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martes, 26 de octubre del 2021

Otra vez: El endurecimiento de las penas

Nuevamente estamos en presencia de la utilización del endurecimiento de las penas como recurso para el combate a la delincuencia. Cincuenta y siete diputados aprobaron en la última plenaria reformas al Código Penal para aumentar las penas para quienes atenten contra agentes de la Policí­a Nacional Civil, elementos de la Fuerza Armada, miembros de la Fiscalí­a General de la República y de la Corte Suprema de Justicia, especí­ficamente contra jueces.

El presidente de la Asamblea Legislativa insiste en que se apruebe pena de muerte como disuasivo para pandilleros. Usando una retórica de populismo penal del tipo “Soy fiel creyente de que la única forma en la que un pandillero puede pagar por la muerte de un policí­a es con su vida”.  Realmente los criminales cuando cometen un homicidio no piensan en las penas que puedan tener

La expresión populismo penal es muy utilizada por polí­ticos oportunistas cuando hay problemas de inseguridad ciudadana; consiste en intentar calmar el malestar popular, por el incremento de la delincuencia, mediante apelaciones a que se apruebe la pena de muerte, el endurecimiento de penas y una serie de leyes que posteriormente, a la hora de su implementación, no tienen un impacto real en la prevención y disminución del delito.

Endurecer las penas no soluciona el problema de la criminalidad, está documentado en la experiencia internacional que no resulta ser un disuasivo del cometimiento de homicidios. Lo que realmente disuade la acción criminal es que haya efectividad en la investigación de la Fiscalí­a, una polí­tica adecuada de control y represión del delito, y una pronta y correcta aplicación de la justicia. La tasa de judicialización en el paí­s es baja y la de condenas por homicidio es bají­sima. En 2015 para el caso, la Fiscalí­a solo pudo procesar uno de cada 10 homicidios y condenar a uno por cada 80. Lo que realmente disuade la acción criminar es que haya efectividad en la acción de la Fiscalí­a y la PNC, que realmente disminuyan los í­ndices de impunidad.

 Naciones Unidas plantea que “las estrategias de prevención del delito bien planificadas no solo previenen el delito y la victimización, sino que también promueven la seguridad de la comunidad y contribuyen al desarrollo sostenible de los paí­ses”. En este sentido ofrecer una diversidad de medidas de polí­tica pública de prevención bien planificados sirve para que no se cometan delitos.

En una cosa estoy de acuerdo con el presidente de la Asamblea Legislativa:” Los alcaldes juegan papel fundamental en prevención de violencia. Estar cerca de la gente los vuelve importantes en combate a delincuencia”.

La inseguridad constituye la principal preocupación de la población y los municipios deben ser el centro de los programas y proyectos de prevención de violencia, ya que aunque el fenómeno delictivo y violento presenta patrones comunes, en cada realidad territorial se desarrollan caracterí­sticas y necesidades particulares que son mejor identificadas, comprendidas y resueltas desde una gestión liderada y coordinada por los actores del territorio y con el apoyo de las entidades nacionales.

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