde el pasado 21 de Noviembre, estos dos ejemplos son apenas aportes valiosos a una respuesta que va más allá de estos sectores organizados de la sociedad. Otro aporte también vive en las protestas en sí de este mes, la misma gente está diciendo que no quieren bancos ladrones, sistemas de transporte indignos, desempleo, fuerzas policiales asesinas, hay que saber leer entre líneas las sugerencias que en la calle se tejen, porque los espacios que se reconstruyen en estas jornadas de movilización cosechan la sociedad nueva, incluso con la sangre inocente y digna.

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