Por Alonso Rosales
más de 20 países se reunirán en Washington, Estados Unidos este jueves 19 de febrero , en la primera cumbre de la llamada Junta de Paz impulsada por el presidente Donald Trump. La Casa Blanca ha confirmado que la cita se centrará inicialmente en el conflicto de Gaza, aunque sus ambiciones declaradas pretenden ir “más allá” de ese enclave palestino devastado por años de violencia.
La reunión, que se realizará en el Instituto de Paz de Washington —recientemente rebautizado con el nombre de Trump—, ha sido presentada por sus organizadores como un intento por impulsar la reconstrucción y un alto al fuego sostenible en Gaza. La administración estadounidense afirma que la Junta de Paz destinará miles de millones de dólares para esfuerzos humanitarios y reconstrucción, además de promover compromisos de fuerzas internacionales de estabilización.
Pero la realidad diplomática es mucho más compleja. Oscurecida por una narrativa de “paz” construida desde Washington, esta iniciativa ha generado profundas dudas y críticas en la comunidad internacional. La Junta no es un organismo multilateral tradicional, sino una creación impulsada desde la Casa Blanca con Trump como figura central, lo que plantea interrogantes sobre su legitimidad y su verdadera función geopolítica.
Organismos como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han mostrado abiertamente sus preocupaciones respecto al conflicto y sus ramificaciones, criticando la expansión del control israelí en Cisjordania como una amenaza a cualquier perspectiva de paz duradera y a una posible solución de dos estados. Algunos miembros del organismo califican tales políticas como violaciones al derecho internacional y alertan que podrían socavar esfuerzos serios de resolución pacífica.
Asimismo, varios países europeos han declinado participar en la iniciativa o han expresado reservas, argumentando que una entidad tan dominada por un solo liderazgo podría debilitar el papel de las Naciones Unidas y fragmentar los esfuerzos multilaterales tradicionales en favor de un enfoque más unilateral y politizado.
Para muchos críticos, la Junta de Paz no es más que un instrumento mediático que sirve para reforzar la agenda política del propio Trump y de sus apoyos más cercanos, más que una plataforma genuina para enfrentar las raíces profundas del conflicto israelo-palestino. En este sentido, la anexión progresiva de territorios palestinos en Cisjordania —denunciada por juristas y gobiernos como ilegal— sigue sin abordarse con la seriedad necesaria, mientras que la retórica oficial se centra en “asistencia” y “estabilización” bajo términos favorables a los intereses occidentales y alineados con Netanyahu.
Queda por verse si esta cumbre será recordada como un hito positivo hacia la paz en la región o simplemente como un nuevo capítulo en la larga historia de intervenciones políticas con nombres grandilocuentes y resultados inciertos.
Fuentes: El Siglo de Torreón, Europa Press, Spectrum Local News, Reuters y Associated Press.


